Google

This is a digital copy of a book that was prcscrvod for gcncrations on library shclvcs bcforc it was carcfully scannod by Google as parí of a projcct

to make the world's books discoverablc onlinc.

It has survived long enough for the copyright to expire and the book to enter the public domain. A public domain book is one that was never subject

to copyright or whose legal copyright term has expired. Whether a book is in the public domain may vary country to country. Public domain books

are our gateways to the past, representing a wealth of history, culture and knowledge that's often difficult to discover.

Marks, notations and other maiginalia present in the original volume will appear in this file - a reminder of this book's long journcy from the

publisher to a library and finally to you.

Usage guidelines

Google is proud to partner with libraries to digitize public domain materials and make them widely accessible. Public domain books belong to the public and we are merely their custodians. Nevertheless, this work is expensive, so in order to keep providing this resource, we have taken steps to prcvcnt abuse by commercial parties, including placing lechnical restrictions on automated querying. We also ask that you:

+ Make non-commercial use of the files We designed Google Book Search for use by individuáis, and we request that you use these files for personal, non-commercial purposes.

+ Refrainfivm automated querying Do nol send automated queries of any sort to Google's system: If you are conducting research on machine translation, optical character recognition or other áreas where access to a laige amount of text is helpful, picase contact us. We encouragc the use of public domain materials for these purposes and may be able to help.

+ Maintain attributionTht GoogXt "watermark" you see on each file is essential for informingpcoplcabout this projcct and hclping them find additional materials through Google Book Search. Please do not remove it.

+ Keep it legal Whatever your use, remember that you are lesponsible for ensuring that what you are doing is legal. Do not assume that just because we believe a book is in the public domain for users in the United States, that the work is also in the public domain for users in other countries. Whether a book is still in copyright varies from country to country, and we can'l offer guidance on whether any specific use of any specific book is allowed. Please do not assume that a book's appearance in Google Book Search means it can be used in any manner anywhere in the world. Copyright infringement liabili^ can be quite severe.

About Google Book Search

Google's mission is to organizc the world's information and to make it univcrsally accessible and uscful. Google Book Search hclps rcadcrs discover the world's books while hclping authors and publishers rcach ncw audicnccs. You can search through the full icxi of this book on the web

at|http: //books. google .com/l

eooo4374eu

,r^FT^

JBIT-.

OLK-L0I(E

ANDALUZ

ÓRGANO DE LA SOCIEDAD DE ESTE NOMBRE

1882 A 1883

SEVIUL.A

FRANCISCO AI.VARKZ Y C*. EOrTORBS Tetuitu %4

^' "^ " "

EL FOLK-LORE ANDALUZ

<

Coii^lnrd lie W i^ñgitins en -1." y de |>n|H jr tipos semcjatild los del ('(tícmo número. J

£>U lU'victn. lirgauo <lc In HwÍmIuiI de dicho nombro, fc oci^ rA iiialcriii!- KoiHeiiltlas wt Is |i-im'>i-a »!« t»^ Oti^j» El Lore Eifiañoi:tf.to tiüfinra. ^-v ' .t.w..i.^ .>\ tslatlq

Sií (lublltari L-ii (oríua i'

So r''i ' ' t ' '•ri! Atida^

iusqan fV''i¡ I i^'vuinenit: tuf Q

P^ga i1b la íusiTirititi, iidi-liinlod». No seaertlrá nínipnL p qoe (10 su h3E3 3>^Qi(iiiuíidi)doUi <.'on ^u íuiturlB.

Para todo lo ri»fcreiile i los JiuriUis de la Din-caiiin j SíCTfl rU, vDt(i) dt! Iiliroi y (M-fiíidkot, iB»im%.:rÍ(ot, arUculiH, el^*., diri- ¡ine !t D. AutoDiolíiiulijiiii V AlvtnrE, Sr-creiafio da E\ Polk'ljjre AnMiii, ciillt- 0''t)iinDi'll. 22, Suviltu-

La convípuiiili'nriii reluliru A lu AdninblnicJon «Ib hUi Itensta, H díriutrá á b. Alfj.inJrD fiaichnt, rallí: Tuodosio, 09, ScTlUa. I

1.* lie Luifa obrs, ruUkiía A I:ik malurtas do iiuo bc iiciit>a ^..y. Bot i»Lii, dt- i|iii' H ri'iDttan do* ejeinirtaroi, w? Jara iiUüiila ba la Sw- *

liirÚD i caaooi-r, l<d saMCiioo rtMjrocUva.loJdS i|

n.,TlonfK ili! maltiríali-«. t)u.iiiulirimlenio<, |irü- 11

...ni,.,..-... ciú^ nilaitio» «I {itijelii « (Iiikc iM ,1

<L'mdade6iiDálit£aí, qav pür«u liii|i<ir- I

\f itivfsiigaHiirü y nece-

- r'Ti";. H nipjia A todQk L

'- Cib^ert jiñoncs 7 I

. ijup «iiroUnmente |

I i>li '^ l(M focioü itnu eo-

I .%iYi'>.fi cípiMbl, doíitiiinda

II U& pn'gniitai. y r<»|iueít3i

INTRODUCCIÓN

B palabra Folk-Lore es sajona y compuesta de las dos i Folk, que signilícii íjcnte, personas, género humano, , y Lore, que significa lección, doctiina. enseñanza, ~" 1, saber. La puliil)i';i FoU¿-Lore, por tanto, equivale ■n español llamaríamos el saber de las gentes, el «lar. [en hislórico de la palabra Folk-Lore se halla tan do como su valor etimológico, y merced al ilustre ide la Sociedad iiiglcüa, Mr.G. L.Gomme, podemos I perfectíimenle. La palabra Folk-Lore, en la acep- ' I hoy se empica en lodo el mundo culto, fué usada V vez en el número correspondiente al 22 de .^1846 del periódico The Athcneiim, por Ambrosio •f bajo cuyo seudónimo escribía por aquella fecha el ■> del Folk-Lore en Europa, Mr. William J. Thoms. ■eute, en la revista inglesa Notes and Queries, I la que actualmente diiige en Madrid el Sr. D. José ~"iii con el titulo de El Averiguador, propúsose por I ía formación de la Sociedad del Folk-Lore, es- n Londres el ano de 1878. í objeto de esta Sociedad hállase declarado en el primer ftulu Je sus estatutos, que, textualmente traducido, dice: ¿^Sociedad del Folk-Lore tiene por objeto la conservación y ' i de las tradiciones popuiai'es, baladas legenda- rtifcw locales, dichos, supersticiones y antiguas cos- I ¡inglesas y extranjeras), y demás materias concer-

Las anteriores sencillísimas lineas, sin necesidad de más explicaciones, comentarios, discursos, ni ampulosos adornos, han tenido la eficacia de agrupar en torno de la idea en ellas expresada é los hombres más eminentes de Europa en Milo- logia, Filología, Etnografía, Prehisloria, Arqueología, etc. Max-Müller, John Lubbok, Kóhler, Gastón Páris, Consiglie- rí-Pedroso, Compareltí, Tylor forman hoy parte de esta So- ciedad, de que son también miembros varias señoras de la más elevada aristocracia inglesa, y estadistas y filósofos de tanta talla como Gladstone y Baiu.

Los trabajos publicados hasta el dia por dicha Sociedad son. á más de un tomo anual con el titulo de Folk-Lore Re- cord (Archivo del saber popularj, donde se insertan aquellas Memorias que no dan por si solas lo bastante para un tomo, tres obras á cual más importantes y cuyo valor se comprende á la sola enunciación de sus títulos, á saber: fíemaines of gentilisme and judaismc ¡Restos del genlüismo y judaismo), por John Auhrey; Notes on thc Folk-Lore of Ihe Northen counlies of England aud the horders {Notas sobre el saber popular de los condados del Norte de Inglaterra y de his costas), por Willíam Henderson, y Folk-Lore of North East of Scolland ¡Saber popular del Nordeste de Escocia), por el reverendo Waller üregor. Ocho, pues, como se ve, son los tomos publicados por la Suciedad inglesa hasta la fecha en que escribimos este articulo; y decimos ocho, y no siete, porque el Archivo correspondiente al tercer año (el 80) se halla dividido en dos; ocho los tomos en que apenas se en- contrarán dos definiciones del Folk-Lore, pero donde existe en cambio una riqueza inmensa sobre esle nuevo ramo del saber, que ocupa hoy á las primeras inteligencias del mundo, cuyas ansiosas miradas no alcanzan á distinguir aún sus últi- mos limites, ni á poder determinar su inmensa trascendencia, indiscutible, sin embargo, y fuera de duda para los filúsufos de todas las escuelas. La palabra Folk-Lore, que, no obstan- te ser sajona en su origen, ocupa un puesto en los dicciona- rios ingleses, como en los alemanes su análoga Volk-Lehre, ha adquirido ya carta de naturaleza en todo el mundo, no sólo en la vieja Europa, sino en Asia y en la moderna Amtirica, y aun en algunas colonias de Oceania, donde empiezan á culti- varse estos estudios: la palabra Folk-Lore no tiene ya patria; por eso no hemos procurudo sustituirla con ninguna otra es- pañola, ni aun con ta compuesta griega demo-tecno-yrafla, que es acaso la que más se le acerca, porque la palabra Foík- Lore es más expresiva y signilicativa, para todos los que es- tán al tanto de las corrientes cientíiicas modernas, que cual-

3

quiera otra. Comprendiéndolo adf nuestro distinguido amigo el Sr. p. Manuel Murguía, escribió:

«Á esta gran penuria y suma falta de documentos nece- sarios para conocer la historia del pueblo español ocurrirá generosamente, no lo dudemos, la proyectada Sociedad del Folk'Lore, que en inglés equivale á tanto como ^tradiciones populares, i> nombre que, adoptado por todas las Sociedades similares fundadas después en otras naciones de Europa, indica y resume el objeto que se propone, con la clariaad necesaria, para que sea ya una expresión consagrada por la ciencia (1).»

Además, la palabra Lore sajona, como la palabra Lehre alemana, significa no sólo saber, sino saber antiguo, saber tradicional, saber que ha adquirido, permítaseme la palabra, el moho de los tiempos, como las creencias en brujas, duen- des, trasgos, fantasmas, dragones, amuletos, conjuros, en- salmos, y todas esas formas, mágicas unas y cabalísticas otras, que son, por decirlo así, los verdaderos fósiles del pensa- miento humano y los gérmenes imaginativos primeros de es- tas ciencias y estas artes modernas de que nos enorgullece- mos tanto. El Folk-Lore áe una nación, que comprende, se- gún el eminente A. Lang, toda la cultura que el pueblo ha sacado de sus propios recursos ó creado de su propio fondo, «hállase representado en la historia civilizada, según Mister Gomme, por esas costumbres extrañas y al parecer groseras, por las supersticiosas asociaciones con animales, árboles y objetos topográficos con los acontecimientos de la vida hu- mana; por las creencias en brujas, hadas y espíritus; por las baladas y dichos proverbiales referentes á localidades deter- minadas; por los nombres vulgares conservados á los arro- yos, cavernas, grutas, manantiales, torrentes, fuentes y bosques, y, por último, por todo ese extraño saber (Lore) que, si representa hoy una supervivencia, representa tam- bién el que fué estado actual de la vida salvaje.» En este punto aparece la nota distintiva, clara, característica del Folk'Lore tal como lo consideran los ingleses, para quienes la Sociedad de este nombre tiene un fin, especialmente arqueológico, y más que artístico eminentemente científico.

«No basta decir afirmábamos á este propósito cuando aún no teníamos conocimiento de la Sociedad del Folk-Lore existe una literatura popular y sus formas son tales ó cua- les; es necesario estudiar esas formas y señalar su naturale-

(1) Ilustración Gallega y Asturiana (hoy Cantábrica), del 8 de Oc- tubre de 1881.

_ 4 -

za y eslabonamiento con las anteriores y siguientes: no cabe tampoco dar, v. g., una teoria científica del cuento, la copla ó el refrán, bíii conocer los cuentos, refranes y coplas; esto pudo pasar en otros tiempos, pero en los presentes, en

3ue sabemos que las cosas sólo llegan á entenderse eslu- iándolas, y en que el prest¡(>io y el valor de las afirmaciones dogmáticas va de vencida. Las coplas no lian üe estudiarse por bonitas, ni los trovos por caprichosos, ni las adivinanzas por ingeniosas, ni por raras y curiosas las tradiciones y le- yendas: coplas, adivinanzas, tradiciones, leyendas, trovos, adugios, refranes, proverbios, diálogos, juegos cómicos, cuentos, locuciones peculiares, frases hedías, giros, etc., han de estudiarse como materia científicas (1).

El Folk-Lore se ha desarrollado en Inglaterra respon- diendo á una verdadera necesidad de su cultura: los tniba- jos de Darwin, uno de los hombres más sabios de los tiem- pos modernos, y los de Heriberto Speucer, el primer pensa- dor de Europa, han preparado el camino á la hoy floreciente Sociedad inglesa: si la vida del hombre en este planeta es inexplicable sin la incesante labor de esos millones de gusa- nos, imbécilmente despreciados hasta hoy, que hacen posi- ble el cultivo de los campos y el desarrollo de las especies vegetales de que nos alimentamos, ¿qué mucho que lus con- cepciones religiosas, rdosóÜcas y artísticas más giandiusas sean ineiplicahies también sin el estudio de esa inrmiilnd do elementos míticos contenidos en esos riquísimos semilleros conocidos con los modestos nombres do cuentos, leyendas, tradiciones y baladas?... Si la teoria de la evolución, señora hoy del mundo, resulta verdadera en todos los hechos estu- diados hasta el dia, ^,por qué no ha de ser cierta también aplicada á las cuncepciones y á los productos del espíritu hu- mano? Para el eminente T ylor es ya asunta fuera de toda du- da que, asi como ciertos fósiles son característicos da cier- tos terrenos, ciertas concepciones son también exclusiva- mente propias de ciertos periodos de cultura, y que asi como en el inunuo animal hay una cadena cuyos eslabones pueden seguirse casi paso á paso, en el mundo de las ¡deas existo también una cadena cuyos eslabones podrá señalar la ciencia en día no lejano. El Folk-Lore, bajo este concepto, está lla- mado áser un poderoso auxiliar de la Antropología. El ca- rácter de la Suciedad inglesa es más cieiitilico que nacional; DO es el estudio del desenvolvimiento del genio de los hijos

(1) Enciclopedia, revista sevÜlan tulado Sección de literatura popular.

, 10 de Abríl de 1879; articulo tí-

5

de Albion lo que aquélla procura, sino el conocimiento del desarrollo del espíritu humano en general, á través de las di- versas capas de cultura por que ha pasado; por eso no es co- nocer el saber del pueblo inglés el fm que ella persigue, sino el saber de la humanidad ó del género humano en sus di- versos grados de civilización, saber representado por una multitud de vestigios que importa recoger pronto y con es- crupulosa fidelidad. Presentada la cuestión en toda su pure- za, podemos decir con el ilustre Gomme, «que el Folk-Lore representa la historia de un pueblo en aquel periodo de cul- tura en que la famosa ley no escrita y la reglamentaria se confunden, pudiendo llamarse por esto historia tradicional^ que comprende también la historia no escrita de los tiempos primitivos representada en aquellas costumbres y ceremo- nias antiguas que, descartadas de la parte más escogida de la sociedad, van convirtiéndose gradualmente en la supers- tición y tradiciones de las clases bajas, y sobreviven en for- ma de poesia infantil, de cuentos de nodrizas y en la supers- ticiosa reverencia á ciertas ceremonias y ritos.» Vése, pues, por las indicaciones ligeramente apuntadas, cuál es el senti- do dominante de la Sociedad inglesa del Folk-Lore; veamos ahora de señalar siquiera la que consideramos nota distinti- va del Folk'Lore español, ó séase de la Sociedad para la re- copilación y estudio del saber y de las tradiciones populares de España.

No otro que el de la Sociedad inglesa es en general el objeto que se propone el Folk-Lore español, objeto declarado y especificado en la primera de las bases conocidas ya de nuestros lectores é insertas hoy en la cubierta de esidi Revista. Á la simple lectura de esa primera base obsérvase cuáles son los principales ramos de conocimiento que abraza nuestra, Sociedad, los cuales pueden reducirse á cinco grandes gru- pos: primero, lo que basta cierto punto podria llamarse ciencia popular, ó séase los conocimientos que el pueblo ha adqui- rido por medio de su razón natural y de su larga experiencia; segundo, literatura y poesia populares, propiamente dichas; tercero, Etnografía, Arqueología y Prehistoria; cuarto. Mito- logía y Mitografía, y quinto, Filología, Glottología, Fonética: que todas estas ciencias son verdaderos auxiliares del Folk- Lore y que no las mencionamos aquí por un mero capricho,

f)ruébanlo la Milolocfia comparada de Angelo di Gubernatis, os estudios de Myihographia de Z. Consiglieri-Pedroso; la revista de Etnographia y Glottologia de F, Adolpho Coelho, la excelente obra Primitive culture de Tylor, todos cuyos trabajos caen bajo la esfera del Folk-Lore y se refieren á las

materias consignadas en la primera base de nuestra Sociedad. Análoga ésla, como hemos dicho, á la inglesa, por el objeto priacipa] que persigue, diferenciase, no obstante, de ésta por su carácter y tendencias: la Sociedad española considera los materiulesque vaá recoger como elementos indispensables para la reconstrucción científica de la historia patria no es- crita hasta ahora más que en su parte más externa y políticaj Í' eso sólo á retazos y de una manera deticiente y anti-cienti- ica. Aún resuenan en nuestros nidos las homéricas carcaja- das con que reputados profesores de historia saludaban el esludio de los cráneos y de las hachas de piedra y demás ins- trumentos de silex que hoy llenan nuestros museos; aún vemos con rubor, aceptados de texto en nuestros Institutos, manuales en que la hisLoria de nuestros primeros pobladores apenas si ocupa dos 6 tres carillas, mientras llena más de la mitad del no pequeño tomo el reinado de la casa borbónica; aún uo está lejano el dia en que la historia de los árabes en España nos era sólo conocida por las crónicas y crunicones de nuestios monjes, siendo esta la fecha en que nuestra his- toria toda parece más bien una novela, leyenda ó cuento de encantamento, que la exposición verdadera y ordenada de los hechos realizados por los españoles para llegar al esta- do de cultura, próspero ó adverso, en que hoy se encuentran. La historia de Kspaña, más que la de ningún otro país, es un tejido de hechos falsos unos, inexplicables otros y limitados á referir las biografías de una larga cáfila de reyes y magna- tes, con cuyos exóticos nombres y otras tantas fechas se abruma la memoria de los niños, incapacitándolos de este modo desde sus primeros años para comprender el mecanis- mo del hecho social más sencillo y darse cuenta de sus causas y de sus resultados, á costa de una empalagosa é indigesta erudición, apropósito sólo para amenguar su inteligencia y .saturarlos de una irresistible pedantería.

«Lo que constituye la historia verdadera, dice Spencer en su magriihco libro La Educación (1), se omite casi por completo en las obras consagradas á esta materia. Sólo de algunos añosa esta parte han comenzado los historiadores á darnos en cierta medida el género de instrucción verdadera- mente útil. Lo mismo que en jos siglos pasados el rey lo era I todo, el pueblo nada, en los antiguos libros de historia las ac- ' Clones de los reyes constituían el cuadro, y la vida nacional

(1) Edueaeion física, intelectual y moral, por Herberl Spencer; Ter- tida b1 cistetlano en vista de la última edición inglesa, con ñolas y obser- TOcioneB, por D. Siró García del Mazo, Jefe de tr^ajos estadísticos de esta provincia. SevQla, 1879.

_ 7 el fondo indeterminado y vaco; únicamente en nuestros dias, en que átites que la felicidad del gobierno, el bien de los go- bernados ha llegado á aer la idea, los historiadores procuran desentrañar los fenómenos del progreso social.»

Con dolor no damos á conocer el cuadro que traza de II1.1Q0 maestra el ilustre filósofo inglés exponiendo lo que debe ser la historia; de esta parte del libro, cuya lectura re- comendamos á nuestros lectores, tomamos los dos siguientes brevísimos párrafos, que se refieren concretamente á los ma- teriales cuya recolección constituye el fin principal de nues- tra Sociedad:

«Las supersticiones corrientes, desde los mitos más im- portantes hasta los cuentos de biüjas, debeiian ser cuidado- samente referidos.»

«No se deberla omitir el cuadro de su vida diaria, sipo manifestar cuáles eran el régimen doméstico, la alimenta- ción, los placeres; en lin, como sirviendo de lazo á todo este vasto conjunto de hechos habría que trazar una exposición de su moral teórica y práctica en todas las clases, y según se de<lujese de la legislación, de las costumbres, de los prover- bios y de las acciones. n

í.a obra del pueblo español, la del primero y más impor- tante de lus factores de la historia patria, ha sido completa- mente deiíatendida basta aqui y por nadie estudiada: diriase ó que en España no ha existido pueblo, o que su papel se ha limitado sólo al tristísimo simbolizado en aquella fórmula que ha hecho considerar á algunos nuestros concilios como el ori- gen dü nuestras Corles; omnÍ populo asentiente, esto es, media docena de infelices que movían afirmativamente la ca- beza cuando hablaban el obispo ó el magnate que les propor- cionaba el sustento. La grave falta de todos los liistoriadores, j especialmente de los de España, de concretar sus ¡nvesti- gaciúQcs al conocimiento de lus hectios que realizó una per- sona, ó Cuando más una clase determinada, hace que la bis- loria, que á nuestro juicio debiera ser el complejo, la su- ma, de las bionrafius de todos los individuos, diste mucho de set una ciencia todavía. La Sociedad del Folk-Lore español n«ne á subvenir, en la medida de sus fuerzas, á conseguir este feliz resultado para la historia patria: en este sentido es una institución de interés verdaderamente nacional, que de- be ser favorecida y apoyada por lodos los buenos españoles, sin dialincion de sexo, clases, ni opiniones; Sociedad que, sea cual<]uiera la opinión de nuestro distinguido amigo el se- ñor D. José María Sbarbi, no podemos llamar Academia, jiorque su fía es sólo recoger materiales, collecting materialSf

-8 -

para un edificio que nosotros, sino nuestros hijos, co- menzarán á levantar para gloria de ellos y bien de sus des- cendientes: nuestra Sociedad no puede componerse sólo de eruditos y literatos; ánles bien, necesita del concurso de to- dos, y muy especialmente de la gente del pueblo: el ideal de nuestra Sociedad es contar con representantes y obreros en todos los pueblecillos y aldeas, y, aun á ser posible, en todas las haciendas, cortijos y caseríos; que allí donde haya siquie- ra un rústico español, allí hay conocimientos y sentimientos y deseos que nos importa conocer y traer á la vida. Animado de este pensamiento, he considerado esta Sociedad compues- ta de tantos centros cuantas son las regiones que constituyen la nacionalidad española, división que, si no ha merecido el aplauso de todos los que viven en Madrid, ha sido perfecta- mente recibida por los hombres más eminentes del extran- jero en este género de estudios, los cuales, concretándonos á la Sociedad inglesa que nos sirve de modelo^ no han co- menzado por escribir el Folk-Lore de Inglaterra, sino, como vimos, el Folk-Lore del N. E. de Escocia, publicando en su último tomo el de Madagascar, de James Sibree; el de Irlan- da, de G. H. Kinahan; el Slavónico, de W. G. Lach-Szyrma, y otros muchos Folk-Lore, no ya regionales, sino locales. La necesidad de concretar el campo de las investigaciones, si éstas han de ser fecundas, aparece palpable: creyéndolo así, hemos invitado á todas las regiones á que formen su res- pectivo Folk-Lore, y la andaluza, adonde nos hemos criado y vivido desde que teníamos cuarenta días de edad, ha sido la primera (1) en responder al llamamiento. El Folk-Lore an- daluz, Sociedad que tiene por objeto recoger y estudiar el sa- ber y las tradiciones populares de Andalucía, quedó consti- tuido el 29 del pasado Noviembre. En el acta que, por acuer- do de todos, se inserta á continuación, verán nuestros paisa- nos los nombres de los socios constituyentes y los de las per- sonas que forman su Junta facultativa, así como los de los ilustres extranjeros, hoy distinguidos consocios nuestros, que han felicitado calorosamente á esta Sociedad, favorecién- dola algunos con sus obras; todos estos nombres son la me- jor garantía que podemos ofrecer al público de la seriedad de nuestra empresa y de hallarse hoy completamente asegu- rada la -vida y el porvenir de esta Revista.

Antonio Machado y Álvarez.

(i) Contra lo que creí al ver en El Imparcial del 10 del pasado Oc- tubre el magnífico artículo de mi distinguido paisano el Sr. Murguía, titu- lado El Folk-Lore gallego, cuya lectura recomiendo á todos los amantes de este género de estadios.

ACTA DE CONSTITUCIÓN

FOLK-LORE ANDALUZ

> En la ciudad de Sevilla, á veinlioctioiliasclel mes de Noviembre Eotil ocliocienlo^ ochenta y uiiü, siendo las ocho de la noche, por tAcioii del Sr. D. Antonio Machado ; Alvarez, miembro de la t~Lors Snciety Fundada en Londres, se reunieron en la casa nú- V TeÍHtidoa de la calle O'Donnell los señores que abajo fírinan, I cnales dicho Sr. Machado manifestó el objelo de la convoca- \ que era constituir la Sociedad Folk-Lore Andaluz j nombrar ulenle, Secretario y Junta facultativa para el periodo que mt^dia B esta feclia y la segunda quincena del próitimo mes de Abril. H^ue se tía de nombrar la Junta directiva, con arreglo al articulo treuita y cinco del reglamento de dicha Sociedad.

El Sr. Machado juslificó en breves palabras, y con referencia i \o i>rectíptuado en ¡rquél, la necesidad de proneer los expresados C4if US por solos los socios facultativos, toda vez. que pertenecien- do i i-sin clase los que asistían A la reunión, por el mero hecho dacuuitiiuirla Sociedad con arreglo al articulo sétimo del regla- meuto, del cual se había dado conocimiento previo d los convoca- do), era imposible la asistencia de socios numerarios, y. por lo tan- to, que éstos interviniesen en el nombramiento de Presidente y Se- cretario.

Acto seguido, diOse lectura del reglamento, que fué aprobado poruuanimidad, indicándolos Sres. Belmonte yi Sego>Í9, con el ge- neral asentimiento, que, por de pronto, no creían necesario intro- ducir cu ^1 reforma alguna.

El Sr. Machado propuso que se procediera inmediatamente á la elección de Junla facultativa, leyendo, con aprobación unánime, la «gniente candidatura, previamente acordada por la mayoría de Ih Bttsteotes i la reuoiou.

'

írwi'dCTle; Sr. D. Josó M.» Asensio y Toledo. » > AnlonioM.' García Blanco.

> * Antonio Machado y Nuñez.

> > Gonzalo Segovia y Ardizooe.

> » Rodrigo Sanjurjo.

> I Joaquín Guichot y Parody.

> » Fernando Belmente y Clemente. » » Francisco Rodríguez Marín.

> » Siró García del Mazo.

> 1 Manuel Sales y Ferré. Stcretario: Sr. D. Aalonio Machado y Álvarez.

- 10-

Leida esta candidatura, el Sr. Machado y Alvarez nianirest¿

3ae había consentido en figurar en ella como Secretario, por consi- erar esle cargo como el de mSs trabajo y por hallar en su desem- peño ocasiones de dar continuo Leslimonio ú los concurrentes de la gratitud que les debia por el eficaz auxilio qae hablan prestado á su pensamiento.

El Sr. Segovia propuso que se nombrara Presidente honorarie déla Sociedad al eminente orientalista señor D. Antonio M.> García Blanco, levantada proposición que taé unánimemente aprobada, acor- dándose lucgü, á |)ropuesta del Sr. Rodrigue?. Marín, que el señor Mariani ingresara como Vocal en la Junta facultativa, por quedar vacante uno de los nueve puestos.

Inmediatamente la Sociedad acordó comunicar sus nombra- mientos á los señores que hablan obtenida cargos y no se hallabaa presentes, como asimismo á los señores que son socios honorarios por derecho propio, según el reglamento; nombrar una comisión de propaganda, compuesta de los Sres. Garda del Mazo, Cano y Cuelo, Jiménez Hurlado, Montoto, Pérez y González y Hodrigiiez Mario; que la Sociedad se reúna el primer día de Enero próximo para nombrar la Junta administrativa; que se redacte por el Secre- tario, y se ñrme por todos los concurrentes, una circular invitando á los andaluces á ingresaren la Sociedad, y declarar socios Tacultativos á cuantos, con propuesta de cualquiera de los convocados, deseen serlo y tomen parte activa en los trabajos del Folk-Lori', ya resi- dan en Sevilla ó ya en cualquiera de las capitales ó pueblos de tat Ocho provincias andaluzas. También se acordó en principio la pu- blicación de una Rerisla, (jrgano de la Sociedad.

Propuesto por el Sr. Belmonte un voto de gracias para el Sr. Ma- chado j Alvares, por la incansable diligencia con que ha iniciado y propagado el pensamiento de la Sociedad, úsla acordó concedérselo, nósin manifestar el referido señor que él era en realidad quien de- bía de dar gracias á los concurrentes por la eficaz cooperación que habían prestado ú su proyecto.

Y no habiendo otros asuntos de que tratar, se levantó la se- sión á las diez, de que yo, como Secretario accidental, certiflco.

Qotiíale Segovia y Ardisone. Antonio Hachado y Nuñe:. Antonio González Rail. Afán iiel Jim en« Hurtado. Rafael Ruis. Siró García del Maio Luit Escudero y Perossv.—José Ceslaao y Pem. Narciu Senlenaeh.—Jacobo Labordu y Loyez.^avier Lusio de lu Ve^u,— Aa/ael Tui'iott. Manuel Sierra. /ú»£ G. Rumirez. Joaquín Guichot. Fermw- do Belmonte. Romualdo G. Fragoae. Roberto G. Natidtn. CárUttJi- menet Placer. Manuel Sale». —iSa-nuet Perei. Ramón Üiai de£wM- tnante. Antonio SendiTot y Burin. Anton'o Seitáras y Gambino. Fer- nando Sierra y Zafra.— Alejandro Guichot, Anfonio Machado y Ábia- rez. El Secretario Rcddental, F\-ancÍ»co Rodriguez Marin,

n

SOCIOS HONORARIOS

DEL FOLK-LORE ANDALUZ

Inglaterra.

William J. Thoms.

Fundador del Folk-Lore.

Earl Beauchamp.

Presidente de la Folk-Lore Sodety.

G. L. GoiniTie.

Secretario de la Folk-Lore Soeiety.

Portugal.

F. Adolpho Coelho. Z. Consiglieri Pedroso. Theophilo Braga. Antonio Carvalho Monteiro.

Francia.

Gastón Páris.

Th. le Comte de Puymaigre.

Emmanuel Cosquin.

E. Rolland.

Paul Sébillot.

Italia.

Giuseppe Pitre. Angelo di Gubernatis. Alessandro D'Ancona. Salvatore Salomone Marino. Domenico Comparetti.

Alemania.

Reinhold Kóhler.

Austria.

Hugo Schuchardt.

LITEBATüRA POPULAR ANDALUZA

Encargado por la Sociedad del Folk-Lore andaluz de la parte filológica de esla inslilucion, voy á dar principio á una serie ó catálogo de palabras y locuciones andaluzas, en que aparece claramente el sentido común é ilustración ó literatu- rapopular española en puntos esencialmente tilosóücos, des- conocidos ó simplemente aceptados unos, é interpretados otros por nuestros sabios.

Sólo en Andalucía se distinguen bien los verbos arrear y harrear; el uno pronunciado como se escribe y suena, y el otro escrito con k y pronunciado con nuestra h andaluza, ó sea jh. Ni aun la Academia de la Lengua ha fijado todavía la diferencia caligráfica é ideológica de estos dos verbos y sus derivaciones; pero el vulgo andaluz, nuestro tradicinnista vulgo, lús distingue perlectamente al pronunciar, diciendo arrear al acto de enjaezar, arreglar ó adornar una bestia para aue haga su trabajo con más facilidad y se presente con ga- llardía; mientras que pronuncia y escribe harrear (jharrear) el acto de estimular, aguijonear, pegar ó excitar á una bestia á que ande ó trabaje con toda su fi^erza, sin socarronería ai pereza.

Ambos verbos son de origen hebreo; el uno hor, hur ó har, que significa /iwir, ^unirse (wanj el principio creador ó jefe ¡aleph) con la realidad (resch); este es nuestro arrear sin h y pronunciado con toda la suavidad de la luz, que por tanto se dice hor en lengua hebrea=el arreo ú los arreos que necesitan las cosas, principalmente las vivientes, para realizar (resch) sus actos ó ejercitar sus facultades vitales con facilidad, con gusto, con gallardía ¡aleph, wau, resch). El otro verbo andaluz, jharrear, es también originaria mente hebraico, clarísima remembranza de la raíz jor, jur, jar, que es excitar, despertur, vibravit astam, como dice Leo- poldo en su pequeño diccionario hebreo y caldeo, siguiendo á Gesenio, Winer, Türstio y demás lexiconistas; jharrear=: jar (previsión, realidadl, excitar, despertar, despabilar, en la acepción metafórica que admite la Academia, amagarle ó pegarle con lavara á un burro ó bestia para que ande.

Cuando la Academia Española acabe de formar y i

orinar y mg-j

13

formar su Diccionario de la Lengua castellana; cuando hm- pie su libro y la lengua de tanta inexactitud como contienen, y fij^ 1^ genuina significación de las palabras, y el espíen^ dor debido á nuestra lengua, entonces atenderá, como debe, á esta y otras mil precisas expresiones vulgares que hoy mira con desden y tiene por faltas de cultura, poniendo, v. g., sólo el verbo arrear, aunque dándole también la acepción de nuestro harrear andaluz.

Abasto, abastecer y sus derivados y originales basta, bas- to, bastante, bastar, etc., son palabras conservadas por el vulgo, aunque admitidas más tarde por nuestra Academia Española, pero sólo para expresar lo suficiente ó correspon- diente y proporcionado para alguna cosa. M^s nuestro vulgo Earece que quiere conservar la idea original del Tsaba he- reo, que significó progresar, caminar, producir en abun- dancia, á montones, agminare latino, como dicen los diccio- narios hebraicos. Dios de abastos decian los hebreos al Dios criador de cielos y tierra y de tbdo lo que los abastece; Jhowah Tsabaoth, Dios de los ejércitos se le hace decir al vulgo y al no vulgo; mas la Iglesia, nuestra Madre, sapientí- sima, deja sin traducir la palabra y dice: Domimis Deus Tsor- baoth= Señor Dios abastecedora de abastos universales; Dios del universo, diria yo; y sólo así es como viene después bien el siguiente hemistiquio: llenos están los cielos y la tierra de vuestra gloria. Es, pues, una especial providencia que con- servemos los españoles y conserve el vulgo el abasto con sus mismas letras originales y en la misma sublime acepción ori- ginal, sustrayéndola del culto suficiente^ proporcionado, y del latino sufficiens, sufficientia, y del griego cxác/yyoc y de todo lo que se ha querido ó creído ver en el tsabaoth hebreo T\)H:DX=tsabaoth=abastos=agmina.

B

No si en las demás provincias de España se usará la palabra Bu^ como en Andalucía, ó si la tendrán en todas partes, como dice el Diccionario, por una voz fingida de a/- guna fantasma con que se amenaza á los niños para que ca- llen, diciéndoles mira que viene el Bu. En Andalucía, y para el que escribe estas líneas, el Bu es un claro trasunto de la palabra hebrea bou, con que se describe por el Sagrado His- toriador el estado que tenía areís=lo árido, antes de que Dios dijese yi hor=hnbrá luz; ya es hora. Dícese allí ¡Génesis, cap. í.^\ vers. 2 «) que lo drido=arest=:tierra era ó estaba (haytah) Tou wabou^=tupido, ó estupor y bu, inanis et va-

- ti~

eua de la Vulgata, incapaz de mirarse y descompuesta, como tradujeron al griego los Setenta. Es, pues, el bu un indicio claro de aquello, de aquel estupor y bu con que se quiere amedrentar á loa niños; no una voz fingida de alguna fantas- ma, sino un recuerdo que quiere hacérsele á la criatura, des- de que nace, del estado que tenía el universo cuando empezó á ser, cuando salió de las nnanos del Criador; caos tremendo ú horroroso en que estuvo todo, hasta que por la palabra del gran Demiurgo comenzó á ser y desarrollarse eso que des- pués se llamó natura leza^naíítra, y que nunca mejor que entonces mereció el nombre natura=:nacitura=cosA\i que habían de nacer.

Ballena, ballenato, emballenar son palabras que el vulgo usa para expresar el hombre gordo, obeso, que come mucho y anda torpe, ó la persona que va muy tiesa, inOexible; y el acto de meter ballenas á un vestido para ponerlo tieso. Estas palabras, en boca de quien jamás vio una ballena, son oriua- das de balal hebreo, que según los diccionarios es pabulum pra^buit^dac pábulo, devorar, comer mucho, que es justa- mente lo que nuestro vulgo quiere consignar en sus hipérbo- les ballena, ballenato, emballenado, para el que come mucho y engorda mucho ó para la persona que, como vestido emba- llenado, va tiesa é inflexible.

Bobo, boba, j toda su ascendencia y descendencia, que es muy larga, y que la Academia Española sólo admite como persona de poco entendimiento, necia; pero sin que nada ten- ga que ver con nuestro de bóbilis, bóbilis; todo tiene su ori- gen en bob ó bub hebreo, que es cabar, acabar, excabar, recabar, socabar, y toda esa progenie cuyo tronco se dice por nuestro vulgo bobo, bobada, hobería, necio, estúpido, tonto, idiota, mentecato, ignorante, vacio, acabado, rema- tado, cuya sinonimia aún no está deslindada; pero por más que se trabaje en ello, jamás creo que se llegará á la razón del bóbilis, bóbilis, de nuestro vulgo, ni á la propiedad de la media hogaza boba de pan, que también usa, y que sólo tiene explicación por el verbo bol hebreo... ¿De dónde, si no, pudo venirle al vulgo la idea de recabar, socabar, excnbar y cabar ó acabar de aquellas palabras, ó la de esperar con la boca abierta y las mejillas ahuecadas, como media boba de pan, para cosas que no se esperan ni merecen?

Cebo ó sebo dicen los chicos en Sevilla al borracho que va cayéndose de tal por las calles. ¿De dónde proviene qu»

- 15 -^

ün borracho andaluz, que oye y recibe con total indiferencia cuantas burlas, befas, insultos y vaciedades le dicen ios mu- chachos, al oir cebo ó sebo se exaspera en términos que su boca es una hacha, contra su madre, contra él, contra su fa- milia y contra cuantos pasan y se rien ó celebran la gracia del muchacho? Pues esto proviene, á mi parecer, de que le dice borracho en hebreo: sa6a/i=embriagarse dicen los dic- cionarios: dime y hazme cuanto quieras, dice el borracho andaluz, pero no me lo digas en hebreo; no me trates de ju- dío; porque si á éstas vamos, quien es eso eres y tu ma- dre, ia p. que te parió, que no yo, grandísimo chigetero,,., y Je contesta al insolente con otro hebraismo schajath=perdi^ do, corrompido, podrido, tramposo, silletero, chigetero. Así le paga el borracho andaluz, la hez del vulgo y de la plebe, á quien lo trata y le habla como judío. ¿No es esto una re- membranza clara del concepto que el pueblo español conser- va del judaismo, como secta abominable y abominada de todo buen cristiano? Sebo le dice el uno, chigetero le responde el oiro=sabah, schajath: ¿quién le enseñó al pueblo á hablar hebreo? ¿De dónde le han venido estas palabras?

Canapé decia nuestro vulgo á lo que después se llamó eamapé, y posteriormente sofá; todas tres palabras de origen hebreo: canapfe=extender; silla extendida de brazos, de ori- gen francés, dice el Diccionario de la Lengua: camah=\e- vantar; silla un poco más levantada que las demás de la sala; no la ha admitido todavia la Academia: sofá, que tampoco re- conocen los señores académicos, derivación clara de soph= finis, agmen extremum, la silla que completa, cierra ó ter- mina el estrado; agmen, el cuerpo bien ordenado de sillas, taburillos, mesas, veladores, etc., y á la cabeza, ó por tér- mino y complemento de todo, el sofá.

Cúbica es palabra no reconocida tampoco aún por la Aca- demia, pero usadísima por nuestro vulgo para expresar lo que le viene ó sucede á un sujeto como de molde; lo que sienta á una casa ó persona atrasada como bajado del cielo; que sirve para remediar una falta ó sacar de un apuro & quien le sucede ó se le aplica. Ese sujeto ha logrado una cúbica, no tiene mala cúbica, dice el vulgo. ¿Quién le ha enseñado geometría á éste para saber que la figura cúbica es la más apropósito para descansar y hacer descansar al cuerpo que la tiene? ¿Quién le ha dicho que los seis lados iguales del cubo matemático son los más propios para igualar la longi- tud, latitud y altura ó profundidad de un cuerpo? ¿Cómo ha llegado hasta la plebe el significado de la raíz hebraica cub ^^descansar, ó la del verbo latino cubare, ó del nombre ara-

-16 -

bigo ctibafe, de donde salió alcoba ó xoíoc, priego, que son los orígenes de nuestro cubo matemático y del vulgar cúbica?

Agregúese esa nota de femenino que da el vulgo al nom- bre cúbica, cuando dice buena cúbica ha logrado: ;,no da á entender con esto que en ese adjetivo ó descanso va envuelta la idea de fortuna, suerte, chiripa ó chlripon, como el mismo dice otras veces gunga ó cucaña, que todos son femeninos y significan casi lo mismo? ¿(^ómo se desatiende, pues, una pa- labra tan expresiva, tan científica, tan propia para dará en- tender la buena suerte que logra una persí>na para poder descansar ya y librarse de las irregularidades ó desigual<la- des de la fortuna? Las palabras latinas fors, sors, fatum, pa- rum, schitillay bomim aucupinm, etc., de donde salieron las palabras fortuna, suerte, chispa, por poco, ganga buena ó mala y otras tenidas por cultas, ¿qué comparación tienen con nuestra vulgar cúbica, análoga á suerte, ó aun acaso con el nombre vulgar también y propio del comercio, cúbica= tela fuerte, ligera y barata, que son las tres propiedades ó dimensiones del comercio, el largo, ancho y profundo del comerciante?

El mismo nombre cucaña, que también pertenece á este lugar, aunque admitido ya por la Acadenjia, ¿,no es la palabra más propia que puede usarse para expresar el pueblo la ga- nancia ó lucro que tiene inesperadamento, de resultas de ciertíi fuerza ó habilidad que.maniíit»sta? ¿Quién le ha ense- ñado estos nombres? Cucaña es derivado de cuco 6 cuclillo, ave bien conocida por la propiedad que tiene de poíier sus huevos en el nido de otra, para que se los saque. Es muy cuco, decimos.

CU

Chispa, chiripa ó chiripon, palabras originariamente hebraicas, de la raíz scharaph=:arder, quemar; naturaleza (schinj que realiza (resch) á pedir de boca (phi) lo que nece- sita: son voces usadas por el vulgo andaluz j)ara indicar, al mismo tiempo (jue la peijucña partícula que salta de la lum- bre, como dice la Academia, ó del cuerpo que la contiene, como el pedernal, etc., para indicar, digo, lo poco que ave- ces hace que nos venga una suerte ó una desgracia, viviendo como vivimos en medio de esta gran conllagracion que se lla- ma vida y armonía universal. Instintivamente parece que conoce el vulgo esta gran máquina y que de ella sale eso que se llama felicidad ó infelicidad humanas, según el hado (fa- tum}, dicho, providencia ó disposición divina, conforme á las

- 47 -

leyes de atracción, repulsión, combinación y armonía que ri- gen el universo. £n medio de esta inmensa masa que se lia* riia naturaleza y mundo físico ó moral, político, social, reli- gioso, temporal y de ultratumba, etc., se mira el hombre co- mo verdadera chispa que salta de la universal hoguera y chisporrotea ya á un lado, ya á otro, ora hacia arriba, ora há-. cía abajo, ó á todas partes á un mismo tiempo; y nuestro vulgo, aprovechándose de esta natural intuición, dice: una chispa ha faltado para esto ó aquello; por una chispa ó chiri- pa no sucede esta ó aquella desgracia, este ó el otro suceso; buena chispa tiene se le dice al hombre de genio; buena chiS" pa llevase le dice al borracho; buena chiripa ó chiriponha logrado el pobre; todo esto indica el conocimiento casi instin- tivo que tenemos del gran todo, cuya mínima parte repre- sentamos: dicho religioso, filosófico, verdadero, santo ó san^ cito, sancionado por la ciencia, por la experiencia, por la ra- zón; vulgaridad religiosa.

Chocho y chochez ó chochera, que ya la Academia admi- te, donde tienen toda su genuina significación es en nues- tro vulgo y principalmente en el andaluz: dícese chocho, no sólo al decrépito ó anciano que ha perdido ya la memoria y casi el juicio y demás facultades animáslicas y corporales, si- no al hombre (\ue chochea de contento ó alegría; á aquel que por la edad se ha vuelto ya un muchacho; al que manifiesta por todo alegría, ó gruñe y riñe por todo; al que no hace más que estornudar, gruñir y toser y preguntar qué hora es, co- mo dice el refrán; este es el chocho v chochera de nuestro vulgo, el último período de la vejez. Salida la palabra de la raíz schosch hebrea, ya sea escrita con sch ó con s, ya prove- niente del verbo encanecer, blanquear el pelo, ó llenarse de canas, ya del alegrarse, regocijarse ó llenarse de gozo, ya, en fin, del \crho schub=volver, sabe elvulgo que el chocho ó viejo decrépito se vuelve de la edad del muchacho, riendo ó llorando por cualquier cosa, no dándosele cuidado por na- da, no pensando ni reflexionando mucho, antojándosele to- do, y convirtiéndose de chocho en muchacho. ¿Quién le ha dicho al vulgo andaluz que estos dos nombres son origina- rios de la misma raíz hebrea schosch? ¿Quién le ha enseñado la parte fisiológica de este último período de la vida y de la vejez? ¿Quién le enseña á (\ec\v vejeces, chocheras, cuando ni el latin, ni el griego, ni aun el árabe mismo dieron plural á los nombres que usaron para expresar estos dos estados de la vida?

Vejeces, chocheras, llama el vulgo á esta insensibilidad del viejo; chocheras, vejeces, dice contra lo que dij^rQU uuiestros

3

- i8 - padres los romnnos ó latinos, que jamás dijeron senedutes, decrepilwliyies; y cuenta que principalmente esta última pa- labra, tomada como salió del cre/;ttare=hacer ruido, y det crepíIuS:= ruido, máxima ventris como dice Facciolali y comu dijo Cicerón: Stoici crcpitiis aiunt aqui- Uberos ac rucltis esse uportere, podian muy bitin, digo, los latinos baberle dado plural al nombre decrepündo; (lero nó, ningún sabio ó per- sona culta decia decrepiludines, como ni senectntes, ni i'irt- litales, m juventuíes, ni infanti(e; ningún nombre de éstos tenia plural; pero el vulgo español se los da. Sabe el vulgo que los varios estados de la vida son el producto de combina- ciones que hace la naturaleza con los varios aparatos ó sis- temas vitales, para que predominando cuál uno, cuál otro, ya el nervioso, ya el sanguíneo, en una edad el muscular, en otra el huesoso, 'al principio el digestivo dinámico y de acre- centamiento, altin el de quietud y reconcentración, etc.; sabe, digo, que esto se expresa mejor con plurales que con singu- lares; por eso dice á un solo acto, á un solo proceder del vie- jo vejeces, ó del decrépito chocheras, ó del joven mocedades, ó del muchacho muchachadas, nifierías, al del inrunte ó niño niñadas. ¿Quién le enseña al vulgo tanta Fisiología, tanta Filología, tanta Historia, tanta Matemática, tanta Ciencia? Acabemos el articulo.

Chocho y muchacho son una misma raíz; schoch el nno, schach bI otro; alegría ó indireruncia unas veces, exquisita sensibilidad otras; poca reflexión el uno, poca ó suma apre- hensión el otro; temor por cualquiera cosa ambos: chochera y muchachada ó decrepitud y niñería que parecen una mis- ma cosa no lo son: jamás dice el vulgo está decrépito de con- tento, sino está chocho decontento; ni está decrépito con ese nieto que tiene, sino está chocho con ese nieto: ni mire por dónde te ha dado la decrepitud, sino mire usted por dónde le ha dado la chochera; parece «n nifio; va hecho un mucha- cho: ridículo el viejo que se hace el muchacho; más ridiculo el muchacho que la echa de viejo: ni al muchacho ni al viejo les dice el vuli^o niño ni decrépito, porque decrépito y niño son palabras que no entiendo; y ¿qué mucho que no las en- tienda, ni las use, fti los mismos cultos y eruditos las con- funden? Latinas puras Ijs unas, hebraicas á toda luz las otras, el pueblo (rspiiñol, tjUtístro pueblo, se atiene á lo urien- tal; ul vulgo poco latín; iiueslru vulgo no quiso nunca latini- zarse; quédese, pues, la culta latini parla [tara los parlantes, fai*rant(.'H. chnrlntaiiei4, laliiKis ü ladinos, que nuesti'o vulgo satie dónde le aprieta el zapato, sabe lo que le conviene, sabe tradicionalmeote su historia, sabe sus orígenes, sabe hablar

J

19 -

sin charlar, sin chachara, sin charlatanería, aunque á veces, las más, sin saber lo que dice ni por qué lo dice.

Nota. Las palabras charla y charlar, chachara y charada, chaha- cano, chambón, chalan, chafallada (la), chamarra y chamarreta, chaheta (zapateril ó fisiológica), chamiza, chamusco y chamusquina y chanza y chanzoneta, chanfaina, chapuz, chaqueta ó jaqueta, chapa y chapeta, chaparro, chaparra y chapúrrela, chaparrón, cnamesco^ charro, chas- quuio, chasco y chascarrillo ó chascarro, chato, chata (la), chepa, chico y chicote, chicha, chichinaho, chirrear ó chin'iar, chirrión (de noria), chi- quichanca (de cortijo), chiquilin y chiquirritin, chispo y c/it5pa=borra^ chera, y cliispa=ingenio, chiste y chistera=somhrero. chite, chito y chi- ton la Inquisición), chiribitas, chocolate puro (sin porquerías de cacao, canela ni azúcar) como la Teo/ogf(a/>ura (sin frivolidades de Escriturasen! puerilidades de lengua hebrea ó lengua griega. Historia, Cronología, De- recho, Concilios, ni Santos Padres, etc.)

Antonio M. García Blanco.

COPLAS DE CUNA

(Extracto de la sección 1 del tomo I de mi obra

Cantos populares españoles.)

I A dormir va la rosa De los rosales; Á dormir va mi niño (i). Porque ya es tarde.

4 En la puerta del cielo Venden zapatos,

Para los angelitos (2) Qu'están descalzos.

5 Niño chiquirritito (3) De pecho y cuna, ¿Dónd' estará tu madre, Que no t' arrulla?

(4) Á dormir \\ la rosa (VarJ

(2) Es muy común llamar angelitos á los niños. Una oracioncilla popular:

San Blas bendito.

Que s'ajoga este angelito.

(3) Chiquirritito: dim. de chico. Acerca de la formación de cuartos y quintos diminutivos, muy común en las provincias andaluzas, se puede ver la nota inserta en la pág. 52 de mi opúsculo Juan del Pueblo. (Sevilla, Al-* farez y C», 1882.)

-20 -

7 ^-Pajaritos jilgueros, ¿Qué habéis comido? Sopitas de la olla

Y agua del rio (i).

8 A-la-ro-ro (2), bellotas; Dame un puñado,

Que las de mi chaparro S'han acabado.

(1) Esta copla y algunas otras que incluyo en el texto no parecen na- nas por su sentido, sino porque siempre ó casi siempre se cantan para adormirá los niños. En el mismo caso se encuentran, por ejemplo, varias coplillas de Noche-buena, la linda canción infantil:

El piojo y la pulga Se quieren casar....

publicada por mi laborioso amigo Demófilo (La Enciclopedia, año IV, nú- mero 12) y las siguientes, recogidas, con su preciosa tonada, en Zafra y al- gún otro pueblo extremeño:

Gitana, gitana, Gitana e mi bia, ;En dónd' has andao, Que no parecias?

En una reoraa H' estao metía, Jaciendo carceta, Ganando mi bia.

Gitana, gitana, ¿Poi qué, poi qué, Siend' usté mi quería, M' ha pisao un pié?

Gitana, gitana, Gitanita y no (sic)^ Echem' ust* un baso D^ agua de limón.

(2) Respecto al origen de esta voz si, como creo, es el mismo de a-la- vó, vo-vü, alad, lab, ad^od, o, formas usadas en las nitme-nanne de Sicilia véase la siguiente curiosa noticia del vocabularista Pasqiíalino, citada por mi ilustre amigo el sig. Pitre {Canii pojtolari siciliani, II, 2. Palermo, 1871):

a Alad, especie de cantilena usada por las nutrices para adormir á los niños, narma; lat. lallus, nutricum vox Aus. Epis. 10: Nutricis inter lem- mata, lallique sonmiferos modos. Del Int. lallo, as..,, de tallo, Ciisi lalló; y por síncopa alió, alab. Tal cantinela entre los griegos llamóse xoLTOLpajr.oL- >tfT2£c, proveniente del verbo BaOxa/áw: de aquí tal vez alao, quitada la primera sílaba.»

El docto Rodrigo Caro, en su obra titulada Bias geniales ó lúdricos, de que se conserva copia MS. en la Biblioteca (Colombina (<8t. VYV, tab. 421, núm. 12), dedica un curiosísimo capítulo (Dial. VI, § VI) á la investigación genealógica de los Cantares de los muchachos. Nina, Nina, y Lala, Lala, y á más de citar el mismo pasaje de Ausonio, recuerda apropósito de este

- 21 -

10 A-la-nana, nanita, De San Vicente (i); Ya sabrás como el ^ niño Ya tiene un diente!

1 8 Duérmete, niño chico, Duérmete, mi bien, Que aqui está la cunita Que te ha de mecer (2).

21 Al verte triste y malito Se me parte el corazón; Así, cuando canto lloro

Y se me apaga la voz.

23 Ea-la-ea, Ea-la-ea;

El sueñecito, niño. De San Juan sea.

24 Mi niño se va á dormir; Ojalá y fuera verdad

Y le durara el sueñito (3) Tres dias como á San Juan (4).

linaje de cantares las siguientes palabras de Nonno Panopolita, lib. 3.o de cas Dionisiacos:

Et Dueroram resonans cantilenam incitatricem somni Amóos dorraientes sopivit nutricali arte,

y estas otras de Quintiliano: «Crisipus etiam nutricum quse adhibentur in- faDtibus allactationi suum carmen asignat.»

(i) Alude á San Vicente de Paul, de quien el pueblo asegura que can- taba la nana á los niños huérfanos.

(2) De una ninna-nanpa siciliana, recogida por Pitre:

Figghiu mió, figghiu d'nmari: La nacii ti cunzai p'arripusari.

(3) Sueñito, por sueñecito: así suelen formarse los diminutivos en Ex- tremadura, de donde procede esta copla.

(4) El sentido de esta nana y la anterior, recogida en Osuna (Sevilla), se explica conociendo cierta creencia popular. Cuéntase que San Juan Bau- tista, que es amigo de bulla, celebraba su dia (U4 de Junio) con ruidosos festejos, de los cuales eran consecuencia las grandes tronadas que suele haber en esa época del año. Para evitar tales alborotos, el Señor le hace dormir tres diiis sin interrupción, á contar desde la víspera del suyo; de suerte que el Santo no puede celebrarlo, porque cuando despierta, na pa- sado ya. En la provincia de Badiijoz es muy vulgar un dicho que conñrma la exactitud de que existe la indicada creencia. Véase:

Si San Juan supiera cuándo es su dia, Atronara los cielos con alegría. ó bien:

- 22 -

25 Ea-la nana, Ea*la nana. Duérmete, lucerno, De la mañana (i).

27 A-la-ro-ro mi niño, Mi niño duerme Con los ojos abiertos. Como las liebres (2).

32 ¡Ay, mi niño del alma, Que se m'ha muerto!

No me llore usté, madre, Qp' estoy despierto.

33 Duérmete, niño chiquito. Duérmete y no llores más; Que se irán los angelitos Para no verte llorar (3).

36 Duérmete, niño chiquito. Mira que biene la mora Preguntando e puerta 'n puerta Cuár es er niño que yora.

37 Anda béte, morito, ' la morería,

Que mi niño no entiende Tu argarabía.

Si San Juan supiera Cuándo era su día, Ti El cielo con la tierra Se juntaria.

En algunos pueblos andaluces óyese este otro refrán:

San Juan, bullicioso; Y Santiago, tramposo;

pero no se refiere á lo supradicho, sino á la costumbre de mudar de domi- cilio en el dia del primero y á la de aplazar el pago de las deudas para el día de Santiago.

8) Hasta mañana (Var.J

e una nanita de Sicilia:

Figghiu mió, ti stimu assai! Tu si' lu suli, li stiddi e li rrai.

(2) De la extremada viveza de la liebre induce el pueblo que duerme con los ojos abiertos, para huir al primer asomo de peligro.

(3) Los dos últimos versos de una ninna-nanna siciliana, publicada por Pitre:

Figna mia, maccia d'aruta, Passa Tancilu e ti saluta.

23 -

38 Duerme, niño chiquito. Que viene 'I coco (i)

Y se lleva á los niños Que duermen poco.

39 Este niño chiquito No quiere dormí;

Se le jadrá (2) la cama En er fogarín.

41 A-la-nana, nanita, , Nanita ea. A-la-nana, nanita, Dormido queda.

F. Rodríguez Marín.

(1) El coco: ser imaginario con que se infunde miedo á los niños; así se dice: Más feo que un coco. Govarrubias, en su Tesoro de la lengua cas- tellana: tCoco, en lenguaje de los niños, vale figura que causa espanto, y ninguna tanto como las que están á lo escuro ó muestran color negro, de \^^ ^ cus, nombre propio de Can, que reinó en la Etiopía, tierra de los ne- gros.» El hü, el duende, el cancón, etc., son otras tantas entidades míticas que comparten con el coco, el moro, los judios, la mano negra, etc., la ta- rea de asustar á los rapaces. Análoga misión tiene el papfto, en Portugal. Véase esta cantiga de bergo:

Ó papáo, vae-te embora De cima d'esse telhado; Deixü dormir o menino Um somninhodéscan^do.

Una canción de cuna de Puerto-Rico:

Duérmase ya el niñito. Que viene el cuco Y se lleva á los niños Que lloran mucho.

(2) Jadrá, epént., jará, hará.

No he querido terminar estas observaciones sin hacer un lisero apunte de las tonadas de cuna que conozco además de la publicada por reman Ca- ballero (Cuentos y poesías populares andaluces, Sevilla, 1859, pág. 389), que, sea dicho de paso, es inexacta, cuando menos por haber olvidado la co- lectora ^ue escribía en mi menor. Soy poco músico; pero se me alcanza lo necesario para responder de la fidelidad de la nota precedente, que no he querido encomendar á quien con más suficiencia musical que yo, podría acaso no aventajarme en el conocimiento de las tonadas.

-24-

EL FOLK-LORE DEL PERRO

La idea del Folk-Lore ó de los saberes populares, en su relación con el hombre y los animales, va adquiíiendo tal incremento entre los hombres más eminentes de Europa, que no dudamos constituirá en breve una nueva ciencia que amplié y perfeccione los conocimientos adquiridos hasta hoy en la Historia Natural.

A primera vista parecen inaccesibles ó de poca utilidad estas investigaciones, pero cuando vemos á sabios distin-

fluidos de Inglaterra, Portugal, Francia, Italia y Alemania, ijar sus miradas en los cuentos, creencias, preocupaciones, refranes, proverbios, cantares, etc., de pueblos diversos, y deducir de su estudio grandes enseñanzas, para desentrañar la civilización de los pasados siglos, no pedemos menos de fijarnos también en aquella idea, puesta ya en práctica en las naciones que han tomado la iniciativa en este nuevo gé- nero de estudios.

Bajo tres diversos prismas, á cual más interesantes, po- demos considerar el Folk-^Lore de los animales.

i.^ Para perfeccionar la historia zoológica del individuo que analizamos.

2.® Para conocer el sentido mitológico y fantástico de las creencias y preocupaciones del vulgo, que influyen so- bre la imaginación de las gentes masó menos ilustradas.

3.® Bajo el aspecto filológico, que nos hace remontar al origen de las lenguas é idiomas primitivos y poder apreciar el valor onomatópico é ideológico de los sonidos, voces ó palabras con que se designan aquellos seres.

Solamente estas tres maneras de con>iderar la idea del Folk-Lore ó saber del pueblo convienen por hoy á nuestro propósito en el objeto que motiva este artículo, que es úni- camente expresar lo que independientemente de la Ciencia piensa y gráficamente dice el pueblo acerca de uno de los animales más numerosos y adheridos al hombre desde la más remota antigüedad. Vamos á exponer algunos ejemplos respecto á la importancia del saber popular bajo los tres as- pectos indicados.

Había oido decir varias veces que el erizo se llaD)abael buey agostizo, cuando ni uorsu tamaño ni su forma h^bia re- lación alguna entre esos dos animales, de especies completa- mente distintas y que en la escala zoológica ocupan órdenes

95 -

tan diversos, aue ni aun pueden compararse. Pues bien; ha-r ilándome en el campo, en una noche de luna clara y apacible, un bramido semejante al del buey, aunque no tan fuerte y profundo como el de este animal; lijando mi atención en aquel ruido, que se repitió varias veces, traté de investigarlo, y preguntando al capataz que me acompañaba sobre lo que se- ria, me diiigió ul lugar en que se oyó, donde adquirí el con- vencimiento de que era producido por un erizo (erinaceus en- ropetís): después supe, por explicación de algunos labradores, que aquel animal se expresaba así en su periodo de celo, caso tan frecuente, que todas 4as gentes del campo lo cono- cen. ¿Será la semejanza de aquel bramido con el del buey, lo que haya sido causa del nombre popular mencionado? Es probable; y, sin embargo, una sola vez lo be escuchado, y aunque generalizado el conocimiento de este hecho entre los pastores y ganaderos, es completamente desconocido de los zoólogos. Ese conocimiento, pues, de nuestro pueblo explica una frase, dicho ó denominación popular, y es un dato im* portante para el naturalista.

En la América central empiezan las lluvias en el mes de Mayo, son casi siempre diarias y caen en ciertas horas de- terminadas; pero antes de su comienzo atraviesan el aire, de Este á Oeste, unas especies de grullas que llaman aza^ euanes, precursoras de aquellos cambios meteorológicos: entre los naturales europeos y los indios, hay sobreesté fe- nómeno multitud de fábulas y preocupaciones, que serian dignas de estudio bajo su aspecto mitológico, literario y científico.

Los ornitólogos, y el pueblo francés en general, llaman al cuclillo con un nombre casi igual al que nosotros le da- mos, ó sea con un simple cambio de vocales: coucú en Fran- cia y cuco en España; y, sin embargo, la denominación co^' (nombre ó vocablo con que la nación vecina designaba antiguamente al cuco) se aplica allí al marido burlado por su mujer, mientras que en España tiene una acepción com- pletamente distinta. Este hombre es un cuco, dicen en An- dalucía para designar á un individuo astuto, listo, avisado y que sabe escurrir el bulto, guardar la ropa y conservar el número uno. De aquí la copla:

aSoy de la opinión del cuco, Pájaro que nunca anida, Pone el huevo en nido ajeno Y otro pájaro lo cria.»

El Cuco ha llamado el pueblo andaluz á uno de nuestros más famosos banderilleros, designando con este apodo la ha?*

4

- 26 -

bilidad del díeslro en burlar al toro: el cuco (de que se deri- van las puliibt'us cuquería y cucada, stiiúiiimas de urdid, tra- vesura, liectius casi BÍempre con fin egoisl:^) ha sido U[i pá> jaro predilecto para los Tiñcíonados al l'olk-Lore. El seDor D. Manuel Murnuin, en el magiiüico articulo titulado El Folk-Lore gaüpjjn, mauiñcstii h.<bfr jiit;:t<l<> de pe()ueñi> un jue^i nn que üe ciitiüinirib^ii Vas cüit'liciuues prutetioíis i]ue Mr. Williafii Thoms utiibuia á este p;ijar<>, en uua curta que La Enciclopedia, revista de Sevilla, ha si'lu la príioera en dar á conocer en España: a({ui las versillos citados por el distinguido autor de la Historia de Galicia:

Mr. Eugenio Rolland, en su excelente obra Les oisseaux eauvages, dedica también un pequeño capitulo ni pájiiro de que nos ocupamos, y, se^un me iiidjcu mi hijo, iipasiun.idu pur «ate i<éiiero de estudios, la Suciedad in)j¡les<i dwl Folk- Lore ba publicado la Historia popular del cuco (Popular hisloTij ofthe cuckoo) pnr James Hardy; habiendo dado á luz también una revista inglesa uu articulu que lleva igual titu- lo que el presente.

B:ijo el aspecto mitolóf^ico es inmensa la importancia det Folk-Lore acerca de los atiiniales: el hecho de ciisUr ya publicadas, no sólo la Fauna popularde la l-'raHcia por eL citado Mr. Rolland, en cinco tomos, sino la Mitología zooló- gica úe naeslra fi\siinga\do consocio Angelo de Cluberuatis, escrita en inglés y traducida ya ul francés y otros idio- mas, según nos indican, es bastitnte pruebu de nuestro aser- to. Los animales, que han sido deificados y áuu se veneran en algunos pueblus salvajes, hánse convetlido ya en per- sonajes (le los cuentos del pueblo, que interesa estudiar como reminiscencia de aquellos primitivos tiempos.

No menos importantes que los anteriores aspectos es, como se comprende, el lado filológico de estos esludioü; la palabra alouelíe (alondra) ha sido un precioso motivo de investigación para los cellólogos, y en los nombres vulgares de nuestra fauna popular estamos seguros que han de bailar nuestros ilustres consocios, los Sres. Oarcía Blanco, Arrese y Vidal, minn fecund.i para sus exploraciones ñlológicas. Sabido es i|ue, no ya los uombres, sino los mismos gritos y cantos de los animides, y aun las interjecciones con que los llamamos y estimulamos, son elementos de inmensa valía para los que estu>lian cienliticamenle el origen de los idio- mas. Véase á usté m-opósilo la delicada distinción que el se- ñor (iarcia Blanco Jiac« entre los verbos arrear y jhm

■yjharnm^

27 -

ambos de origen hebreo, y el estudio que de la voz arre hace el eminente Tylor en su obra Primüive culture.

CANIS FAMILIARIS

Uno de los mamíferos domésticos más importantes, fac- tor indispensable en la vida de ios pueblos actuales, es el perro (gos en catalán y can gallego), cuyo origen no está bas- tante averiguado, porque no sólo la tradición y la historia no concuerdan en la época de su aparición en la tierra, sino porque sus restos fósiles se hallan en las cavernas confun- didos con los de otras especies análogas, sin que sea posi- ble distinguir sus osamentas de las de aquéllas, ni aun en las especies vivas sus caracteres anatómicos y fisiológicos.

Las cualidades morales del animal que nos ocupa, y sus condiciones de sociabilidad, sirven más bien que las físicas para distinguirlo de otras especies análogas: entre estas con- diciones descuellan, como las principales, la fidelidad; bien lo da á entender la copla que dice:

«Si el querer que puse en ti Lo hubiera puesto en un perro, Se tiniera etrás e mi.»

y su amor al dueño:

«Más vale querer á un perro Que querer á una mujé, Que ei peiívro quiere á su amOf'P etc.;

á las cuales se une su adhesión á la familia y á las personas ue frecuentan el trato de su dueño; siendo tal la perspicacia e su instinto, que distingue á los amigos falsos de los ver- daderos, indicando con sordo gruñido profunda antipatía ha- cia los primeros, antipatía que reprime por respeto y temor á su amo, siquiera la experiencia se encargue de demostrar en muchas ocasiones lo exacto y previsor de aquel instinti- vo recelo.

La organización física del perro no presenta caracteres diferenciales de las del lobo, el chacal ó la zorra; y aunque prefiere, como éstos, la carne á tuda otra sustancia alimen- ticia, confórmase también con el pan, como alimento exclu- sivo; indicando desde luego su sistema dentario condiciones menos feroces que las de sus congéneres.

La predilección del perro por el hombre, y el cariño que á nuestra especie manifiesta, no puede explicarse por la afinidad de origen, pues si bien es cierto que en las primea ras semanas de la vida intra-uterina el germen dfil^errof se diferencia en nada del del hombre», .tamliiftn* toü

3

los treinta días, próximamente, empieza In direrenciRcíon de ambos, continuando hasta su completo desarrollo. Á nues- tro juicio, el dominio del hombre sohre el perro, colectiva- mente considerado, háse trasmitido por herencia de unas á otras generaciones. El hnbito ha modificado lué^o los óiga- nos de aquel animai, iiitluvendo en gran ma.neni en sus sen- saciones, dependientes del grado de evoluciou de su sis- tema nervioso.

Lo que no acertamos á explicarnos son los encontrados conceptos que el pueblo tiene del perro; pues mientras unos ensülzan la bondad de sus condiciont-s morales, utros las deprimen hiistü bd punto, que CDiisideran las palabras pe~ rreria y perrada como sinónimas de una mala aceioii, lle- í;ando hasta á dar á la palabra perro ó /ierra, considerada como adjetivo, el sentido de pervei-so, perversa, etc., utc.; V. g.:

«Estn namenqui ja perra

Me está jaciendo fiasú

Er piirgaLorio en U tierr.i.t

Este sentido domina más especialmente en las producciones populares andaluzas, aunque eu los cuentos que conÜe- nen elementos míticos, eti los cuales el perro se presenta casi siempre como un ser bueno, en confdrirddau, según el Irabíijo antes mencionado, con la teoria í^eueral de los in- dios acerca de tos animales: perro judio llamnn los cristíu- üos al hebreo, y perros nos llamaban los mu-iuliiiiines.

Por el contrario, y abundando en la teoría india, las cla- ses más ilustradas de nuestra sociedad consideran al perro como un ser bueno, personiliciindo ett él la abnegación y el heroiamo; pues no sólo sufre resi-ínado los ciiSti)>os y arbi- trariedades del dueño, sino que llega á sacrificar por él la vida, cuando lo considera un peligro. Enterueci'dores ver- daderamente son los numerosos cosos que se reliereti apro- pósito de la abnegación de los piirros, muchos los cua- les han pasado á la historia y son de todos cunocidua. Nos- otros vamos á concretarnos á referir uno solo, da cuya au- teotiádad estamos completamente se;^ros: cuéntase que nuestro conv^iiio el Sr. D. Ramón Villar', recaudador de contribuciones de los pueblos de la provinoia de ijevilla, cii- minandi) una vez de Utrera á Los l'alacios, muntadu en una cubidlerin, obf<ervóduriinte el trayetto que media entre am- bas poblaciones que su perro, criado por él y acostumbrado á strgairie á tudas pnrte», ompL-zó repeiitinanieiile á laditar con tal furia é Ínaisteui:ia y a morder tdii desafuradameiite las piernas del eaballot que lo ore)6 victima un a

in lOM^

- 29 -

de hidrofobia, hasta tal punto, que procurando calmar al animal con caricias y reprensiones, y viendo que ni unas ni otras producían efecto, creyéndole rabioso por completo, no sin ^ran sentimiento disparóle un tiro, dejándolo tendido en tierra y prosiguiendo su camino, entristecido y preocu- pado con tan inesperado accidente hasta llegar á las inme- diaciones de Los Palacios, en las que, sinliendo como que le faltaba alguna cosa, llevóse la mano al cinto en que llevaba el dinero y se sorprendió al encontrarse sin él. Atribulado entonces, sin precaver lo que verdaderamente habia ocurrido, volvió el caballo en la dirección que habia traído, encontran- do, con gran dolor y sorpresa, á su leal perro revolcándose aún en su sangre, no lejos del bolsillo que perdiera, y de cuya caida aquél le avisara con tal tenacidad. Este suceso, que tie- ne muchos análogos, y la idea que domina en las coplas an- tes citadas, constituyen una verdadera antinomia con la acep- ción popular dada á la palabra perrada, antinomia que no tenemos por hoy datos bastantes para resolver y que aca- so puede explicarse por el diferente papel que el perro des- empeña entre la clase acomodada, para quien es como un objeto de recreo, y la menos favorecida por la fortuna, para quien es, por lo general, una boca más que mantener y un enemigo constante del aseo, único lujo que pueden permi- tirse las clases pobres.

La importancia de los perros, sin embargo, para los cazadores y la gente de campo, acaso resuelva la cuestión en favor de ese noble animal con que en algunos pueblos antiguos se han simbolizado las condiciones morales á que se refieren las coplas mencionadas.

(Se continuará.)

Antonio Machado y NüÑez.

ENSAYO DE CUESTIONARIO

DE MR. SÉBILLOT

PARA RECOGER LAS TRADICIONES, COSTUMBRES

Y LEYENDAS POPULARES <•>

Durante mi recolección de cuentos, leyendas y creencias populares

(1) Este cuestionario que, á petición nuestra, ha remitido al Folk-Lore andaluz nuestro digno consocio el 8r. ^ébillot. con autorización expresa para traducirlo, ha sido pub'icado también en inglés en el III tomo, parte 2.*, del Arch'wo (liecordj de la Fulk' Lure Society, correspondiente á 1H81: la oportunidad de la publicación de este trabajo, i^rdadera cartilla para el xnitógrafo, es tal que creeríamos ofender la ilustración de nues- tros lectores detejiiéndonos á encarecerla.

30

en la Alt» Bretaña, he tenido frei^uente ocasión de lamentir U falla deon gula que toe indicase cuáles enn los principales asunto» de investigación. Des|jrovisto de un cuestionario, siquiera incompleto (porque la materia es inmensa y casi puede decirse inrinilu), en qua se hallasen expuestos con toda claridad los materiales que debían recogerse, tiabró dejado escapar, sin dada, muclios hechos curiosos ó descuidado la conveniencia de obligar á los cunnlí-tas á que me dÍRRen explicaciones precisas sohre lo que me referían. Un programa me hubiera sido ntilisimo para auxiliar su memoria y preguntarles algo de algunas costumbres curiosas y de algunas creeni'ias, hoy al parecer perdidas, pero subsislenLes aún en forma de reminiscencias couíiHas(l),

Kl recuerdo de los obstáculos con que en el principio de mis \a- vestigaciones he tropezado, me ha movido á escribir este ensajo

S)ue cada investigador podrá modiñc;ir y desenvolver A su arbitrio), til á la vez para clasillcar las notas recogidas j procurarse, por me^ I dio de preguntas adecuadas, materiales y documentos nuevos. Eíte I j^ogramila consta de dos partes: una, relativa á las tradiciones y le- [ yendas cristianas, dividida en ocho secciones, cada una de las ' cuales comprende varios párrafos; y otra, que puede consideraraé eomo un cueslíonario alfabético, referente á las costumbres y creen- cias; cuestionario que, como el primero, dista mucho de estar com- pleto y viene á ser únicamente una base metódica para la investiga- ción.

La tarea de coteccíonar materiales para el Folk-Lore no es tan sencilla como á primera vista parecei para desempeñarla con froto se necesitan tacto, paciencia y ana no escasa dosis de don de gen- I tes. Si no sabemos captarnos la confianza de bs personas á quie- I DAS preguntamos; si les dejamos sospeihar siquiera que algunas de F íns creencias y leyendas nos parecen ridiculas, iS no consef^uimos \ nada á sólo que nnn forjen una serie de hi.'itorias ó de cosas distinlaa completamente de las que conocen. La primera condición necesaria, por tanto, para trabajar con fruto en estas investigaciones, en saber conqnislarnos la voluntad de los cuentistas y ganarnos su simpa- tía; condiciones indispensabies para obtener algún resultado.

Ante iodo, conviene no descorazonarse por las diflciiIlBÜes del principio; ocurre á menudo, que las ¡lersonas á qníenes nos dirigi- mos comienzan poruonleslanios que uaiia saben y que en su pats no hay leyend.i^. lniiiiri<ines, ni Ciincione:* antiguas; pero si, desen-

tundii^nd - <1i' t Li I <"|.ii''^i;>, ;iiivilianios su memoria precisando

loque <l<'-' ■■■: ¡r : I" [iii~iiii'i>.', mismos sucintamente alguna

cosa, mili . . ;i; . ' \.¡- [i[|jd de aquella r^spacsla. y que,

quien ili' lith ¡1.1 I.' ii.'. i.ii.iliri uíi ^;lll•'^ nada litd, es una mina in- mensa ili- noliiins ciiríDsas.

Otra ciindíi ion, siempre útiU indispensable á veces para los que recogen la liliratura legendaria, es conocer el dialecto del pais; aun Q las provincias en que se habla undialecto uacional. tácil de com-

(1- DaUlmtmrUnBüiilalurnnliilMcnolai'n li llWrtUin r ■• p»»!* dd puaUo. . ^g_,m,„j|,^„^,j|,„i,u,cntu.>Mliiubr>diUiluiU'*nutu(mb

31 -

!>reDder por todos, haj infinidad de idiotismos ó términos provincia- es, cQ^a significación es necesario conocer á fondo. Cuando leñe- mos necesidad de pedir expicaciones á cada paso, el cuentista se abarre y procura explicarse bien ó mal en el idioma general del país, lo que quita frescura y colorido á su narración y hace que en vez de su pensamiento original nos sólo una traducción de este peu>amieiito, imperfecta en la mayoría de los casos.

También conviene armarse de paciencia. Para encontrar un cuento curioso é interesante, hay que oír en ocasiones una docena de ellos desprovistos de interés: por lo general, los cuentistas son bastante malos jueces en la materia y no aprecian las cosas real- mente curiosas é importantes; es necesario agotar su repertorio, y recoger lo bueno y lo mediano para elegir después lo que parezca mejor.

Muchos aficionados á literatura popular limitan sus investiga- ciones á puntos concretos y determinados, descuidando por comple- to los demás; por esto no es raro observar que los que se dedican á recoger canciones, por ejemplo, no se cuidan para nada de los cuentos, y vice-versa. En nuestra opinión, conviene ocuparse á la vez de todo y llevarlo todo por delanle, como decirse suele; así lo bacen, en efecto, los narradores que, después de referir una leyen- da, proponen adivinanzas ó cantan alguna copla. En cuanlo á los re- franes, brotan á cada paso en la conversación ó se encuentran inter- calados en los cuentos y leyendas, de que á veces forman parte integrante.

Á nuestro juicio hay aún mucho que recoger en las campiñas de Francia, y casi todos los países son interesantísimos de explorar bajo el punto de vista de las tradiciones. Pero acontece con frecuen- cia que los habitantes de una región, aun los más instruidos, no se aperciben de ios cuentos y creencias que circulan en torno suyo. Al comenzar mis investigaciones en la Alta Bretaña decir á todo el mundo que nada encontraria, que trabajo sería inútil y que« todas las antiguas historias se habian olvidado por completo. Estas razones, sin embargo, no me desalentaron, antes bien me hicieron redoblar mis esfuerzos, los cuales fueron tan fructuosos, que en dos años pude recolectar doscientos cincuenta cuentos, más de dos- cientas adivinanzas y algunos centenares de proverbios, sin contar las canciones, formulillas y notas sobre costumbres variadas. Cuanto más nos internamos en la materia tanto más rica y fecunda la en- contramos, cosa que creemos habrá ocurrido á todos los que se ha- yan propuesto estudiar con alguna perseverancia la literatura del pueblo.

Creo también que urge ocuparse en recoger los materiales (i): el comercio de ideas cada vez más frecuente; la emigración de las mismas de un punto á otro, resultado de la facilidad de los medios de comunicación, tienden, si no á hacer desaparecer las tradiciones

(1) Conviene el distinguido mitógrafo francés con la opinión consignada por el ilus- tre tecreurío de la .Sociedad inglesa del Folk-Lore, en su primer /n/'orme, deque la U- rea principal más importante de aqueUa Sociedad y de las an&logas es el acopio de mate* rialet, coiU^ing maltriaU,

- 32 - por comjilt'to. ut menos h Ira^^rormarlas y i introdnctr en Isa kytMi- das locales ekmeiitns de proi;edent;Ías muy diversas. De Umuutar es i}tn! no baya mi Framna tina Revista est>e<'.ial consagrada á Is re- copilación de la lilf^ratura legfntlsria en «ns formas má» cutuptejas: cuernos, tradiciones, coslumbres, canciones, ndiviiian7.as, prover- bios, etc. Hay iliseminailos en las provincial^ algunos tiumlif es de buena vulaiUaü que retoitihan guslcisos p1 resultado tie sus iiivesti- gaciottM á una publicación de enta iiidoU>, cu}8 lectura inspiraría i muctios el deseo. i?n qtie liasU ahora no han pensado, de entre-

Sarse al estudio de las tradiciones, estudio que. una vez domina- 0, coRsIilnye una ocupación muy etilrcLeiiida- La Revista Urtuñ- ne, dirigida por los Sres. H. (i<tido'¿ y E. Rolland, igue ya be ulili- lado para la redacción de este ensayo, tiabia ya ejercido innuencia en e) desarrollo de estos esludios, y es indudable que, á baber COD- tinttado, bubiese acabado por conquistarse un onmeroso público. Su desatiaricion lia dejado un vado que espero ver muy pronto Hfr- üO, ya con iinu Sociedad de oslndios legendarios i)oe puMique $ns Memorias i.i). ya con una Revista de literatura poi)ubr, boy masque ■unca COR probabilidades de éxito.

CUESTIONARIO PARA RECOGER LAS TRADICIONES

1.— MüNUMENTOS PREHISTÓRICOS. (DÓLMENES, TÚMULOS, MF.MIIItES.l

1 Qui* nombre les dan los campesinos?

2 A quién se atribuyo su construccioiv?

3 Ilny almas en iiena, duendes ó hadas que Ior habiten ¿ hayan ba-

nilado, y se prtísenivn i »eci'« por la noche?

i Se ciee que »i íe destruyeran sobr-ívemlrisn males al destructor?

5 Cnéntan«eU'¡renilii$ alusivas á este asunto^

C Exiiti'n debfijo de estas consirocciones uwotos ocnlloí ó perso- nas enterradas?— Medio de procurarse los tesoros sepuiUidos.

n.— flECUEnOOS UISTÓÍIICO&.

t Ilúdase de nnliguos habitantes del iinis; qnt^ nombre fe les da? S lia habido combates en f\ país?— Qué se cuenta de ellos?

3 Hav leyendas referentes A losantiguus castillos?— Recuerdo da los

derechoí feo-lales.

4 Hay personajes históricos en la provincia cuyo nombre circnle do

líoca en boca, citándose sos hechos y haitañas 6 reflriéudose las leyendas de que son tiéroes?

I LaformaelAn ilol FnOt-tjire dpFmnfli

- ... ... Lt maUrin (■> linporUililn ei

in hKhn. tt*r«d á !■ InlcIMIn

~ 33 -

5 Recuerdos de las gnerras con los ingleses, de la Liga, de los Chua^* nes, de los corsarios j las invasiones. (1)

III.— Hadas.

i Se cree que existen todavia?

2 En qué época desaparecieron; si se cree que deben voher.

3 Con qué nombre se las designa?— Tienm nombres propios?

4 Dónde habitaban; cómo se llaman sus moradas.

5 Se les atribuye la construcción de edificios? 5 Qué hacian las hadas?

7 Hadas benéficas y maléficas.

8 Los dones de las hadas.

9 Lo que las hacia visibles ó invisibles.

iO Lo que se les ofrecia para tenerlas propicias.

H Danzas circulares de las hadas: dónde y cuándo se celebraban.

12 Cuál era el traje de las hadas?

IV.— Duendes y animales duendes

i Existen duendes todavía?

2 Qué hacen; son buenos ó malos?

3 Dónde habitan.

4 Su nombre, su aspecto y formas exteriores. (2)

5 Duendes que se trasforman en animales, ó animales duendes.

(Bueyes, gatos, caballos, etc.)

6 Medios de tornarse propicios á los duendes.

7 Medios de preservarse de ellos. (Agua bendita y esparcir mijo y

chícharos.)

8 Duendes diversos y bestias errantes. (La bestia blanca, el caballo

blanco, gallinas negras.)

V.— El Diablo.

i Formas bajo que se presenta; su cabalgadura, sus nombres; por qué signos se le reconoce.

2 Créese que es peligroso llamarlo.

3 Cómo se hacen los pactos; cómo se rompen.

4 El Diablo engañado con frecuencia.

5 Cómo se va cuando se le ha engañado ó ha sido exorcizado.

6 Compra niños?— Acude á ahogarlos?

7 Viene á llevarse las gentes.

8 Apariciones del Diablo en los bailes.

9 El Diablo puesto al servicio de una persona determinada. 10 Lugares en que no puede entrar.

;i) En España, tm vez de esto, debe pre^^antarse por los recuerdos de las inierras ooe hemos sostenidos con los diversos invasores, y especialmente con los árabes y franceses.

d) Aqui eiU «1 8r. SébiUot una Mrle de duendes de la Alta BretnAa, cuyos nombres, cMBo el lectorcom prenderá, son intraduelblte.

5

34 -

11 Objetos benditos de que tiene qae despojar á las gentes antes de hacerlas entrar en el Infierno.

VI. APARiaONES NOCTURNAS.

1 Sitios donde especialmente se verifican.

2 Nichos colocados en las escaleras: su significación.

3 Hombres blancos.

4 Lavanderas nocturnas.

5 Coches fúnebres, fantasmas funerarios.

6 El carromato de David, la caza de San Humberto, la caza de Ar-

turo.

7 Damas blancas.

8 Apariciones diversas. (Fuegos fatuos, luces errantes.)

VII. Aparecidos y visiones.

1 Lagares preferidos por las almas en pena ó aparecidos.

2 Sus formas.— Hora á que se aparecen.— Hora á que se retiran.

3 Por qué vuelven.

o) Para peílir misas: para exigir el cumplimiento de alguna pro- mesa que han hecho; para pedir que se pague niguna deu- da conlruiüa por ellos; para pedir que se les enlierre en sa- grado. 6) Para cumplir una promesa; para exigir el cumpliraienlodela que se les hh-jera; para hacer penilen-ia: para avisar á los vivos. c) Sa«jerd(»les que vuelven á esle mundo para pedir que se les encomiende una misa (l);para pedir que se les abone una misa que no han di-ho i Almas en pena ó aparecidos de cementerio; su costumbre de arro- dillarse sobre los sepulcros; sudarios que se ven en el ce- menterio.

5 Noches en que más especialmente se aparecen.

6 Medios de librarse de los a|>arecidos.

7 Visiones ó signos que anuncian el cumplimiento de un hecho que

se verifica lijos de nosotros.

8 Apariciones en el aire.

VIII.— Sortilegios v rrujos.

1 Existen los sortilegios?— Medios de hacerlos.

2 Quién puede hacerlos ó deshacerlos. (Mendigos ; hechiceros).

3 Medio de librarse de los sortilegios; preservativo coulra ellos.

4 Hay brujos ó hechiceros?— Su papel, su poder, modo de hacerse

brujo.

5 Dónde se reúnen los brujos.— Cómo van al sábado ó jixnidi noc-

turna que se supone celebran este dia.

(1) Pour demander, dice el original francés reflriéndOM á los sacerdotes (le» pre^ tre$) qu^on leur paie une meeee qu*u$ n*oru pa» dite.

35

6 Libros de hechiceros. (Le petü Albert.)

1 Animales que los acompañan ú obedecen. Los conductores de

lobos ; de ratas 8 Yerbas de que se sirven; yerbas mágicas.

A. Hachado y álvarez.

LOS CANTES FLAMENCOS

H. SCHTJCHARDT

De poco tiempo á esta parte, ha brotado ft'lizmente en Sevilla, del seno de una generaüo (equivoca, la añcion al estudio de la lite- ratura popular indígena. Fernán Caballero (1), buscando con cari- ñosa diligencia y coleccionamlo fábulas, canciones, enigmas, pro- verbios y costumbres de los andaluces, proponíase exclusivamente fines estéticos y morales. Emilio Lafuetitey /alcántara, en la colec- ción de su importantísimo Cancionero popular (Muáriú, \S&b), ca- yas dos terceras partes se refieren á Andalucía (2) y Aragón, recono- ce ya el valor cientfñco de Ihs canciones populares: mas ni en Espa- ña acoiitei.'e lo ipie entre nosotros, ipie, [lor una impreSiindible ne- cesidad, un übro engendra olro libro, ni allí se ba considerado pre- ciso dirigir expresamente la alenrion á cosas que en otros países, por su escasez, hnbi»*raii podido pasar desapercibidas, pero que en Sevilla inundan toda la atmósfera, como el perfume dfí azabar en la primavera. Y aunque impulsos inmediatos tan enérgicos, sólo obran en general sobre las facnllades poéticas, se han combinado esta vez con aptiindes críticas, pre.isamenle entre aquellas personas que, de- seosas de secundar á la Insliliicion Ubre de Enseñanza de Madrid, aspiran á ensanchar en todas direcciones el burizonte nentifico de sus compatriotas.

La tarea de dará conocer los trabajos extranjeros, a la cual se dedica preferentemente la Biblioteca Cienlíliro- Literaria (colección de traducciones de obras científicas), ha de influir de beneficiosa ma- nera en la literatura popular y en el método comparativo, todavía poco extendido en España. En realidad, de los abundanles recur- sos que acerca de esta materia le han ofrecido otros países, poco ha penetrado aún en Sevilla, siendo en general pobres en obras ex- tranjeras no sólo las bibliotecas públicas, sino también las parti- culares, ritmas por otros conceptos (al lado de las conocidas de D. Fer- nando de Gabriel y Buiz de Apodaca, D. José María Asensio y Tole- do y otros, debo mencionar la de los señores Sendras,~Cervantes 17,— que^me parece muy bien surtida respecto á lo popular de Anda- lucía). Reflexiónese que no sólo hay que traspasar los Pirineos, sino

(1) Guando en lo sucesivo cite este nombre, me refiero á los Cuentos y poesías foptiiares andaluces. —Sevilla. 1869.

(2) El primer tomo oonUeue las seguidiUas; el segundo las coplas, y éste se cita sin numeración.

también Sierra Morena, y que la falla de interés qae encoentra en Ma- drid este género de estudios ejerce [i<!rnicío!(a ínlluencia en las provin- cias. Tan escasa ramiliaridad con lo hecho en el eKiranjero, ; la indi- ferenüia del público en general, son, aparte otras circuuslancias, obs- tái;ulos poderosos para el eficaz desarrollo de estos estudios; por eso tos que no retroceden ante acjni^llos tienen derecho & nuestro Re- conocimiento, y á.nueíilra indulgencia además, por las fallas en que puedan incidir. Á nosotros mismos, dedicados á estas investigacio- nes desde baca mucho tiempo jt con acertada dirección ;; prepara- ción sólida, con buenos instrumentos y riqueza de materiales, las cuales nos hacen incurrir ten frecuencia en lo mecánico, se nos es- capa fácilmente el mérito eslas composiciones espontáneas.

Con interés creciente cultivase en La Euciclopeitia el etudio del Fotk-Lore, á que consta ntemen te se dedican articulo'^ en U Stetion de l.ileriitura popular, circunstancia que baria deseable que esta re- vista se convirtiese en una Anilnlucia, merced i lo cual se apl'esu- raria su divulgación en el extranjero; acabo, sin embargo, de saber que va á entrar como muchos, como casi todos lo« periódicos do España, en el camino de la'polilica. Esta tíevi4a cieiilllico-litera- ria, sostenida principalmente por jilvenes, habia sido creada con la idea de llenar en cierto modo el vacio que dejara por su desapari- ción la excelente Hevúla mfnsuúl de Filtisnlla, Lileyítura y Ciencias, de Sevilla. (Seis lomos: 1860-187-1.) Entre los eticichiietl islán citaré á Francisco Bodriguez Marín, que espero ha de darme proiiti) oca- sión para hablar muv bien de su Cancioiirro, y á mi amigo Antonio Machado y Álvarez, director de la referida ieccion, y que propaga estos estudios bajo el nombre de Demólllo; asi le llamarii en lo su- cesivo. Kaceya diez años que la Musa de la poesía popubi' k- suiírie cou seductora mirada: él escribió numerosos artículos en la Aci'ufii citida, en La Enciciopeilin y en otras Revistas y periódicos, J pu- blicó en años anteriores, como libro aparte, la Culercion di Entg- mw ¡f Adiviiiamns.y ahora la Colección áe Cantth flamrnroi t\), que es la primera cok-ccion de esta clase, como dio á luz con cierta limi- dez [Hevitíii citada, aüo !1, pág. ili) anteriormente este gúnt-ro de cnHcioaes en 1870.

Sobre cantes llamencos pienso yo con^renciar con él agrada- blemente por escrilQ, asf como en 1S79 muchas veces hemos comu- iiicadü de palabra nuestros pensamientos sobre los cantes, cuyu co- uocimieulu debo al café de Silveno, y sobre otros asuntos análogos. El Prólogo y las numerosa» y en parle extensas notas serán parti- cularmente tenidasen consideración.

Primeramente la expresión Cnutes Flameiiras merece una con- ferencia pnilimínar. Canio es una canción cantada, y vli tanto sinó- nimo de canUí, cantar, ninaoii; pero cualquiera, sino lal que pa- sa por Üiimenca. Confiero que no estoy bástanle enterado de la e\- laníinn del sígnitlcaUo de la palabra.

Compárese:

- 37 --

Lapuemtk, i, 160,3 ¿Cómo quieres qae tenga

Gu^o en el cante, Si la prenda que adoro No está delante?

Demófilo, 58,308 Te den un tiro y te maten

Como sepa que diviertes Á otro gaché con tu cante.

Tampoco es para mi completamente clara la formación de esta palabra andaluza. ¿No puede estar naturalmente en lugar de eanto^ como, por ejemplo^ a'M« en lugar de ¿tf/u/o??Podremo8 ver acaso en cante lo que sigue á la exigencia cante usted? (i). (Comp. en franc. rendez-vous.) Flamenco quiere decir en primer lugar gitanOy gita- nesco. Demófilo cree que el origen de esta denominación es des- conocido, «pues no huy prueba alguna que acredite la opinión de los que afirman, ora que con los flamencos venidos á España en tiempo de Carlos I llegaron también numerosos gitanos, ora que se trasladó á éstos en aquella época el epiteto de flamencos, como titulo odioso y expresivo de la mala voluntad con que la nación veia á los naturales de Flándes» (Pág. VII). Él habla hasta de la posibilidad de que los andaluces hayan llamado asi á los gitanos por su color, que es precisamente el contrario del blan- co y rubio de los de Flándes, como efectivamente es muy usual entre ellos esta jocosa inversión; por ejemplo: t hace mucho frió» por «hace mucho calor». Sin embargo, á no me queda duda de cuál sea el motivo de designar á los gitanos como á los na- turales de Flándes. Muy bien se les pudo nombrar por el pais de donde vinieron, ó pareció que hablan venido, así: egipcios, bohemios; y también la expresión zíngaros, aunque su primitiva forma athis-- ganos pertenece á una secta, se refiere á su antigua mansión en Armenia. Los españoles no han indagado la procedencia de los gi- tanos más que hasta Alemania, y se justifica esta manera de ver porque fueron echados de aqui en el siglo XVI, y por esto aumentó ootabiemente su número en España. Miklosich, Sobre los dialectos 1 migraciones de los gitanos en ¿uropti (III, 42), muestra en^a len- gua de los gitanos de España elementos griegos, eslavos y ruma- nos, ninguno alemán; pero ¿hay razón para afirmar por esta via negativa, que de paso siquiera se han detenido entre los alemanes? Forestóse les llamó primeramente en España germanos y flamencos; porque se confundían los naturales de Flándes con los de Ale- mania. (Véase George Barron, The Zincali or, an acounl of the Gipsies of Spain, London, 1841.) Germanos se llamaron también en- tonces los rateros industriosos, y de squl germania^ jerigonza. No hay que pensar, naturalmente, que esto primitivamente, como se nos presenta en los romances de Hidalgo y Quevedo, deje detener relación con la lengua gitana, puesto que, por el contrario, ésta también empleaba jerigonza.

(i) Comps. Caball, 299, 1. Cantt usted, compaitrito,

Cante ust^d, vamos cantando, Que si usted no sabe eoplas Yo se las iré apuntando.

Dieí;. El. wib. [ * Dicíionario etimológico, II, 1371. sostiene la identidad de ffirmono, ralfro, gitano, con germiitins, hermano, y dice: lEs una mala inteligencia derivar gprmanla del nombre pa- tronímico germniiuí, porque contenga la lengua de Ioü gitanos un número de palabras gótican;* prescindiendo de este fundamento, creo que eslá equivocado. Segtin esto, flnmemo y gitano son pro- piamente Kindnimos; maií h;i llegado á esiahlecerse una cierta dí- feronda, Gtíñtia es de mAs uso, se emplea rou frecueni^ia en signifi- cación metiiKrii'.a {adulador, asliito), y en general ne aplica bien i estopeantes ¡en particular síf^uifív'» gUannii; mientras que nunca he encdiilradn la expresión sigmrigax flumenra»]. Flnmeiuo designa conprerereni'ia lo parecido á gitano, agitanado ícomp. Demóf. pá-

flna TI: flamenco »f emplea tuflueniido ile agiUmadn): asi Re dice B una jdvfii que en su tr.ije y en su presencia manifíesla (odo el I aire de lozniil» de las gitana-': tes muy flamenca* (1). Los i-niili's Himeneos, que g>'neralm<'nie sólo en Andalncta eft- Un en su elemento, no son en manera alguna gitanos puros con tvlacion al lenguaje; son, por tanto, agitanuilos, Pero i^stii^i pueden nr asi de dos m¡ineras-. 6 representa mío el elemento giUiiio i-on- . vertido en andalur, d el andalnE adornado y ni<'Z<'.líidn con lo gi- [ taño. Esli) exige una muy detallada investÍg.ii'Íou, y yo me atengo F aalarulmente a los mal('n'al>'s que me nriv<» Demi^íild. 0>gAmo>le L primeramenie: Ya piilíi fíírÍN(iiril;ida, II, ^174. ilicf: Sean fl'osoima BiPZiHn de elementos h'ternKi^neosaiiiiqiiH tilines: un resultad» del I Contai^to en que vive la clast- bjjiidel pui-lilo iii>d.iluZ'-nii el inisterio- tfí y desconocido pueblo gitano;" aM como (ti. Fl. Vil): Que en tHloí [ ihiin venido á mt'Ki'bise, 6, nnj'ir dirtin, í ¡im;ili;;iTii;ii-se y A con- I fiin>lit"ie \3» ':on<lii'ii<ii>'~ inii'ii -.i> ilc V.t ui/.i ^nljn.i t ¡\k- \,\ ;iud!ilu/.a.* Por Linio, SI los •-.¡wu-- ii.iiu.ii.i.- iI.'mIi- -ii r,ii^.ti il.'{>.-ii<lrii áf una [ Hiezi|;i, híiv dr'spii.'s iii.i ,.i!i,ilr mn mi |>''<|""i~''* iiiunlo se dK^, (ib. IXl: a;indaln/,:ÍMili;M', -i .-;ili.' i~l:] |>;il;ilii-;i. i'i li.icu'ijilo^"* gnthimil- It», como dicen In^ rjiil.-iiliin- ili' |ii'iiri'.''ioii, irAn pi-nlieiido poco I ' poco su pntiiilivn(';ii'á<:l''r yiii'i;:iii:iliilíiil, y se convL'riii'iiii en un (¡é- i Hero rniKlo, A que ííi' sigmi-:'! .ktt.ijn d nombre d" tlainenco, como I »i«ilDitu'Mltí gitano.» ün i.i (lig. lü'i llega basta S oponer el cant« [ flamenco al cante gitano: «Al s;itir el gi^tiero gitano de la liberna al \ Cafó, se tl.1 aiidului'.ado, convnli^uduse en lo que Itny llama Hnmenco 1 todo rt mnniln.» Sfgnn ei>t(i, tendríamos, hablando quiínicamenie, l'Sna cnmbiN3<:ion biperaiKlaluza en los actuiiles raules ttamencos I '{[(lermt táseme introducir la paluhra en alemun). Demófilo señalii co- I Bo gn error de los (;)iirí.«(n«*que el cante llamenco es genuínamenie I et)p.im)U (pílg. Vli; antes bien sostiene que este gi'nero es «entre los

gt|inlares el m^nos nacional de todos* (iht., lel miónos popular iln!>lns llamados populares.* (Pág. VIH). «Tiene una esfera limitada, \ la nacido vn la tibeina y allí ha l1ef;aao i iv apogeo. k (fírrista cita- da, 1. 11, pAg. i74): iNacidoiit uiuchus veces en la taberna, y en ella casi siempre, y por plazas j campos repelidos, han eiicontrado su fillí-

w lu* m «Ka lenUdo; paro «

la racvH. 'X-oiop- S>t tO, S.

- 39 -

mo baluarte en el café; su estrella está ahora en el oca^^o, á nuestro juicio, contra loque se cree» (C. Fl. pág. VIH). Los cantan número limitado de personas: cEI pueblo, á excepción de los cantadores y aficionados á que llamarfumos dilellanli si se tratara de óperas, des- conoce estas coplas; no sabe cantarlas y muchas de ellas ni aun las ha escuchado» (C. Fl. VIII). Pero el pueblo bajo tiene una gran afi- ción á los cantes flamencos: {Rerista citada, t. II, pág. 475) «(forman las delicias de nuestro pueblo bajo, que, por decirlo así, los paladea, como una buena ópera nuestras clases acomodadas;T> pero «esta pre- dilección hacia esta música especial, lúgubre y sombría, patentiza, con la necesidad íntima ; profunda de sentir, propia de la raza anda- luza, una degradación moral^ aunque menos afeminada, análoga á la de nuestras aristocráticas clases, ardientes admiradoras de las pro- ducciones francesas. Con todo, Demófilo cree que el público de es- tas reuniones flamencas no representa al pueblo, sino á una parte del mismo; mas poruña parle se dice esto respecto a la degeneración que empieza á notarse, y por otra parece que si entre los concurren- tes á los cafés cantantes se cuenta el industrial, el comerciante, el trabajador, el torero, el terne (en ital. sgherro), el ratero, casi lodos loman parte en ellas. Creo que á la opinión de mi amig puede contestarse, lo' mejor posible, con estas palabras: los cantes flamen- cos son populares en sentido pasivo, en sentido activo Los can- tadores que se dedican á ellos, en cuanlo podemos observar, per*, tenecen en su ma>or partea la raza gitana, pero exclusivamente. Así. por ejemplo, el más célebre canluor de hoy, Silverio, cuya bio- grafía publica Üemófílo (C. Fl. pág. 172), es hijo de un natural de Roma.

Prescindamos de esta excepción, y .«ean los cantes flamencos propiedad délos gitanos. ¿Debemos deducir de aquí que lo han sido siempre? Lon giianos se apcideraron, á su aparii ion, de ciertos ofi- cios que >a existiaii, y la compet^'ncia en éstos, si no la hicieron im- po>ible, la difl/uliaron mucho. Ellos son notables como herradores, esquiladores, limpia-caballos, tosladores de castañas, freidores, et- cétera. En todo tiempo han mostrado una especial destreza y una notable inclinación á la música y al baile. Yo prescindo aquí de que con relación á estas arles, que ya en la España meridional antes de su venida se cultivaban con actividad y éxito, hayan sido más imi- tadores ó más originales; por lo que respecta á la poesía, no ha te- nido nunca para ellos valor, sino como materia y fundamento del cante. Cervantes llama á su Preciosa «la más única bailadora que se hallaba en todo el gitanismo;^ también parece que atribuye su canto á las gitanerías que le enseñó la vieja; pues si ella era rica en villancicos, coplas, seguidillas, zarabandas y otras canciones, par- ticularmente romances, esto provino de que «se los procuró y buscó por todas las vias que pudo, y no faltó poeta que se los diese, que también hay poetas que se acomodan con los gitanos y les venden sus obras. > Así pudo continuar en lo sucesivo.

Aquí puede intercalarse la pregunta: ¿qué es entonces de la poe- sía puramente gitana? Los gitanos son ciertamente un pueblo de do- tes poéticas muy inferiores, y las toscas huellas de este arte que

- 40

nosotros conocemos en ellos, indican el influjo de los paeblos entre quienes viven. De las canciones délos gitanos húngaros, que ha pa- blicado Federico Mulleren las actas de la sección filología- histórica de la Academia de Ciencias de Viena (L. XI, i95, pág. i50,) dice: cQomo se verá, el valor artístico de los productos de la musa gitana es nulo ó aun menos que nulo; sino le falta Ja cadencia j el ritmo, se debe á los modelos madgyares.»

Rodrigo Sanjurjo.

MISCELÁNEA

w <

ROMANCE CANTADO

De propósito publico este romance tal como lo he oido á una ittuchacha de Alcalá del Bio, con el objeto de que nuestros lectores vayan enterándose de que no todas las producciones populares son joyas artísticas, ni modelos de buen gusto. Agradecería á nuestros consocios de Olivares, pueblo de esta provincia, que procurasen in- dagar lo que alli se dice ó cree respecto al fondo de la tradición á que en el romance se alude.

Carmela se pasea Por una snlita alante Con los dolores de parto. Sin tener á quién quejarse. Se ha asomado á una ventana En medio de aquellos valles: ¡Ay de mi. quién no estuviera En medio de aquellos valles,

Y por compañía tuviera

Al buen Jesús y á su Mndre! La suegra lo estaba oyendo. Que era digno de escucharse. —Toma, Carmela, tu ropa. Vete á parir con tu madre, Á la noche viene Pedro, Yo le diré dónde estás,

Y le daré ropa limpia

Y le daré de cenar. A la noche vino Pedro:

Mi Carmela ¿dónde está? Se ha ido en casa de su madre, Que m'ha tratado muy mal, Que m'ha puesto d*alcahueta Hasta el último linaje. Montó Pedro en su caballo

Y fué en casa de su madre. Bien venido seas, Pedro, Ya tenemos un infante. •^Del infante gozaremos,

41 -

De su madre, Dios lo sabe.

Levántate, mi Carmela.

¡Cómo quiés que m'alevante!

De dos horas de parida

No hay raujé que s*alevante.

Levántate, mi Carmela,

No vuelvas á replicarme.—

S'anduvieron siete leguas

Sin hablarse ni mirarse.

Carmela, ¿por qué no hablas?

¿Cómo quieres que te hable,

Si los pechos del caballo

Van em bañaos en mi sangre?

Confiésate, mi Carmela,

Que yo se lo diré al Padre,

Que a la entrada de aquel pueblo

Llevo intención de matarte.

Respondióle el niño tierno:

¿Por qué mata usté á mi madre?

Por un falso testimonio

Que suele d'alevantarse.

Á la entrada de aquel pueblo Las campanas reohlecen (1), ¿Quién s'ha muerto, quién s'ha muerto? La ccAidesa de Olivares. No s*ha muerto, no s'ha muerto, Que rha matado mi padre Por un falso testimonio Que suele d'alevantarse. ^ Las campanas de lu gloria Repiquen para mi madre; Las campanas del inticrno Repiquen para mi padre; Y uii:i abuela que yo tengo Reviente por los hijares. Se acabó mi cuento Con pan y pimiento y rábano tuerto,

Y una poquilla de estopa Para que no le piquen las moscas,

Y chanfli.

ORACIÓN DE SAN ANTONIO

Carmona (provincia de Sevilla), 1882.

San Antonio de Pauda— que en Panda nasiste— en Portugal le criaste— en er purpito de Dios pericaste— estando pericando er sermón te bino un ange— con la embajá— que á lu pare lo iban á ajuslisiá— er caminilo tomaste~er berebiario te se perdió—la Birgen se lo encontró— tres boses te áxó-^i Antonio! ¡Anloniot ¡Antonio!'^ buerbe atrás— lo orviao será jallao— Santo mió— por lu ramito e flo- res—que paresca lo perdió.

(1) Reoblecen por redoblánse, redoblanse.

6

- 42 -

Esta oración, que me dijo una mujer de Carmona, de como has- ta unos cincuenta años de edad y sin instrucción alguna, sirve para encontrar las cosas que se nos han extraviado. Es necesario para ello, según la cuentista, rezarla con fervor: los guiones indican las pausas que la mujer hacía, conforme iba diciendo la oración; las palabras Antonio^ Antonio^ Antonio, las pronunciaba en voz muy ba- ja, con gran pausa y aire misterioso. Como se ve, la oración, con las cesuras indicadas, puede considerarse escrita en verso, libre unas veces, asonantado otras; usamos, al trascribirla, la ortografía más adecuada para dar á conocer su pronunciación: en ella encontrarán los lectores frecuentes metátesis; v. g.: Panda por Padua, berebia- rio por breviario, pcricaste por predicaste; elisiones y permutaciones de letras, como auge por ángel, pare por padre, e por de, y púrpiío en vez de pulpito, er por él; la s final (y téngase esto en cuenta para toda esta Sección), suena sólo como una aspiración de fc, etc., etc. De esta oración conocemos otras dos versiones; una que posee nues- tro querido amigo el Sr. D. Francisco Rodríguez Marin, y otra que nos dijo una canastillera del barrio de Triana (Sevilla); versión esta última bastante variada en su final de la que hoy publicamos.

BUENAVENTURA

Carmona i provincia de Sevilla}, 1881.

Dame la mano, saláo, Te iré la güenaventura: La jitaniya te jura Que has e afortunao. Has e mu bien casao

Y paere de cuatro liijos; lias e tené seis cortijos Toititos enarbolaos.

Tu hijo er más ergao Será paere de la Iglesia, Un talego de desensia,

Y los demás ajorcaos. Ahora la jitaniya,

Si le das una limosniya. Te acertará un secretiyo: Tus sacáis, enamoraos Andan por una chiquiya Que se llama Mariquiya; Mira si te lo he asertao.

Esta buenaventura, la primera que he recibido en verso, me ha sido remitida por mi amigo el Sr. D. Juan Fernandez, farmacéutico de Carmona, quien la recibió de la misma mujer de que recogí la anterior oración de S. Antonio, la cual manifestó á su vez haberla obtenido de una gitana. Á su ortografía es aplicable lo que dijimos respecto á la empleada en la anterior composición: la palabra sa- cáis es gitana y significa ojos. Un amigo roe asegura haberla oído cantar al piano más de una vez, y me indica las dos variantes que van en la nota.

43

PREGÓN DEL AFILADOR

Sevilla, 1880.

Me meto por calle Daos

Y sargo á la plaza er Pan,

Y me pongo en las esquinas: ¿Señores, {ciuién quié amolá? Yo amuelo tijeras,

Amuelo cuchijos, Amuelo cortaplumas

Y echo er clabiyo. Au)uelo nnbajas, Amuelo chabetas, Amuelo bisturís

Y apunto lansetas. Venir á amolar Nabajiyas de afeitar, Que el amolador ya se ha,

Y á dos cuartitos benir á amolar. ¡El afílamelador!...

La letra y música de este pregón han sido compuestas por un vendedor de flores, cuyos pregones, con su correspondiente acom- pañamiento, publicaremos otro día.

SEVILLANAS NUEVAS

Que baile D. Joaquín— alarin, Párese un fígurin. La cabesa de una salamanquesa

Y la frente dos arcos ar Poniente,

Y los ojos comíos e gorgojos; Las narises—comias e lombrises; Las orejas los zapatos e una bieja, Er pescueto la cortesa de un queso; La boca yena e biruelas locas,

Y la barba los cuernos e una cabra,

Y los brasos dos líos e cañam&so,

Y las patas— dos remos de fragata,

Y los^pies los tenía al revés. Alarin que se quite er bombín.

Estas sevillanas las cantar por primera vez el año pasado á una muchacha de unos nueve ó diez años del barrio de San Bernardo, uno de los más clásicos de Sevilla para este género de canciones. Después be oido en este año la misma tonadilla con una letra no en- teramente igual, aunque si muy parecida.

PREGÓN DE UN VENDEDOR DE ACEITUNAS

Una niña en er barcón Me preguntó esta mañana,

- 44 -

Si por fortuna traía

Aseitunas sevillanas.

Al punto le contesté:

Yo bengo de Dos-Hermanas

Sólo por traerle á usté

Aseitunas sevillanas.

PREGÓN DE UN GHOGHERO

Yorar, hijos, y orar, Que este cacho grande os consolará. ¡Á cuarto er cacho! ¡Á ochabo er cacho!! ¡Mirar qué cacho!!! ¡Batiente cacho!!!! ¡Á ochabo!.... Llebo arropías, zorzales, Suspiros, londarales. Alfeñiques, butilones, Á cala durses melones, Por un cuarto un par de botas. Que me las guiyo pa Hota Espelichao y sin una mota.

¡Qué pregón más original y más genuinamente sevillano! ¡Cuán- ta gracia tiene, y qué bien hecho está! Considerad conmigo, lectoras y lectores, la e\tructura intima de esta producción popular: no todo ha de ser estudiar las doloras de Campoamor y las odas de Nu- ñez de Arce. Después de todo, acaso sea más difícil encontrar un buen poeta, que motivo para una dolora en este pregón; dádselo á Víctor Hugo y él os responderá por mí: las chucherías que lleva el chochero en su canasto son los bombones de los niños de los ricos; pero no hablemos de esto: sien el pregón que nos ocupa no hubiese una dolora, habría seguramente un precioso cuadro de costumbres po- pulares. Para hacerlo, no necesito luces ni colores; dadme habili- dad en estas inútiles manos, y yo os lo pintaré: lo estoy viendo hecho todos los dias; no- hay más que trasladarlo al lienzo. Si el vendedor de flores es joven, por lo general, el chochero es comunmente viejo marrullero y un tanto socarrón; conoce bien el corazón humano, y mejor el de las mujeres; sabe bien que la golosina es el resorte más poderoso de los niños, y el cariño á sus hijos el resorte más poderoso délas madres: por eso comienza su pregón de tan magistral manera:

Llorad, hijos, llorad.

¿Qué madre se resistirá al llanto de su hijo, mucho más cuando éste, por la pobreza de sus padres, reúne al estimulo de la golosina el de la picara jambre no satisfecha?

Que este cacho grande os consolará.

iCómo resuena en los oídos de los niños pobres este epíteto! Se trata de un cacho grande, esto es, un gran pedazo de dulce; ¡mucho dulce! ¡qué felicidad!

45 -

cuarto el cacho! [A ochavo el cacho!

iLa dicha por tan poco dinero...! ¿Qué madre se resiste?... Pero es tanta su miseria, que la enormidad del precio la hace vacilar.... Un cuarto, dos cuartos, acaso tres... Se compran tantas cosas con tres cuartos...! El chochero, sin embargo, conoce que el terreno es suyo; sólo importa que el niño redoble su llanto.

¡Mirad qué cacho! ¡Valiente cacho!

Los ojos de ios niños se abren desmesuradamente y miran á sus madres: el chochero conoce que es suya la victoria, y repite insidio- samente:

Á ochavo!...

El drama tiene un desenlace: los dulces se compran, y la familia pasa una noche más sin luz y sin fuego....

Á veces, la miseria puede más que el amor maternal, y enton- ces el chochero, que no ha vacilado en poner enjuego las fibras más delicadas del corazón humano para vender dos ó tres cuartos de sus mercancías, continúa su pregón diciendo:

Llevo arropías, zorzales, etc.,

Todo lo que lleva en sus canastos no vale un duro, y ese duro es el capital con que cuenta para mantenerse; con él paga casa, co- mida, se viste, se calza, y ¡oh milagro! hasta se divierte en ocasio- nes. Por eso, cuando después de desplegar ante los niños, que tienen la fantasía en el estómago, la inmensa riqueza de golosinas que cons- tituye su confitería ambulante, no logra vender nada, termina di- ciendo con más sinceridad de lo que cree el malicioso público: «

Que me las guiyo pa Rota Espelichao y sin una mota.

Bomba ó gracia finarcon que excita por última vez á los tran- seúntes á comprarle, y que en no pocas ocasiones le da resultado.

El pregón que trascribimos menciona, á más de las voces fla- mencas guiyo^ espelichao y mota, que significan respectivamente me voy, sin hacer negocio, moneda de dos cuartos ú ocho maravedís, londarales y bulilones, dos términos chocheriles que ni se hallan en el Diccionario castellano de la Academia de la Lengua Española, ni hemos podido averiguar aún lo que significan. La palabra zorza- les debe referirse á pajaritos de dulce, y el vocablo chorizo se apli- ca á unos caramelitos cilindricos, como de una pulgada de largo y unas tres líneas de grueso, hechos con azúcar de lo peor y pedacitos de avellanas.

CUENTO

Este mocivé era un ciego que iba camino de Villaverde y se encontró á un toro y le dijo: ciHola, amigo! Amigo, ¿es este el ca-

4ft -

mino de Villaverde?» Y va el toro y le pegó una corná. Y se levantó el ciego y le dijo: «iEh, amigo, para decir que si ó que nó, no es menester pegar esos arrempujones!»

Este cuentecillo me fué referido por un niño de cinco años lla- mado Jesús Sayago.

TRABA-LENGUAS

La cncarachita ha caido del techo y le ha picado á mi madre la vena del hoyo del codo del brazo derecho, y yo le dije: cSalte de ahi, picarondonazo, no le piques á mi madre en la vena del boyo del codo del derecho brazo.»

Amigo mió, compra buena capa parda, que el que buena capa parda compra, buena capa parda paga; que esté bien hilada, bien bordada y bien acortapitazada, y si no está bien hilada, bien bordada y bien acortapitazada, se ilamaal hilador, al bordador y al acorta- pitazador para que la hile, la borde y la acortapitaze mejor.

COPLAS

Der sielo caiga una bala

Y que pese cien quintales,

Y le caiga en la cabesa Ar que quita voluntades.

Yo no siento el estar preso Ni arrastrar puras caenas, Que lo que siento es mi mare Que se me muere de pena.

Cuando yo esté en la agonía Siéntate á mi cabesera, Fija tu bista en la mia

Y puea que no me muera.

Á mi triste corason La pena negra lo ajoga, Que más consuelo no tiene Que el rato que por yora.

Tan solamente á la tierra Le cuento lo que me pasa, Porque no encuentro en er mundo Presoniya e confianza.

Pensamiento, ¿aónde me yevas, Que no te puedo seguí? jNo me metas en paraje Aonde no puea salí!

Á naide debo favores, Yo nasí porque Dios quiso;

-47 -

A mi me pnríó mi mare Porque le fué muy presiso.

En Málaga un malagueño, Sólo por treinta reales, Ha matado á su mujé.... ¡Que la peineta los vale!

LOS SOMBRERITOS

Ar salí los nasarenos E Santa María, Er barcón que estaba enfrente Se desprendia.

Mamá.

Ar salí los nasarenos Er Biérnes santo, Er barcón que estaba enfrente Se bino abajo.

San Juan con er deo tieso ¡Qué gracia tubo! Er barcón que se cayó No lo detubo.

Ahora que no paso yo Por debajo d'ese barcón, No se baya á desprendé Me mande á San Juan de Dios.

Cuando los nasarenos Salen de Ronda, Parecen las mositas

Perros con moñas.

Desde que bino el uso De archiduquesas, Paresen las mositas

Rompe-ca besas.

Estos son los sombreritos Blancos y selestes, Que se benden en Sevilla Gaye e las Sierpes.

Estos son los sombreritos Selestes y blancos, Que se benden en Sevilla En caye Francos.

Estos son los sombreritos Que gasto yo, Que me sirben de paraguas Y quitasol.

Desde que bino el uso De las peinetas, Paresen las mositas

Gayos con cre(t».

- 48 -

Desde que bino el uso De los porbiyos, Paresen las mujeres Arfajonyos.

PREGÓN DE VIGENTITO EL FLORERO («)

Un jardín llebo en el braso; Marvalocas, sensitivas Marimonas, siempre- vivas, Llebo las flores de laso, Llevo resedá, jarmines. Llevo la rosa de sera. Llevo treinta primaveras Cogías de mis jardines. Jarminillos, nardos y flores De toos colores.

Por la Sección, Demófilo.

» » <

Como el orden de esludios en que esta Revista ha de ocuparse es de fecha muy reciente, al menos en el sentido extrictamenlecien- tíflco que hoy preside á los mismos, creemos oportuno ir dando á conocer á nuestros leclores las obras más importanles publicadas hasta el día, de entre las muchas á ellos consagradas en los últimos años; así nos será fácil seguir después con mayor proví»cho el fe- cundo movimiento de la literatura demográfica y milográficj, que en brevísimo espacio de tiempo ha extendido su vuelo por hori/.ontes tan variados como extensos.

En esta ojeada retrospectiva, debemos comenzar por las pro- ducciones de Pitre, el insigne demógrafo siciliano, cuyos trabajos obedecen á un plan general, trazado con gran amplitud de miras y profundo conocimiento del asunto; y como otro eminente cultivador de esta clase de estudios, Z. Consíglieri Pedroso, ha hecho en sus Ensayos críticos m\ ücevidáo resumen de dichas producciones, nos limitaremos á traducir lo escrito con tal motivo por el erudito pro- fesor portugués.

«De todas las colecciones de tradiciones populares, posteriores á las de Grimm y Afanasiew, ninguna es ciertamente tan importante como la emprendida por el Dr. Pitre bajo el titulo de lUbliohrn de las Iradíciones populares sicilianas. Podemos aún decir que la obra del ilustre mitógrafo italiano rivalizará, cuando esté concluida, con las de sus dos ilustres predecesores, y que tendrá en el campo de

(i> Vlcí»Mtilo Ó Vlceiíte, autor de este precioso prcKon, es el mejor de los actuales floreros de Sevilla; muy en breve publicaré con la música otros varios pregones suyos, y acaso también su biografía y retrato.

- 40

los estadios románicos y mitológicos igual significación que la al- canzada respectivamente en el dominio de los estudios germánicos y eslavos por los libros del aulor de la Mitología alemana y del autor de las Ideas poéticas de los eslavos acerca de la ncUuraleza,

Los Once volúmenes ya publicados muestran, con efecto, la enorme masa de materiales mítico y tradicional reunidos por el Dr. Pitre durante más de veinte años de exploraciones continuadas con notable perseverancia y solicitud, faltando apenas, para comple- tar el cuadro de sus investigaciones, cinco volúmenes más, que de- ben tratar sucesivamente de los Espectáculos y fiestas populares; UsoSy creencias, supersticiones y juegos infantiles; Nuevos cantos po- putares sicilianos, y Nuevos cuentos populares. El resultado, pues, de üQ decenio de trabajo, son once volúmenes, de los cuales vamos á tratar más especialmente á continuación. Dada la extensión de nuestro trabajo, es evidente que no podemos sino indicar el valor de la Biblioteca de las tradiciones populares sicilianas. En el curso de nuestras propias investigaciones tendremos á cada momento ocasión (le citar los libros de nuestro amigo, comparando las tradiciones de Sicilia con otras idénticas descubiertas por nosotros en Portugal.

Los volúmenes I, II y III contienen los cantos populares recogidos por el autor en Sicilia y un extenso estudio acerca de estos mismos cantos. Por desgracia, estos tres volúmenes no figuran en nuestra colección y sólo conocemos de ellos lo poco que hemos leído en bre- Wsimos extractos.

Los tomos IV, V, VI y VII forman una colección de cuentos popula- res, cayo número asciende á 307, divididos en cinco series y dos apén- dices, conteniendo el último siete cuentos albaneses recogidos en Si- cilia. En realidad, sin embargo, el número de cuentos es mucho ma- yor, pues en la cifra anterior no se comprenden las numerosas va- riantes que, en la mayor parte de los casos, acompañan á cada cuen- to. Las comparaciones se limitan á las colecciones italianas; pero su valor es grande para el mitógrafo, porque vienen á llenar una la- guna qae hasta hoy existia en este orden de estudios. La colec- ción va seguida de un glosario y de una gramática del dialecto áque los cuentos corresponden, que facilita el estudio de éstos á los que no son romanistas de profesión: á dicha gramática precede un magnf- íico estudio de 145 páginas, en el cual se tocan las cuestiones más importantes que se ligan con la existencia, origen y emigración de los cuentos populares. Para comprender el valor del tesoro que el Dr. Pitre ha sabido reunir, bastará la siguiente ligera indicación.

De todas las numerosas colecciones de cuentos populares que des- de la aparición de los Kinder und Hausmúrchen de los hermanos Grimm se han sucedido en Europa, ninguna ha sido tan Justamente celebrada como la del difunto Afanasiew, así por el interés especial que ofrecen muchas de sus versiones, como porque ningún colector habia logrado reunir tan respetable número de ellas. Ahora bien; la edición de Afanasiew que poseemos contiene 251 cuentos, é inclu- yendo las numerosas variantes que los acompañan, no exceden, ba- jo el punto de vista de la cantidad^ á la del Dr. Pitre.

- 50

Puede colegirse de lo dicho CüSl será laitniíortancia de la co- lección qne nneslro aulor ha formado con tanta perseveraucia como ciencia, colección que ocupa lugar preeminente entre las )irimeras, yes indispensable para cuantos se ocupen en milografía y literatura popular comparada. V como si eslo no fuera bástanle, todavfa anun- cia para la próxima publicación un nuevo volumen de cuentos iné- ditos. ¿Cuándo se fatigará de atesorar materiales este dustre inves- tigador y cuándo se agolará la rica mina que con tanto ardor explota?

Los tomos VIH, IX, X j XI contienen una colección de prover- bios sicilianos, reunidos y comparados con los de otros dialectos de Italia y precedí Jos de una extensísima introducción. En estos volúme- nes, mejor que en otros cualesquiera del autor, se revelan la perseve- rancia, la tenacidad y el minucioso cuidado con que éste realiza sus investigaciones en el cambio de la literatura popular siciliana. Estaco- lección de proverbios, eviJenlemente la más rica de cuantas posee la riquísima literatura de Italia en esta especialidad, es el frnlo de veinte años de trabajos no interrumpidos, como el mismo Pitre con- fiesa en el prólogo de su obra. Durante esos veinte años de pesqui- sas, el Dr. Pitri penetró en todas las esferas de la sociedad, aun ea las más inaccesibles; se familiarizó con los diversos dialectos de su

Sais y con el lenguaje especial de cada industria, de cada profesión, e cada oQcio, para sorprender la sabiduría jiopular revelada en los proverbios, máximas, sentencias, dichos, etc. El resultado de estas investigaciones causa verdadero asombro. Más de 13,000 proverbios se hallan metódicamente clasiñcados, comparadas, combinados y dis- puestos de modo que puedan esclarecer diversos hechos y problemas relacionados con la vida social y tradiciones del pueblo siciliano,

En la larga y erudita introducción, que ocupa casi la mitad dd primer volumen, estudia el autor la historia Ue los proveí bioa desde las ópocas más remotas, determinando el verdadero carácter do esta especie de producciones de origen popular y las cuestiones que so ligan á su manifestación en los distintos pueblos y á ^u trasmigraciott de uno en otro. En ese mismo prólogo, donde el Dr. Pitre se muestra perfectamente á la altura Je los últimos trabajos de la erudición ale- mana en la materia, rehere con toda ingenuidad las diversas fases porque fué pasando su trabajo hasta llegar á nosotros, hasta su for- ma actual y el modo como lo concibió primeramente. Son esas pá- ginas muy instructivas y encierran preciosas lecciones de perseve- rancia y desinterés para cuantos se dedican á esta clase de estudios, por lo que recomendamos eficazmente su lectura. Con esta pubhca- cion ha prestado el Dr. Pitre un relevante servicio á su país y otro no menor á los trabajos de que es hoy uno de los más eminentes re- presentantes en tiuropa. Si en cada nación hubiese nn investigador del valer del Dr. Pitre, en pocos años la nueva ciencia de la mtto- grafla, boy tan inconsistente, poseerla base firmísima sobre que asen- tar sus teorías. Fmalmente^ para que lodo en esta empresa se hallase á la altura de la importancia del asunto, tuvo el Dr. Pitn^ la foriuní de encontrar en el editor Luigí Pedonei Lauriel, de Palermo, un va- leroso é inteligente colaborador, que no vaciló en arriesgar su csi»- tal en publicación no menos extensa que gloriosa para sus anioiw.» |

- 51

Con posterioridad á esta noticia bibliográfica de Consiglierí Pe- droso, eIDr. Pitre ba publicado el volumen XII de so Biblioteca, con- sa^ado á los Espectáculos y fiestas. Es también un estudio interesan- tísimo, digno de la fama de su autor.

Siró García del Mazo.

LIBROS Y artículos DE FOLK-LORE

PUBLICADOS POR NUESTROS SOCIOS HONORARIOS

CUENTOS

1. Emmanuel Cosquin. —Conto populaires lorrains, Nogent- Le-Rotrou, 1876.— Esta obra, que se está publicando en la Revista francesa titulada la Romanía, consta ya de 417 páginas en 4.o Sobre ella escribimos un articulo que remitimos á La Revista Ilustrada de Madrid, hoy suspendida, y que tememos se haya extraviado: si así no fuera, lo publicaremos en esta Revista ó en el Boletín de la Insti- tución Libre,

2. Paul Sébillot.— Cowíw populaires de la Haute Bretagne. 1.* Serie (/. Les féeries et les aventures merveílleuses, --11, Les facetíes el les bons tours.—IIL Les diableries, sorcelleries et revenants.) (Con- tes diferí.)— Biblioteque Charpentier, 1880. 2." edición, üntomo en 8. o

3. Paul Sébillot.— Id. 2." Serie. —Conícs despaysans et des pe- cft«irs.— París. G. Charpentier, edileur.— De esta obra hemos dado cuenta en un artículo publicado en la Revista Ilustrada de Madrid, número 30, correspondiente al 8 de Agostode 1881.— Un tomo en 8.^

4. Pitre, GimEPPE.—Fiabe, novelle e racconti, etc. ^Dd Prólogo y de la magnífica Introducción y Gramática que preceden á esta obra, de que se ocupa el anterior artículo, dimos cuenta en la Enriclope' día. Revista científico -literaria de esta ciudad. Véanse los números 13 y 14, correspondientes á los dias i5 y 30 de Julio de 1880.

5. Pitre, Giüseppe.— iVao?:o Saggio di Fiabe e Novelle popolari siciliane. -^[Imoh, 1873.)— Este trabajo se publicó en la Rivísta de Filología romanza, haciéndose luego de él una tirada aparte, según nos informa el Sr. F. A. Coelho en su colección de cuentos.

6. Pitre, GimEV?E. —(Anq^ienovellinepopolar i siciliane, oraper la prima culta publícale. ^VdXtrmo. Pedone-Lauriel.— 16 páginas.

7. Coelho, F. Adolphc— Coníos populares portuguezes.— Lis- boa,Travessa da Victoria 73, 1879. ^Esta obra la tenemos traducida y remitida en consulta á su digno autor. El prólogo de ella, con al- gunas ligeras notas> se publicó en la Enciclopedia de Sevilla, números correspondientes á los dias 15 y 30 de Agosto y Setiembre de 1880. Xres de sus cuentos, ó sean: O homem da espada de vínte quintsLes;

(1) CoD «1 objeto de hacer lo más completo posible este trabi^o, á que pensamos dar mayores proporciones cuando tengamos tiempo de que disponer para este objeto, rogamos á nuestros dignos consocios se sirvan enviamos una lista detallada, no sólo de lu6 Ubros, sino de todos los artículos que hayan publicado referentes á cuentos, cancio- nes y demás asuntos comprendidos bajo el nombre de Foüc-Lore,

o Coelhaereiro, y Mais vale quem Deus adjuáa tjue quem mvito ma- druga, tiati sido traducidos al iiigli^s por la distinguida señorita Heo- ríquela Monteiro, miembro de la Folk-iore Society de Londres, en el lomo IV del Archivo [Record) que publica dicha Asociación.

8. Zozmo CoNSiGLiEBl pEDROSO.— Con el lítulo de Folk-iort Portugués, anuncia la Sociedad inglesa que acabamos de cilar la publicación de una colección de cuentos populares portugueses de este distinguido profesor del Curso superior de Letras de Lisboa.

9, Theopiiilo Braga. Utleraturn dos cotilos populares porta- guezex, estudio publicado en la excelente Hevisla italiana Ululada Ai- viíla de Lettcralura popolare, dirigida por los Sres. G. Pilré j F. Saba- tJiii.— Roma. Año de 1878.— Á esta Hevisla, que hace dos años dejó de publicarse, ha venido á susliluir la Ululada Archiño, rlc, deque da cuenta mi amigo Rodiiguez Mariii en la sección siguiente, líl ex- celente articulo á que nos referimos estaba desUnado por el Exce- leiJifsimo Sr. Braga á servir de priilogo á Oa contM populares aga- rianos.

10. GuBERSATis, Angelo hi.—Zoological }fithology or The í.í- jreniíso/'/lnifnaís.— London. Teubner, 187á.— Dos lomos en 8."— En esta obra bállanse varios cuentos citados por el Sr. Imbrianien su eruditísima adiciou i la obra del Sr. Pilré, Fiabe, ttotctíe, ele, ja citada.

11. GuBERNATis, Angelo di. Novelline di S. Slefano di Coí- cinaia.

12. DoHENico CoMPARETTi. Nov-elUíiú popolari ilaliane, 1875. {Se continuará.)

Dkmi'ifilo.

REVISTA DE REVISTAS

Revista d'Etbnologla e OlottolDgia.— £:iti'(Jo« e notai por F. Aoolpuo CiiKLKO. Fase. I-IV— Lisboa, Typogrnphin Unifersnl. 188()-«1

Prodigioso incremento lia lomado en la nación portuguesa, de algunos años á esta parle, la aücioii á los estudio» del saber popular, bajo lodas sus manifestaciones. Tlieopbilo Braga dando á lu?. (Porto, 1867) su Hisioriii dapoemí popular portuguesa y el Cancíaneiro po- pular y fíomanceiro geral poriugnfs: 1. Consiglieri Pedroso puSU- uando, entre oirás obras, sns Ctmlribuifoi-t pura ama A/ylAiiiOffíti tu- pularporlugucia {^orlo, lAiO-iWl], y F. AdolphoCoellio (Tandof conorerenla ^umíMin (París, 1874) los Romances sacrot, orajdese ensalmos populares do Miulto, y loa Romances populares e rimas infan- lis poríugufiaí en el Zeihdirill fftr romatiischm Philulogie y dan- do á la estampa, además, una excelente colección de Cvnlos popuía- rts portugtu-ies [Ltshua, 1t!70), ofrecen buenas mucslrui de ijue Portugal, lOjos de permanei^er sóido al llamamiento de la Ciencia, que descubre vastos j liosUi abara desconocidos horizontes, por nife

53

dio déla conservación y cuidadoso examen de cuanto entra en la denominación genérica de Folk-Lore, contribuye muy poderosamente á la grande obra. El último délos ilustres escritores nombrados, profesor de Ciencia del lenguaje en el Curso superior de Letras, de Lisboa, prestando á tales estudios un nuevo y relevante servicio, fun- dó en 1880 una Revista de Etnología y Glotologia, en que, con incan- sable actividad é invariable acierto, publica sus propios estudios y notas, relativos á entrambos importantes órdenes de conocimientos.

Cuatro son los cuadernos que basta abora ban visto la luz, y de ellos voy á dar una noticia tan extensa como me permita el breve es- pacio de que puedo disponer, extractando, por lo que bace á los cua- dernos III-IV, que no tengo á la vista, lo que de ellos dice Pitre en la excelente Revista trimestral Archivio per lo shidio delle tradiziotii po- polar i.

El cuad. I contiene: el Esbozo de un programa de estudios de Etno- logia peninsular, que demuestra bien, en solas las cuatro páginas que ocupa, la idoneidad del Sr. Coelho, por la gran extensión de sus co- nocimientos etnológicos. Sigue á este apreciable trabajo una abun- dante colección de Materiales para el estudio de las fiestas, creencias y costumbres populares portuguesas, que, interrumpida en la pág. 34, continúa en los cuadernos siguientes (págs. 49-108). Por via de co- mentario, á los valiosos apunlesque componen este interesante tra- bajo siguen curiosas y eruditas cuanto abundantes observaciones, que son, como dice Pitre, los documentos antiguos de estas reliquias vivientes, délas cuales aparecen ora como ilustraciones, ora como prueba de antigüedad, y ora también, y estomas raramente, como origen. Del propio cuad. I forman parte unos Ensayosde Onomatologia cello-ibérica (págs. 34-41), una discreta Revista bibliográfica (42-47) y ana página ie Rimas infantiles francesas concordadas con otras de Portugal.

Con las del número 1 concuerdan á su vez las siguientes anda- lazas:

Quien fué á Sevilla Perdió 8u silla; Quien fué á Morón Perdió su sillón.

Quien fué á Sevilla Perdió su silla; Quien fué y volvió La recobró.

Ó bien:

Quien fué y volvió

Á garrotazos se la quitó.

No menos notables son— dice Pitre con referencia á los cuader- nos II-III— los estudios históricos sobre la leyenda del Giusto giadi- do, á la cual Coelbo agrega versiones literarias de los portugueses Trancóse, Timoneda y Mornanü (siglo XVI), no mencionadas por nin- guno de los eruditos que se ocuparon de ella. El cuaderno III termina con algunos adagios portugueses alusivos á cuentos u*adic¡onales.

54 -

Continúa en el cuaderno IV (páginas 145-207) la colección Maleríates para el estudio de las pesias etc., ), dedicados los 156 apan- tes anteriores á la exposición de noticias, príiciicas, su perstic iones y proíerbios relativos al Calendario popalar. Coelho consagra los apuu- Les 157-3Í3 i lo perteoecifnle á knltdadn vtUicas y perjonai dufarfot de poderes sobrenulurules (Deuses, Santos, Odiabo, Sereías, Fadas, Olharapos, O papao, O Medo. O Deus-le-lisre, Trasgo e Trado, Fra- dinhns da mSo Turada, Pesadello, Gigantes, AnSes, Monras encanta- das eThesouros encantados. Almas penadas, Fogos fatuos, Lobislio- inens. Encantados, Benzedores e pessoas de virtnde. Saludadores, Ved ores d'agua, Amentadorcs, Entre-ntierlos, Imaginarios, Brunas, Feiliceiros e feiticeiras, Mágicos j estrugeilanles).

De todas veras siento gue la premura del tiempo por una parte y por otra la extensión ja relativamente grande de esia Revista, no me permita confrontar algunas de las noticias coleccionada» por Coetlio con otras andiiluzas similares. El ilustrado autor portugués puede estar muy satisfecho de su trabajo, que es cnriosisimo y muy importante para la reconstrucción tiístórica de pasadas civil izactoues ; revela bien á las claras «1 gran caudal de erudición y buen senti- do del ilustre profesor lisboneuse.

Archivio per lo studf o della TrsdIzioDl popolari Itiviita tfinu»-

Iraie diretU dad. l'iTitf;eS. Salomone-Mmuno. Fusc, 1 (Gennaío Marzo),— Pal eral u, Luigi Peiiotic Lauriel, eiliiore. 1882.

Sieljustorenombredequegozan en Europa, éntrelos cultivado- res ; amantes de la lileratuia popnl.ir, GiiiKeppe l'itré y Salvalore Sa- lomone-Maríno, renombre adquirido medíante la publicación de nu- merosas y muy apreciables obras, no fuese bastante recomendación d^ mérito de la excelente Bevista cuyo primercuaderno acaba de sa- lir i luz, seríalo la circunstancia de que en el Archivo colaborarjiíi asiduamente, & vuelta de alguna personalidad tan insignitloante co- mo la mía,— gracias A la bondadosa (leferencia con que me honran los directores,— muchos de los publiciütas que desde «liversos paiset han alcanzado merecida fama cultivando con gran fruto los esludioi que constituyen la Folk-l^re. Los directores de b Revista palermiU- iia bao tenido que luchar, sin duda, ánti^s de crearla, con multitud dediflcnltades anexas, en Italia como un España, i la realización de toda empresa científica; pero bien puede resarcirles de tales afanes el legitimo orgullo de haberlas orillado, dolando no ya & sa patria sino á la Europa de una Heviüta cuya necesidad hadan sentir, real- mente, (los crecientes progresos de la Mitología comparada y de la l]i.'mo-psicologf3 y el intert^-s, cada día creáentu, que inspiran las tra- diciones populares.»

A una breve advertencia A los lectores, que Pitr^ v Salomone- Marino enumeran las clases de producciones que hallaran cabida ui el .Arc/Wro ipolimorfismo de la literatura oral, vida física y m"ral de los pueblos, memorias originales sobre asuntos de la Fotk-l^re, colec- ciones de cuentos, leyendas, cantos, adivinanKas, proverbios, Idmu- las tradicionales, juegos intaotiles, usos, ceremorias, creeociaBj i

lu^

55 -

persticiones, etc.), sigue una carta dirigida á Pitre porF. MaxMuller (págíDas 5-8). Eq este notable documento el insigne orientalista y mi- tólogo aplaude la idea de fundar el Archivo y aconseja parquedad en la admisión de trabajos, pasando luego á Gjar atinadísimas reglas para colegir y estudiar las tradiciones populares.

Salomone-Marino, á continuación (páginas 9-34), comienza á pu- blicar unos Bosquejos de costumbres aldeanas (contadineschi) de Sici- lia, producto de larga observación y detenido estudio. Haciéndoles seguir de variantes y concordancias italianas, da á luz Pitre (páginas 35-69) cinco Cuentos populares loscanos, que son parte de una rica co- lección inédita, formada por Giovanni Siciliano, E\ titulado So/(ía¿i>io corresponde al andaluz de Lastren adivinanzas, publicado por en La Enciclopedia (año III, 1880, páginas 24-27) y reproducido por Demófilo en su Colección de enigmas y adivinanzas en forma de dic- cionario, Sevilla, 1880.

Al lindo trabajo de Pitre sigue uno de Reinhold Kt)hler (pági- nas 70-72:, titulado Por qué los hombres no saben cuándo deben mo- rir; es un cuento popular de profundo sentido, y del cual el docto bibliotecario de Weimar confronta cuatro versiones recogidas en dis- tintos países. Consiglieri Pedroso (páginas 73-75) da á conocer un Cuento popular de la India portuguesa (Goa) y lo confronta con una versión del Norte de la India, después de la cual el laborioso Pitre escribe un curiosísimo artículo acerca de Los ciraulos (páginas 76- 83), personas á quienes por baber nacido en la noche del 29de Ju- dío ó en la del 24 al 25 de Enero, se atribuye virtud sobrenatural, recibida de San Pablo apóstol. El ciraulo (de Kspu<j'k<:) manosea impunemente los animales venenosos; cura con sólo su saliva el mal producido por ellos, y aun, á las veces, basta su sola presencia ó tránsito para anular los efectos del veneno inoculado. El ciraulo, además, adivina lo futuro, y cuando acaece algún hecho conforme á la predicción de alguna persona, se dice de ella: ¡Es que fué ciraulo! como aquí en caso igual: Fulano es zajori {zahori). Por la circuns- tancia de asegurarse que los ciraulos tienen debajo de la lengua un pequeño músculo de extraña forma y por lo de curar con su sali- va, aseméjanse á nuestros saludadores, de quienes se dice que tie- nen un Cristo en el cielo de la boca.

Gennaro Finamore da á conocer, ilustrándolas con eruditas no- tas, seis Vmá^s historias papulares de los Abruzas (i>ig&. 83-92). El conde de Puymaigre(págs. 93-98) publica unas muestras de los co- loquios populares llamados Dayemans en el antiguo departamento ex-francés del Mosela, después de los cuales, Antonio Gianandrea y Carolina Coronedi Berii, insertan respectivamente (págs. 99-115 y 116-119) curiosas colecciónelas de Proverbios de Las Marcas y de Bolonia, ilustrados con notas explicativas.

No podia faltar digna representación á nuestra patria en el pri- mer cuaderno del Archivo, y ésta ha correspondido, no sólo al señor Machado y Álvarez por lo que luego diré, sino además al Sr. D. Joa- quín Costa, profesor de la Institución libre de Enseñanza de Madrid. Con gusto he visto reimpreso (págs. 120-125) su notable artículo In- fluencia del arbolado en la sabiduría popular^ publicado por primera

56

TPz en el diario madrileño El Demócrata, h mediados de 1880. si no rae es infiel la memoria. El Sr. Gosia prueba, por medio de refranes meleorolúgicos locales, la ínQuenuia del arbolado en los tiidromeleo- TOi. Las leyes (letsmorli7.adoras, siendo cansa de la tula de muchos monles en el Alio Aragón, ha dado el golpe de gracia á la veracidad de muchos rerranee de aquel puis, como lo demuesiraii las fraaes. re- cogidas de la misma iradicioii oral que raciliiú al arliculista dichos refranes: «El clima no es ya el mismo que áiiles; las señales del tiempo son muy oirás; csle refrán, que antes nunca «alia fallido, nos engaña aliora muy amenudo; la lluvia de tal refrán se ha convertido eti granizo, ele. etc.»

Giuseppe Ferraro da principio á la exposición de Ciiiqtumla giuo- chi fattíittUesfhi moaferrini (pags. 136-131), explicando los prime- ros XV. El de Aj Oss{Aglí Ossi) recuerda el que bajo el nombre de Penlfiniila describe Julio l'oluxenelO»oni(kfí(o(t). En la actualidad, este mismo juego Penlhalita no es en Andalucía sino el insignifican- te ejercicio preliminar de un complicado juego de niñas, llamado de Lns Cliiniix, y cuyas veínlicnatro partes me propongo dará conocer en el ;4rcAii-ü. cotrespondiendoá la ben<>voIencia de sus directores.

El juego de L'^Ambascialur es semejante al andaluz de La Vivéis la, cuya es la siguiente fórmula:

Soy viuditn, Lo mtinüa la ley, Quiero casarme Y no bailo con quién. Ni contigo, Ni contigo, Sino contigo Que eres mi bien.

uz de La Kfwto»

4

1 nuestro de los '

El de QiiiUir coniun corresponde exactamente al nuestro de los C'ualro ciiniiUoií, ó las nialro esgmfas, que tiene el siguiente diiilogo:

ó bien,

J,llnv candeluí .MIA'nrrente juiu

Ala otra fBcuela

Asimismo, el Tiramolla corresponde i nuestro rtrii tf ufioja; é t pizzicolti se lurece muclio al que juegan por aquí los muchac¡wt dicieedo: *^^

Lii tutu ru beca. El lii|0 del rey I'aaú por aquí,

I

fcclpUaUTi vel il noa amnla potcsl, ea >i

el lo nitiiu jMcut I

dfl^di.-

-67-

Vendiendo las jabas Á seis marabeís. Mariquiya la jonda, Éste, que se quede, Y éste, que s*esconda.

El de Pignpignett es análogo al en que aqni dicen los interlo- CQtores:

¿Cómo se llama éste? Pun-puñete. —¿Y éste? Cascabelete. ¿Qué hay aqui dentro? Oro y plata. Al que se ria, la matraca.

Poco difieren del juego 11 Volteggio los que en Andalucía se co- nocen con los nombres de Salto de la comba y La Piola. Igualmente es palpable la analogía que se observa entre // Topolino, ó 11 Canto iella Copra y el cuento de El Garbancito^ publicado por Demonio en La Enciclopedia (año IV).

Insensiblemente me he extendido más que lo que permite el breve espacio de que puedo disponer, aunque no tanto como merece el examen del primer cuaderno de la excelente Revista palermitana. Necesito, pues, por uno y otro concepto, que me disculpen los seño- res Salomone-Marino y Pitre, y mis amables compañeros de redac- ción en la Revista del Folk-Lore Andaluz.

Para terminar, diré pocas palabras acerca de las secciones del Archivo tituladas Miscelánea, Revista bibliográfica y Boletin 6<6fio- yrd/lco (páginas 13-2-139, 140-162 y 163-172). Ocúpase Salomone- Marino en dar á conocer los Remedios y fórmulas contra la Jettalura, grave mal inventado por la superstición y en cuyos remedios suele entrar la circunstancia de escupir tres veces, costumbre que practi- can en algunos juegos los muchachos de Andalucía, para estar salvos, y á la cual se refiere Rodrigo Caro en sus Dios aeniales ó lúdricos (DiáL V, § V) (1). Después de algunas noticias inéditas acerca de /{ Comparatico e la Festa di S. Giovanni nelle Marche e in Rrma, toma- das de dos cartas dirigidas á Pitr6 por Ludovico Passarini, y á las cuales sigue un breve párrafo relativo al concepto de Herodes y Hero- dias en la tradición popular catalana, párrafo trascrito del poema La Orientada de Pelay Briz, los directores del Archivo copian las Bases de El Folk'Lore Español, de Machado y Álvarez, no sin dedicar al pen- samiento de mi amigo algunas frases de caluroso elogio.

En la Revista bibliográfica se da noticia detallada de las publica- ciones siguientes: Li CunticeddidimeNanna, poesie siciliane, Salva- lore Mamo, Girgenti, ÍSS\; Bella fratellanza deipopoli nelle tradizio-

(1} Recuerda que Propercio llamó arcana á la saliva^ y añade: «Ante todas eosas, es cierto que para los encantos y hechlzerías usaban de la saliva j escupian tres Teses» echando tres chinos en el seno. Asi Petronio Arbitro en el StUirieo: Hoc per- acto carmine terme Jussit expuere, terque lapillos coi^icere in siuum, quos ipsa pr»- eantatoi purpura tnyolTerat.i

8

nieommi. saggiopoligloUo, Angelo Dalmedico, Vr^nezin, t88l li dfi populo reggino, Mario Mandalari, Napoli, 188!; Les Lifí res populaires deloutesles naltom. lome 1. Taiil Séhillot. Paris, l88i; Fiiane poputnire de la France, tomes !II-1V, Eugf'np Rolbiid, l'arfs, 1881; Ltége au XY.""^ stícle. Promeaadesrélrospertires, Aug. Hock, LiÉRP, 1881; Romiinceiro: CAoíJ de viettx Chnnls porlugais. Iraduit^i i.'lauíioléüiiarleComtddePuymalgre, Caris, \8Si ; t^ontribuiíoes pant urna Myfholiujia popular porlitgiifza, jior Z. Coiisiglien Peilrosu, Por- to, 1880-1881: Revista d'Efhnologia e de Glotlohgia, (lor F.Adoli>ho Coelho.fasc. ll-IIi, Lisboa, 1881; Elhnographiapf)i-tiigiieza,coslüai- bres e órenlas populares, por el mismo, Lisboa, 1881; Coleccioit de cantes flamencos, reco^idof, y anotados por Demófilo, Sevilla. 1881; Primer caneionero de coplas jlnmencaii populan-s, ele, por Manuel Bal- maseda y González, Sevilla, 1881 ; Auswahl Norwegiseher und Wald~ geisler-Sagen, Ctir. Asbjñrnsen, trad. por 11. DenlianU, Leipzig, 1881;

ÍSagnet ota Odisucnsog Polyphem^ Kt . Nyrop, Kobenhavn, 1881. ermina el cuuderno, como ((iieda dicho, con tiii extenso y minii- tioso Boletín biblwgrá^co.

Resumiendo: el Arditio para el Bstndio )le ¡as trailiriones popu- lares es nna Revista digna de la sólida repulacion cieiitfllca y litera- ria de sus directores j de la acreditada r.a'-a editorial de Luigi Pe- done Lauriel, que por el esmero, limpieza y buen gusto dn sus Ira- bajos puede competir con las mejores de Europa. Vo auguro al Ar- chivo mucha y muv buena fama y gran número de sii.-xrii:ioKes. y fe- licito lie corazón a los Sros. Pitre ySalomone-Marmo por su incan- sable acliviüail y plausible acierto en la realización de tan laudable

empresa.

OTIOIA.S ^H

El PoLK-Lons Casteliano.— Abrigamos completa segurid*d en la pronta coustilucion tiel Faiklore Castcllam^ segiiii se despreod* de la» lineasiiueáconiinuai:ionlrascribí[iios literalmente, redactadas ponmestru pai'licular amigo el distinguido cscriior popular señor Sbarbi.en El Aungtiador Uniursal, [eilia del au doSuliembre pní- ximo pasado, con motivo de ocuparse del libro Coltccion de conIm fiamettcos, recogidos y anoLados (tor nuestro querido amigo Sr. Ma- chado y Alvarez. iuiuiaiJor y primer propaga ndisla, en tspaña. di tal género de esluJíoi. Al copiarlas, tenemos uua gran saiisfaccioBt no sólo puniuu el pensamiento de ZVnKiyiío va adiiuiriendo cl de»- arrolloijue esige su importan':ia y notable ira^ccmleiicia. sino tam- bién porque, según se nota en el fondo de lo escrito, adhii-rese el Sr. Sbarhi al espíritu quo lia redacudo las linu-t ilnl F'ilk-Lore £i-

f iriW, amo en ap cartewr Interno y maperg de »r, ctua» bi.wí

59

formas constilotivas; siqaiera mauiñesté en arliculo ciertosi escrú- pulos respecto á la admisión en castellano del término Folk-Lore. aquí las líneas á que hemos becho referencia: 4 Pues bien, tal es la afición que se propone desde hace tiempo aclimataren nuestro suelo D. Antonio Machado y Álvarez (Demófilo), ácayo efecto intenta se establezca un Folk Lore en cada uno de los antiguos reinos de nuestra España, compuesto de personas observa- doras, laboriosas y dadas á este linaje de estudios, con el fin de que, recogidas las tradiciones populares de cada una de nuestras provin- cias, tradiciones consideradas bajólos múltiples aspectos susodichos, lleguen á formar en su dia un riquísimo cuerpo de doctrina que á conocer en toda su extensión cuál ha sido la idiosincrasia del pue- blo español desde su origen hasta nuestros días: pensamiento digno de toda alabanza, y al cual no puedo menos de asociarme, mayor* mente, habiendo tenido la honra ile que el introductor de él en Es- paña haya puesto los ojos en mi insignificante persona con el fin de que le represente en Castilla.»

El Folk-Lore Gallego.— Nuevos motivos de congratulación encontramos en la publicación de un magnífico arliculo, intitulado El Folk'Lore Gallego, debido á la distinguida pluma del conocido y reputado autor de la Hisloria de Galiviíiy cuya competencia en los estudios sobre el saber popular le hará ocupar un primer puesto en aquella Asociación, que inició en Octubre del año pasado, fecha de la aparición del artículo; verdadero modelo literario, que hubiéra- mos deseado reproducir, y que conservaremos hasta más adelante, para cuando lo permitan las condiciones materiales de nuestra mo- desta publicación.

Al mismo tiempo, felicitamos cordialmente á los gallegos por ha- bérseles dedicado líneas tan bien escritas, y confiamos en que todos han de responder, como merece, al patriótico y levantado llama- miento que les hace el Sr. Murguía.

El Folk-Lore Catalán.— En el deseo de dar á conocerá nues- tros consocios todas las noticias referentes á la constitución de los Folk-Lore regionales de España, no omitiremos los antecedentes que tenemos acerca de la creación del Folk-Lore Catalán,

Invitado el Sr. D. Víctor Balaguer por el Sr. Machado y Álvarez, para crear dicha sociedad en Cataluña, contestó en 20 de Octubre último, aplaudiendo sinceramente la idea general de la empresa y la particular de los Folk-Lore regionales; pero fundando en sus ocupa- ciones una cortés negativa, de que, por otra parte, nos ha consolado la grata noticia de que dicho ilustrado señor ha prometido después todo su apoyo y valimiento á la Sociedad creada en Madrid á imita- tacion de la nuestra, con el nombre de Academia Nacional.

El Folk-Lore Catalán, sin embargo, no ha de dejar de crearse bajo los más excelentes auspicios, pues el distinguido publicista se- ñor Fiter é Inglés se ha prestado gustosamente, según su carta de

19 de Noviembre del año próximo pasado, á los irabsios de ioiria- cion, propaganda y creación de la Sociedad, obra para la caal, según so autorizado parecer, se cuenta con elementos valiosos y abundan- tes, ; que, por lo tanto, fructificará bien pronto.

ElFolk-Lore Extremeño.— Merced ala activa propaganda y ge- nerosa iniciativa del Sr. D. Luis Romero y Espinosa, distinguido li- terato y abogado de Fregenal, base despertado en Extremadura la afición á los esludios de poesía popular y el deseo de promover en aquellas provincias la creación de un Folk-Lore regional.

1 coniiauacion insertamos la caria que dirigen al presidenta de nuestra Sociedad varios reputados escritores y profesores de Bada- joz, caria llena de elevados seotimienlos y qae nos hace concebir la grala esperanza de que pronto será un hecho ElFoík-LuTe Extremeño.

»Sr. D. JoséM.» Asensio j Toledo, Presidente efectivo del íWt- Lore Andaluz.

>Múy señor noestro: La idea del establecimiento en España del «Folk-Lore,* discrelamenle iniciada y sostenida por el boy Secre- tario de esa ilustre sección, D. Antonio Hachado y Álvarez, ba sido acogida en esta provincia con verdadero interés, no sólo por el pro- greso universal que acusa, sino que también, como una necesidad, casi exclusiva, de estas tierras extremeñas, de cuyos habitantes tam- bién se puede decir con sobrada razón, «que se han cuidado menos de escribir sus hazañas, que de hacerlas.»

»Animados de mayor deseo que competencia, nos hemos rea- nido en esta capital lodos aquellos que más ó miónos acerlada yefi- cazmenle procuramos el desarrollo de toda idea que tienda á pres- tar loz á la oscuridad de nuestras olvidadas provincias, y hemos acordado establecer el Folk-Lore Eslremefw sobre las mismas bases en que se ba establecido el que usted dignamente dirige y preside. *Creemos haber comprendido el objeto que tan impórtame So- ciedad se propone y que puede definirse: completar y purificar la historia, localizándola, ó sea, determinar la genialidad de las regio- nes geográficas y políticas que componen el Estado. En este caso, si nos liemos penetrado del pensamiento, pudiéramos con masó me- nos acierto desarrollarlo y ponerlo en actividad, organizando nues- tro fblklj)re más ó menos hábilmente; pero conceptuando que us- ted y sus colegas, además de su mayor competencia é ilustración, tienen hecho profundo estudio de la organización de la Sociedad, hemos acordado, autorizados por la comunidad de nuestros pensa- mientos, dirigirnos á usted en rcpresentai-ion de lodosnuestros com- pañeros, con el objeto de que se sirva facilitarnos todos aquellos an- tecedentes, detallesde organización ó Estatutos que inTormeu á la ilustre sección del Folk-ljire de su digna presidencia, á fin de que nos sirvan de guia y abrevien el definitivo establecimiento de la nuestra.

>Con este motivo tenemos Intima complacencia en ofrecernos de usted y sus colegas, con la más distinguida consideración, afecUsi- mos, ss. ss. q. b. s. m., Federico .ibarrátegui. ^Anselmo Arenas,

- 61 -

^Manuel Hidalgo. -^Miguel Pimentel y Donaire.-' Isidoro Osorio,-- Pelayo Henao.

>Badajoz, 11 de Diciembre de 1881

El Folk-Lore Murciano.— £/ Diario de Murcia^ de primero de Diciembre próximo pasado, inserta el siguiente suelto, que nos hace concebir la legitima esperanza de que no ha de ser Murcia la última región que constituya El Folk-Lore, mucho más cuando cuenta con caltivadores tan distinguidos de la poesía popular como los señores Tornel, Martin Baldo, Baquero, Caries, Guirao y otros:

cNuestro amigo el ilustrado escritor Sr. Machado y Álvarez, , nos escribe remitiéndonos las bases generales del Folk-Lore (saber popalar) Español y nos invita á la formación en esta ciudad del cen- tro regional del mismo nombre. El objeto de esta Sociedad es reco- ger todo lo que sabe y como lo sabe el pueblo; sus tradiciones, sus cantos, sus cuentos, etc. Nos ocuparemos de esto más detenida- mente é invitaremos á nuestros amigos á que formen parte del Folk- Lore de región murciana.»

El Folk-Lore Asturiano.— El Sr. D.Juan Menendez Pidal ha pu- blicado en el número correspondiente al !28 de Diciembre último, de la Ilustración Gallega y Asturiana, un artículo intitulado El Folk- Lore de Aslúrias, en el que invita á sus paisanos á constituir El Folk- Lore de aquella región, aprovechando para dicho objeto el Centro Asturiano, constituido recientemente en Madrid.

Es, por lo tanto, probable que a las Sociedades anteriormente nombradas, pueda unirse la asturiana; con las cuales y la nuestra, serán, en breve, siete \os Folk-Lore regionales de España.

Con posterioridad á las anteriores noticias, hemos recibido las siguientes:

En 29 de Enero se ha constituido en Madrid una Academia Nacio- nal de Letras populares, de que ha sido nombrado Presidente el Sr. D. Víctor Balaguer.

Personas recien llegadas de Madrid nos aseguran que el distin- guido iniciador del Folk-Lore Gallego, Sr. D. Manuel Murguía, traba- ja activamente por conseguir que sea pronto un hecho aquella So- ciedad, cuya constitución ha estado detenida algún tiempo por cir- cunstancias completamente ajenas á los nobles propósitos de su fun- dador.

Los asturianos han constituido su Folk-Lore regional con el ti- tulo de Sociedad Demológica Asturiana, bajo la presidencia del señor D. A. Balbín de Unquera, habiendo publicado el número de la

¡luslricion Gnilfaay Asiuriana (Uoj CmtábrÍca)üR interesaoley, por lo general, muy bien entendido ¡nlerrogaloriod'íñ%\áo á todos los in- dividuos corresponsales de aquella Asociación, interrogatorio que re- produciremos en las columnas de nuestra Revista, cuando estemos

aulorizadoB para ello. Felicitaoios calurosamente á nuestros herma- nos Je Asturias por el acierto con que comienzan, y nos proponemos que entre aquel centro regional y el nuestro medien las relaciones lie cordialidad propias de dos provincias españolas.

El Secretario de nuestra Sociedad prepara dos interesantes proyec- tos i\e. que dará cuenta en los números piiiximos de esta Revista: uno relativo á la construcción ile un Mupa lopográftco-tradkioHat y olro á El Falk-Lore Gremial, ó saber popular de los distintos gremios. Algu- nos obreros inteligentes están ya procurando reunir datos relativos á su arte ó profesión respectiva, para auxiliar al Sr. Machado en eaU: interesante Irabajo, habiendo merecido también el primer proyecto la aceptación de algunos reputados mitógrafos europeos.

El Sr. D. Eugenio Holland ha publicado un almanaque en que invita ú todos los milógraros de Buropa fi la celebración de un ban- quete foik-lorüía, á cuyos postres se cantarán y tocarán aires musi- cales de lodos los países. Dictio banquete se habrá verilicado el li del pasado febrero, siendo probable que ea él se lia>a trata- do de la celebración de un Congreso, en que se echarán ¡as bases del gran Folk-Lore Europeo, ó í-ea de la confederación del Fo/i- Lurf de las distintas naciones En el próximo número de esta Re- vista esperamos poder dar á nuestros socios noticias más extensas sobre el particular.»

Entre las varias cartas que liemos recibido [lie nuestros conso- cios honorarios y de otros ilii.<ttres escritores, así de Kspaña como di.'l extranjero, y que por falta material de espacio dejamos de pu- liliuar, damos cabida á las dos siguientes, de los Sres. S>;tiucbardt y SObillot, ilustre lUCIogo el primero, que en su excelente monO);raffa Die Cantex flamencos establece laa bases de la FonL^tica Andaluza, y docto uiitiJgra[o el segundo, á quien puede consídt'rarsu como verda- dero iniciador del Polk-Lora de Francia.

la carta del Dr. Si:liucliurdldice asf:

«tiraz, 30 de Diciembre de 1881.

»Sv. D. Josi! María Asensio y Toledo.

«Muy señor mió y distinguido amigo: Recibí la caris purla cual, on tt^rminos demasiado halagüeñas, usted me comuaicu que la recieu fundada Sociedad dd Volk-Lort Andalus, que tiene la suerte do estar presidida por usted, ha acordado noralirarmo socio honorario. No bastando mis méritos é hacerm>> digno de tal dií^tincion, habrán us- tedes querido tener presente la viva (■ inextinguible simpatía que me inspiran las cosas andaluzas, j ¡áevilla y los amigos de ahí, de los

- 63 -

que con samo placer encuentro muchos entre los fundadores de di- cha Sociedad. Puedo gloriarme de haber visto los gérmenes de la planta que ahora acaba de mostrarse á la luz, y á la cual pronostico rápido crecimiento y lozana ramificación.

^Dándoles las más expresivas gracias por el honor que me han concedido, les prometo que haré todo lo que consientan mis débiles fuerzas para contribuir al adelanto de la grande y patriótica empresa que han iniciado.

>Me aprovecho de esta ocasión para recordarme á la memoria de usted, y me repito su S.S. y afectísimo amigo, Q.B.S.M., UtigoSchu- chardl.i^

cP. D.— Permítame usted añadir una pregunta: Menciónase en el Quijotel^ XLI, la lengua franca; y, según veo, en las anotaciones de Clemencin, también en una comedia de Cervantes y en la Topografía de Ilaedo. ¿Supiera usted indicarme otros pasajes relativos á ese idioma mezclado, ó tal vez escritos en él— como tenemos, por ejem- plo, en las comedias del siglo XVII, negros pronunciando mal el es- pañol?—¿Usase todavía la lengua franca entre españoles y moros?»

aquí ahora la carta de Mr. Sébillot:

<i25 de Diciembre de 1881 .

>Señor Presidente: Lisonjéame vivamente el título de miembro honorario de la Sociedad del Folk-Lore Andaluz, con que he sido fa- vorecido, y le ruego tenga la bondad de hacer presente á sus colegas el testimonio de mi gratitud. Deseo á su excelente empresa el mejor éxito, y espero que, á mi vuelta á París, tendré la dicha de estable- cer una Sociedad análoga, que naturalmente estará en correspon- dencia con la vuestra.

>Recibid, señor Presidente, la expresión de mis más distingui- dos sentimientos.

^Sébillot^ miembro de la Societé d'Anthropologie y de la Societé des Gens des LeHres.)^

ir

La excelente Revista trimestral Archivio per lo sttidio delle tra- dizioni popolari, dirigida por los eminentes mitógrafos G. Pitre y S. Salomone-Marino, inserta las Bases del Folk-Lore Español, enca- bezándolas con el benévolo juicio que á continuación trascribimos:

«Hace ya algunos años que el Sr. D. Antonio Machado y Álvarez, celoso cultivador de los estudios populares en Andalucía, intentó promover la creación de una Sociedad para la recopilación y estu- dio del saber y las tradiciones populares de España; basta leer lo escrito por dicho señor y otros escritores en La Enciclopedia, Posibi- lista y Porvenir de Sevilla, y en El Imparcial de Madrid, para ver con cuánto ardor y entusiasmo habia trabajado para llevar á la prác- tica aquel proyecto. Afortunadamente, el Sr. Machado ha encontrado inteligentes cooperadores; y ahora, merced á él, el prometido esta- blecimiento de la Sociedad es un hecho realizado, pues ya en 23 de Noviembre, en una selecta reunión de doctos y científicos, discutié- ronse y aprobáronse los varios artículos del reglamento de la Socie-

- 64-

(laJ, la cual, con el tflulo de Folk-Lore Español (sic), propónese acloplar,con las modificaciones conveníenles, el ijrograoia déla Fotk- Lore Sociel]/, establecida hace cuatro años con el fin de esludiar el saber y tradiciones del pueblo.

>ÉI arlfculo que á continuación trascribimos, indica clarsmen- le los principios y fin á que aspira el Sr. Hachado con la creacioD 4lel Foik-Lore Español. De esperar es t¡ae en las varias provincias de España nazcan pronto Sociedades regionales, entre las cuales \a átí Foik-Lore Andaluz será el primero y mejor ejemplo en la península ibL-rica. Y aqui advertiremos de paso que tentamos hace tiempo pensado, y nos hallábamos en vías de constituir, una Sociedad aná- loga á la que nos ocupa, cosa que no hemos podido llevar á cabo por haberse hallado gravemente enfermo uno de los üireclores de este ArcMcio.

«Felicitándonos vivamente con el Sr. Machado por el buen éxila de su empresa, y enviando iiueí^tro parabicn á los ilustres fundadores del J-'olk-Lore Andaluz, trascribimos á continuación las Basesde la mencionada Sociedad.— Los Direclores.*

Los fundadores del Fotk-Lore Anilalit: dan las mis encareci- das gracias á los Sres. Pitre y Salomoiie-Marino por su extremada benevolencia y procurarán corresponder al elevado concepto que de ellos han formado los ilustres mitógrafos italianos.

acreditada casa editorial de Francisco Álvarez y Compañia, de esta ciudad, ha dado principio á la impresión del primer lomo de la obra Ointos populares españoles, riquísima colección preparada por nuestro distinguido j laborioso amigo y consocio el seftor don Francisco Rodríguez Msrin.

La obra con^^tará de cuatro volúmenes en 8.° mayor; las copio- sas notas que lian de ilustrarla revelan la gran erudición del colec- tor, pues éste no sólo indica las variantes de los cantos populares y explica mil particularidades curiosísimas respecto á filología, fonéti- ca, elnologia, mitología, etc., smo además señala las concordancias Íue existen entre tales composiciones y las del mismo género de taha, Francia y Portugal.

Él primer tomo de los C'tnios populares esjiañoUs contendrá cre- cido número de C(i»cioiJC3cte cuna, Himas infiiMileí, OraáoHít, Con>- jiiros y Adivinanzas.

Por la Sección, Alejahdbo Guichot.

AUVJi]RTEKCIA

Causas independientes de nuestra voluntad, entre las cuales Ugura por no pequeña parte la (alta de una remesa de papel, que aun no ha llegado a nuestro poder, han impedido que el presente número saliera á luz en Enero, como deseá- bamos. A ellas también se debe el retraso con que damos al* gunas noticias, y el no haber incluido en esta sección alga* ñas interesantes que aplazamos para el número próximo.

w«3k.zw XJ nr c X o s

.. Oburtiuifíiief Mihrf h Pz-exia fiopulitr, {lor D. Mniuiel M.\ )

iaUnnlft.— Ilsrcolana.— Un lomo.— I8r>3.

~ liomsinnTUtvnilnhu, [iftr T). M.inHcl Mili ) KaiilaiiaU.— Ilnree- ia.— Un ínroo.— 1«53

;. Awíiif.j/.fifítr ''/tíTÍlnfjf mitofogtíi g Uffi-aiitra etlfo-hiirpittiaiif ■JÍÍ.Joniii. * 'r ilch/íiíííjnriOTí /.ftfp.— (ín (oiDOm

-Vifi. ■'.'■■ I, ISSI.-FA)rs.

Jiiaft'f (luftr'ií.-j popular, tirdenadfl f ilnüM'

I ■: ■.ciiiioK's.-iííií.

' f. Vaiin, socio ffi-

•teraiu.— litól.-lj. CoUtfinH lie Eiti; lativ".) IF„ÍÍ--r.,r,-

lia. 1^ '• ■■

lav IIHi— ihr.-.*li.ii« IV Alv

. fiop I)piini)lU*,i<»fllofa<'iil- -ft M"-l'il|fí., 4UC.-SeVV

'Íq rrtiíuUalIvo iM

iii .'I iIjiIo) partí comtiiic* m 8.', (le m,Uile liiH) |>i- íJ. iiDÍ>rcuij lie A. (lonii;;

I ot-Uwiii ;m'mi)i-

, ui- Friiin-cs-'h l'fi-

lomo «1 8.»— 00

r..-,r, . I. - (.,11-,,,- ■) ! , ', -

I ■'■ FraiielKo Jtii»-

m:>i -t'rci'io.Br*.

. V XX. 177*).-l'fe-

ci... 'M--.-i,:,i.,(,,ii.,.im-,N.iit;Mlv -- r n.. fin .-AflOft dO 18-71, 187*

y lt»75,

Euüfrnc RollatiU Kai!\e pnrn.AiiiB de la Fraaci : vots» mii^

CJIIIIE!*. lJia|.>.\S. I'::.>\é:|'1 I-, M'r.fM.f?. DlSTES ET &Iii'CTl!nmc>S-

T. J. Uftnu. ■-- \V, ni»!' ntH'-I'nvio.S

fr.-T.II. / \\\\i\ \i.pnH.--Vnnm.

lorr.-T, ;i: ' <)w/.ü^«r^. m OmM^/i

(.* /pM,',i I.., m fr. "T, l\'. /j-Ji Jlim-

ini,' -I -Xll. ál6 p.-Pren«, 8

ff - lii-s, í-tliieun.

1 1 i'iiiiíani.— San SebasUan,

As.) I. \biiii. i.l; l,S«á. \i:«. i.

Il jp'oLK-LoRE Andaluz

Or^nivo do In Socicdiid de este nombri-

SUUARIO

SBTILLA.— O'DoDBBll 28.

>tAi.>rtrD ~ i»AR.íii9

mili»» '' *y}£L"''' IIIIWEVEETC."

REVISTA MENSUAL.

1 4." >- dv luipcl y tí|MB «smcjantl

l'^iiniiUrA (lu 16 jiigi liíK ilt-l jin'Bi>nlo núuH-rti.

ri tli> l«s iiintertna mnttinúliía nn lus iiríiix-rn* de Ins Uiu<(;s do £/

lo (-'«iju V ■■] testad» 1 gruliailoM, niúsiui, i-le. I i- f:t Fofk-Lore Anik

. |>ri.-vialin!Ultí

Ijoi-c KfjiaAoi. y bu íliiHti'nrá, sc^i^imcl IiiM fiiuiíoK do Ia riopimlnil lo i^imakiiUi,

S<i n-tiiirtí' gruliii :i |.>tlii!i Inn hin los quo iiinlrAn i '! Imjoaft la Juntn V-

Kl pwido til' I ¡lii'

In Socimlnd, wii.l< '.' iriLii<

IirOVini'iaB dn In [nüminíiNi un m .i, m. i^ i.. ¡-i i,.;, ¡.l

trargtín); y ilu Ib pi-B.-uii. ijur niiu mi I lUuuim. Niii jiesetu bu i-OotimoH pura lu Lx^nlnsulu, 3 ptMMUw i> 7 peHetiiii fiü t'i^iitluKiH |iiir» riliiiiiiur.

Pngo lili la HusrriHuM. sili-tnitbido, No so ei<rvirá DiDgun |i( nao lu) 80 hagn nuoiiiiianinduln con rni iRijiurtu.

l'n:

1>"I<> li I

?fí^miiln il l(M naiinUin do la Diruccioii y !S«i>r

V |ii.ii.Virn'(>¡t, cniínuBuritoB, artículus, utc-., diri !■ I. i> i Alvure»; BecriíUriü de ií/ J^olJc-J¡

ADVERTENCIAS.

! ']lltl de DCIip» í

." dará k uuBOWr.i^a bu flucción n.-«jHn!t[rn, U Aeveivaaa dv mnWrín\fn, di'spubrluilauhw, í.iniiriii.f, «te-, rolalivú» 1)1 nbjoio y Hhob'J -ifi«dadc8 nnúlugna, qun ¡inr

■Itiindo ih' ■!.■ til

lo« HdHi.» 1 -u'-.-iiL - -■ ■.!

Uulii^iu {iiii'tUti Htl<|iiirli' ii'iii' M! vayan trnlnoilu im 1<>m mi

*.• rqtl tll.Jutu d>' h:

tninilcaciuii üdiiiíiuia, »v vuLíI^W. á lu C^rrru/Mínttemia, dimdoAi.-u: ■tup m non dlrJjHtt.

<£<i.<s<*<e^

P. PLANTIER

IIOMA

Elt«á?j\0 lüCSCfiKB

VU M Cano 907,

"^-^^ -^

^S»C/»iA^^^^Jí^^^^^^^^^^^^^*i^'Í0^'>^'¿m

^«^«^«^MN^k^MN^N«^^«^^^%^I^N^M^^«^«^«^

UN ADAGIO

El insigne maestro Fr. Luis de León, en el prólogo que escribió para que con él se publicasen los refranes que habia coleccionado y glosado su sabio preceptor el Comendador Her- nán Nuñez, catedrático de retórica y griego en la Univer- sidad de Salamanca, dice entre otras cosas lo siguiente:

«Y por eso decia Aristóteles que de los dichos de los sabios no se pide razón, porque ven las verdades claramente, y estos dichos llama Gnomiis, cuya parte es el refrán. De manera que el refrán, dicho de algún sabio, que tiene los ojos del conocimiento limpios y resplandecientes, se ha de tener como principio per se noto, según estos dos grandes autores. Ó será principio per se noto, que llaman, porque como dice Quintiliano, es refrán también aquello que todos dicen y á todos parece; y de esta manera, pues que es cosa averiguada entre sabios, quédelos principiosjper^eno^^no hay ciencia, sino cosa más excelente que ciencia, y de muy mayor sua- vidad y dulzura, que llaman los filósofos entendimiento y sabiduría. Esto pienso ser la causa, por do los sabios en su vejez tanto á los refranes se aficionan; porque cierto son más que ciencia, y pertenecen ya á la sabiduría y al enten- dimiento, que en aquella edad está tan resplandeciente. Ni

debe turbar A nadie que Quintiliauo y Tulio y otros autores Uamaii i los i-efraues dichos vulgares, no solamente porque se dicen en común, pero ánii porque muchos dellns son dichos de todo el vulgo, es su autor, los sabios y letrados, por que, dado que esto sea asi verdad, como lo es en muy muchos delios, eso es ser principio per se twlo, ser dichos notorios, y que todo el uiuudo conoce sn verilad y la dice y confiesa, y por eso es principio de ciencia, y más excelente que ciencia, y se llama sabiduría, como dije. Y también, alguno insiste en que al fin son dichos de pueblo y gente indocta, responde- rémosle lo que muchas veces dice Aristóteles en sus Poliiicae, y en el tercero principalmente, hablando en semejante caso, que asi como en la hacienda no hay uadíe tan rico, por mucho que tenga, que pueda gastar tanto como el pueblo todo junto, con poca cosa que cada uno contribuya, asieu el saber, nin- guno es tan sabio, que pueda acertar tanto como el pueblo, ayuntamiento de muchos, si no sou gente muy grosera, cuando confieren y ayuntan el saber, el uno con el otro, porque A todos una, dice Aristóteles, puso Dios luz en el enteudímíeuto con que cono:{can la verdad; de manera, que por cualquier luz que se miren los refranes, se deben de teuer en mucho y no se debe nadie espantar que loa sabios se hayan en tan grau manera á ellos aficionado.»

Toda esta recomendación fuó insuficiente para retraer al célebre Fr. Benito típrónirao Feijóo, el cual dedicó la primera lie las cartas contenidas en el lomo tercero de las ennlUas i demostrar la falibilidad de varios adagios, entre los que coloca éste, que ocupa lugar en la colección de! Comendador:

Abriles y Condes, ha más son traidores.

Y dice el sabio Benedictino: «¿Por qué más los condes que los duques, los marqueses, los simples caballeros &,^y jwr qué más los nobles que los que no lo son? Este adagio serte forjado por sujeto á quien nigun conde hizo alguna pesada burla.»

Tiigero me parece que anduvo en su critica el P. Maestro y es de creer que si hubiera dejado vacantes por algún tiem- po las Mmutrirnik Ti-iihoiir, e! -K^^xírAícw/o (/e laÑnluraleía y otros arsenales franceses, <le donde tantas armas tomó para deshacer vulgares preocupacioues, y hubiese dedicado ese tiempo & hojear la historia patria, sin duda se hubiera convencido de que el citado refrán nada tiene de falible.

El que se haya ^ado en los condes, y no en los mar-

3

qneses y duques, tiene por de pronto la explicación qne se deduce del siguiente cuento, que refiere el P. Isla:

«Fué cierto receptor á no qué pesquisa á Colmenar el Viejo, lugar de veinte vecinos: examinólos á todos, y es- petáronle una sarta de mentiras. Aturdido el receptor, dijo al alcalde, santiguándose: ¡Jesús! ¡Jesús! aquí se miente tanto como en Madrid, Replicóle el alcalde: Perdóneme su mercé, que aunque epi Colmenar se miente todo lo posible, pero en Madrid se miente mtwho más, poique hoy más que mientan.y^

En comparación del número de condes, ha sido siempre insignificante el de duques y marqueses, y aunque entre es- tos no faltaron traidores, no llegaron á la millonésima par- te de los condes que lo fueron.

Hay además otra razón y es la de que no sólo las traiciones de los condes fueron más que las de los duques, mar- queses y personas particulares, sino que algunas de ellas han debido imprimir en el pueblo español memoria tan in- deleble, que nada más natural que el que llegase á surgir la idea de traición, al sólo oirse el título de conde.

La gran desgracia de España, la inmensa calamidad que la agobió por espacio de ocho siglos, obra inicua fué de la traición de aquel maldecido conde don Julián, padre de la famosa Luscinda, cuya castidad pone Feijóo sobre la de la renombrada Lucrecia.

Cualquiera sabe, como no sea en la historia patria enteramente peregrino, que, á partir de aquellos desgracia- dos dias en que nuestra nación sucumbió á los duros golpes del alfanje sarraceno, tuvo el autor de la catástrofe tantos imitadores, que apenas se halla un reinado en que no se tro- piece con algún conde traidor, cuando no con muchos á la vez.

Mas, por cuanto sería tarea interminable el formar una estadística exacta de todos los condes traidores, que justi- fican superabundantemente la razón de haber subsistido el adagio que tan falible le pareció al P. Feijóo, me limitaré á la evocación de algunos recuerdos.

Para un rey que se distinguia con el dictado de Casto, la traición del Conde de Saldaña, padre del legendario Ber- nardo del Carpió, se halla bien recargada de circunstan» cias agravantes, atendida también la época en que se cometió; por más de que hoy, que tan indulgentes somos con las tra- vesuras del hijo de la Ciprina Diosa, no tendría el de Sal- daña el terrible castigo que tuvo, ni mucho menos.

La traición del conde de Galicia, D. Fruela, obligó á Don Alonso el Magno & retirarse á Vizcaya; y si bien no

filé de mucha «luraciou la retirada, poniiie pronto tuvo el traidor qnien lo iiuítase ile este mundo, no faltaron luego oti-os condes tan buenos como el difunto, los cuales de tal manera acosaron á aquel monarca, que se vio precisado, para gozar de algún sosiego en los Últimos aQos de su vida, & dejar el cetro y la corona.

Allá, en los primeros tiempos de la reconquista, se ha- bla de un conde D. Vela, que en Álava gobernaba, y de cuyos descendientes siílo hace mérito la historia para referir una ti-aicion. Véase cómo se explica el P. Maiiana, tratando del reinado de D. Sancho el Craso:

'Bn el mismo tiempo las armas de Castilla se alteraron con guerras domésticas. D. Vela, uno de los nietos y des- cendientes del otro Vela, que dijimos tuvo el seflorio de Álava, alUy en la parte comarcana de Castilla tenia grande jurisdicción. Este, feroz por la edad, y confiado por los pa- rientes, riquezas y aliados, que tenia muchos, tomó las armas contra el conde Fernán González. El conde, que no sufria ninguna demasía, acudió asimismo á las armas. Venció i Vela y & sus aliados y consortes y siguiólos por todas par- tes, sin dejallos i-eposar en ninguna, hasta tanto que los pusD en necesidad de hacer recurso á los moros, d^ada la patria, que fué ocasión de grandes movimientos y desgracias.»

El mismo historiador, escribiendo sobre el reinado de Don Alonso V, dice: «Los intentos y acometimientos de L). Vela contra los Condes de Castilla, de quien por parti- culares intei'eses y agravios se tenia por injuriado, cnán grandes hayan sido, arriba queda declarado. A tres hijos de«te caballero, es A saber; Rodrigo, Diego y Iñigo, el conde I). Sancho no sólo los perdonó, sino les volvió las honras y cjirgos de su padre; mas ellos, sin embargo desto, torna- ron en breve & sus nmtlas y á. lo acostumbrado. Y aún sobre los desórdenes pasados añadieron una nueva deslealtad, que dejado el conde D. Sancho, se pasaron il Don Alonso, rey de Iieonr de los moros poca ayuda podian esperar, por estar tan revueltas sus cosas, y por la mudanza de tantos prin- cipes como queda dicho. Recibiólos benignamente Don Alonso, dióles á la halda de las montanas estado no pequeño, con que se sustentasen como seflures: pareció por algún poco de tiempo estar sosegados, comoqüier que á la verdad esperaban ocasión de moslrar nueva deslealtad, según se entendió de la suerte que poco después se dirá. »

Continúa Mariana, pasando luego á hablar del reinado de Don Bermudo III, y refiriendo que al conde de Castilla

5

D. Sancho habia sucedido su hijo D. García, joven de gran- des esperanzas, dice que fué desposado con D.a Sancha, hermana de Don Bermudo, y para efectuar sus bodas habia ido á León con grande acompañamiento. «A los hijos de D. Vela, añade, por el mismo caso pareció aquella buena coyuntura para satisfacerse de los agravios que pretendían les hiciera el conde D. Sancho á sin razón. Eran hombres por larga experiencia de cosas arteros y sagaces: comuni- caron su intento con los que les parecieron más á propósito para ayudalles á ejecutar la traición, hombres homicianos de malas mañas. Las asechanzas que se paran en muestras de amistad, son más perjudiciales. Salieron á recebir entre los demás al príncipe, su señor, que venia bien descuidado. Puestos los hinojos en tierra, y pedida la mano, le hicieron la salva y reverencia entre los españoles acostumbrada. Juntamente con muestra de arrepentimiento le pidieron perdón. Otro tenian en su pecho desleal, como en breve lo mostraron. ¿Quién sospechara debajo de aquella representa- ción malicia y engaño? ¿Quién creyera que, alcanzado el per- don, no pretendieran recompensar las culpas pasadas con mayores servicios? No fué así, antes se apresuraron en eje- cutar la maldad y dar la muerte á aquel príncipe, por su edad de sencillo corazón, y que por todos respetos no se rescataba de nadie: el tiempo, las alegrías, el hospedaje, el acompañamiento, todo le aseguraba. »

«Salió á oir misa á la Iglesia de S. Salvador, cuando á la misma puerta de la Iglesia los traidores le sobresaltaron y aco- metieron con las espadas desnudas. Kodrigo, el mayor de los hermanos, sin embargo que le sacara de pila cuando le bauti- zaron, le dio la primera herida, como traidor y parricida malva- do. Los demás acudieron y segundaron con sus golpes hasta acabarle. Doña Sancha, antes viuda que casada, perdió el sen- tido y se desmayó con la nueva cruel de aquel caso. Luego que volvió en sí, acudió á aquel triste espectáculo, abrazóse con el muerto, henchía el cielo y la tierra de alaridos (como se deja entender), de sollozos y de lágrimas: miserable mudanza de las cosas, pues la mayor alegría se trocó repentinamente en gra- vísimo quebranto. Apenas la pudieron tener que no se hiciese enterrar juntamente con su esposo.»

Diré, para conclusión de esta iniquísima traición de los condes Vela, que, aun cuando los traidores huyeron y por de pronto evitaron el castigo de su horrendo crimen, cayeron por fin en poder del Rey de Navarra Don Sancho, que á su pre- sencia los hizo quemar vivos.

¿Y se creerá lo que sostuvo cierto acíiiléniico, esto es, q Jos condes Vela procedieron al afiesiiíatti del conde üarci Fer- nandez por instigación del mismo Iley Don Sancho de fíavarray Por decir que me parece que el tal acadtimico desatind admirablemente.

Por no dgar de la mano á los Vela, no han venido por ri- guroso orden cronológico las traiciones de otros condes, de que quiero hacer fatídica mención.

Hnbo en Galicia un conde Don Gonzalo, que, traidor, se 3'eveló contra su rey Don OrdoOo; éste, después de vencerle, le perdonó su felonía, A cuyos favores correspondió el tAl conde dando al Rey una manzana emponzoñada, que acabó con sn vida. En el reinado siguiente hubo también en Galicia nn coude D. Rodrigo, quealvtir que un hijo suyo habia sido depuesto del obispado de Conipostela por sns costumbres perversas, euarbuló la bandera de la rebelión y llamó en su ayuda á, los moros.

¿Cójno calificaremos aquel hecho horroroso del conde don Sancho de Castilla, que envenenó á su madre? Nn lo llamare- mos traición, sino que esperaremos áque haya una palabra en algún idioma del universo, que exprese la verdadera idea de aquel atroz parricidio.

El noble Cid Campeador casó & sus dos hijas D.» Elvira y D," Sol con los condes de Carrion, que otros diceu infantes, 15. Diego y D. Fernando; los cuales, en venganza de que en casa del ('id loa que notaron sn excesiva cobardía se habían burlado de ellos, hicieron la hombrada, al llevarse A su pueblo ó. sus desposadas, de entrarlas en iin bosque, amarrarlas á. unos árboles y dar á las infelices tantos y tan terribles azotes, que al fin allí las dejaron por muertns.

Desgiaciado t\ié .siempre con los condes Rodrigo Diaz de Vivar. El conde de Cabra, llamado D. García, no jtodia sufrir la gloria del Campeador, y comido de la envidia, al igual de los condes de Castilla, se avino con éstos en concertarse con los moros, á fin de matar al héroe qne tanta sombra les hacía. Ijos moros, dice Sandoval, fueron más leales y hombres de bien qne los condes cristianos. Pareciéndoles maldad muy grande, alisaron luego A Rodrigo Diaz.» Merced ¿este aviso, la traición fracasó por completo.

No tengo vagar bastante; que, & tenerlo, referiría aquí por menor todas aquellas alteraciones nacidas de los amorfos del conde D. Pedro de Lara con la reina Doila Urraca, seFlora, que, entre paréntesis, parece que era muy jiartidaria de los condes, si es verdad lo que se cuenta, que de otro conde, qne dicen de

J

7

Candespina, nos legó el ilustre apellido de los Hurtados. ¿Qué mayores traiciones qíie las de los hijos de ese mismo conde don Pedro de Lara, ni qué más trabajos pueden venir á un pueblo qae los que ellos hicieron sufrir al castellano con su codicia de mando y sus rivalidades con los Castros?

Para que por siempre quedase odiosa la memoria de los condes, bastaba el que hubiese uno como D. Ñuño Alvar, 6 D. Alvaro Nuñez, de quien, para muestra, sólo pondré aquí unas pocas palabras de Garibay. Volviendo ahora á lo poco que me resta decir del rey don Enrique, sucedieron á estas cosas muchas revueltas y odios, y entendiendo la reina doña Berenguela que el rey era mal guardado, envió á Ma- queda, donde el rey estaba, á saber de su estado. Lo cual, siendo sabido por el conde, hizo unas cartas con falsos sellos de la reina, fingiendo que ella escribía á algunos privados del rey, que con venenos matasen al rey, para con esto indig- nar al rey don Enrique contra la inocente reina, su herma- na. Para mayor color de la maldad, ahorcaron al hombre, pero con todo esto, no fué creido el conde don Ñuño.» El que fué capaz de semejante infamia, no hay para qué decir que tal hombre sería. No callaré que al fin de sus dias dio muestras de arrepentimiento, entrando en la Orden de ca- ballería de Santiago. Con su muerte y la de su hermano don Fernando tuvo Castilla algún descanso y sosiego; pues aun cuando el conde don Gonzalo Nuñez de Lara, fiel á las tradiciones de familia, quiso armar y armó ruidos, no fueron de gran importancia, á Dios gracias.

Pero en el reinado del rey sabio fueron tan revoltosos y tan traidores, como en otros reinados lo hablan sido sus antepasados, y pusieron en tremenda tribulación al buen don Alfonso, cual se colige de aquellos versos que escribió, en los que, después de lamentarse del abandono en que se veia, concluye diciendo:

Ya yo otras veces de otro rey asi contar, que con desamparo que huvo, se metió en alta mar, á se morir en las ondas, ó las venturas buscar. Apolonio fué aqueste, y yo haré otro que tal.

¿Se podrá hallar un hombre más traidor que el conde

8

de Trastamara, don Enrique el Bastardo, fratricida del gran rey don Pedro?

Y ya al llegar á este punto, paréceme que hasta mi pluma se avergüenza, más que se avergonzaba la del aca- démico que antes nombré, de continuar refiriendo tantas traiciones y tantas miserias de condes, y como que me dan impulsos de suspender por hoy estos recuerdos, con lasiguiente exclamación:

No soy de tu parecer, ¡oh por siempre celebrado

Trovadorl Porque, según mi creer, cualquiera tiempo pasado fué peor.

Sin embargo, cúmpleme manifestar que á ningún conde me hizo la pesada burla que Feijóo suponía respecto al autor del adagio; que ninguna animadversión profeso á esos títulos del reino; y que en contraposición de tantos condes traidores como la historia relata, hubo muchos que fueron muy leales y muy buenos servidores del Estado; bastando, para que ellos se sientan con derecho á estar orgullosos, la consideración de que pertenecen á la clase de aquella nobi- lísima prosapia de los inmaculados condes de Niebla, que jamás desdyeron de su eternamente ilustre predecesor, don Alonso Pérez de Guzman el Bueno.

MosEN Oja Timorato.

9

MAPA TOPOGRAFICO-TRADICIONAL

Sicut domus homo.

* *

Se un giorno qualche siciliano amante de nostri studi vorrá dedicarsi a raccogliere dalla viva voce del volgo le storielle de' roonti, fiumi, laghi, pozzi, grotte, castelli, torri, luoghi an- ticni d dgni sorta, fará opera^ a creder mió, dcgna di plauso;....

GlCSBPPB PlTlJt.

En cualquier país que no fuera España^ la sola enunciación del pensamiento que encabeza estas lí- neas, tendría la energía y ehcacia suficientes para agrupar á los hombres más sabios, á los corazones más generosos y á los más ricos capitalistas: que mucho capital, gran inteligencia, \astos conocimien- tos y ferviente amor á la patria se necesitan para llevar á cabo una obra sólo realizable con el con- curso de muchos y, no hay que disimularlo, en un largo periodo de tiempo. La trascendencia de le- vantar un mapa topográfico-tradicional de la Penín- sula, sería tanta, que bastaria para colocar á Portugal y España al nivel de las más grandes naciones: esta empresa sería, respecto á nosotros, uno de los pri- meros pasos de nuestra regeneración moral y polí- tica. La construcción de un mapa en que, no ya cada monte, sino cada piedra, fuera una animada página de nuestra historia y cada producto natural, un dato elocuente de nuestra riqueza, hoy, merced ú nuestra ignorancia, por extranjeras manos explotada, eleva- rían á nuestro pueblo, poniéndolo en amorosa inti- midad con el suelo que pisa, á la categoría de verda- dero propietario y, como tal, conocedor de su pasado.

sereno juez de su presente y árbiiro de sus deslio^ para lo porvenir. Los pueblos que no conocen i territorio palmo á palmo, como los individuos quí desconocen su propia casa, son pueblos c individua decadentes; esclavos de sus tiranos, los unos; de su pasiones, los otros.

El temor de ofender los sentimientos de una r cion amiga nos impide robustecer nuestra opinión con recientes ejemplos: la Historia consigna en sus

E aginas que no son siempre las naciones más ricas y is que gozan de una vida más regalada, sino las que tienen mejor conocimiento del terreno en que comba- ten, las que vencen en los amargos y dolorosos días de una invasión. Como el buen padre de familia los rincones de su casa, así deben conocer los buenos ciu- dadanos el suelo de la patria: campos incultos, terre- nos baldíos, minas ignoradas, productos naturales desatendidos y monumentos artísticos en ruina, de- latan á un pueblo en decadencia; con sólo hierro y carbón mil veces se ha repetido Inglaterra es pode- rosa; con todos los metales preciosos en las entrañas de su suelo. España es pobre. La primera ba.se, el primer estímulo para explotar estas riquezas, es cono- cerlas y apreciarlas y ponernos con ellas en verda- dera relación de propiedad: la formación de un mapa topográftco-tradicional no basta por si sola para con- seguir este resultado; pero podria contribuir podero- samente ó él. (Querrán los cientíticos españoles robus- tecer con su autoridad esta humilde opinión nuestra? ¿Querrán los jefes de nuestros partidos políúcos, des- de aquellos, para nosotros los más queridos, que lamentan en extraño suelo las desventuras de la Pa- tria, hasta los que, por disfrutar hoy del poder, podrían auxiliar más eficazmente nuestra empresa, hacer saber al país la opinión que ésta les merece? .

No es tal, sin embargo, la tarea que, en nuestro sentir, puede emprender la Sociedad Folk-Lobe; An- DAM'z; nuestro proposito, al menos, es más humilde y se limita 6. dar comienzo á la recolección de mate-

J

11

ríales para el mapa topográfico-tr adiciona I de la pro- vincia de Sevilla; á comprobar sobre el terreno la fidelidad de los datos recogidos y á levantar, bajo la dirección de las respectivas secciones que para el objeto han de crearse, el mapa de algunas, de una siquiera, de sus más importantes localidades.

Para ello, esta Sociedad puede auxiliarnos con valiosos elementos: á más de los señores Sales y Ferré y García del Mazo, distinguido profesor de geografía el uno, é ilustrado jefe de trabajos estadísticos el otro, los cuales se brindaron desde el primer momento á cooperar á la realización de esta idea, el Folk-Lore Andaluz tiene en su seno individuos competentísimos y caracterizados, á cjuienes desde luego nos atrevemos á invitar aquí públicamente, incluyéndoles en la sec- ción de que, á nuestro juicio, deben formar parte, en la confianza de que no habrán de desairar nuestra súplica.

SECCIÓN DE LENGUAS

Sr. D. Antonio M. García Blanco, Catedrático de Hebreo, » Daniel R. Arrese y Duque, Catedrático de Árabe. » Cristóbal Vidal, Catedrático de Griego. » José Vázquez Ruiz, Profesor de Latin.

SECCIÓN DE geografía É HISTORIA

Sr. D. Manuel Sales y Ferré, Catedrático de Historia y Geo^

grafía. 9 Siró García del Mazo, Jefe de trabajos estadísticos de

esta provincia. » Joaquín Guichot y Parodi, Cronista de Sevilla y su

provincia.

SECCIÓN DE CIENCIAS NA TURALES

Sr. D. Antonio Machado y Nuñez, Catedrático de Historia Natural. » Emilio Márquez y VilJaroel, Catedrático de CosmO'^ grafía.

12

Sn D. Romualdo González Fragoso, Naturalista.

» Francisco S. de Cáceres, Licenciado en Ciencias iVa-

turales. » Fernando Sierra y Zafra, Licenciado en Ciencias Físico*

Químicas.

SECCIÓN DE arqueología Y PALEOGRAFÍA

Sr. D. Fernando Belmente y Clemente, Archivero-^Bíbliote^

cario y Arqueólogo, » Luis Escudero y Perosso, Jefe del Archivo Municipal. > Carlos Jiménez Placer, Jefe del Archivo de Indias. » Francisco Mateos Gago, Arqueólogo y Catedrático de

Hebreo. » Narciso Sentenach, Arqueólogo y Pintor. » José Gesioso y Pérez, Oficial del Archivo Municipal y

Arqueólogo.

SECCIÓN DE PALEONTOLOGÍA Y PREHISTORIA

Sr. D. Antonio Machado y Nuñez. » Manuel Sales y Ferré. » Romualdo González Fragoso.

SECCIÓN DE MITOGRAFIA

Sr. D. Francisco Rodríguez Marin (Cantares y cuentos popu--

lares). » Juan A. Torre y Salvador (Cuentosy refranes). Manuel Jiménez Hurtado (Leyendas y tradiciones

sevillanas). » Luis Montoto (Fiestas y costumbres populares), » Felipe Pérez y González (Sátira popular). » Alejandro Guichot y Sierra (Supersticiones populares).

SECCIÓN DE DIBUJO

Sr. D. Joaquin Guichot, Catedrático de Dibujo Lineal y To- pográfico.

13

Sr. D. Gumersindo Díaz, Pintory Profesor de Dibujo.

» Guillermo Zafra, Especialista en Dibujo Topográfico. » Alejandro Guichot y Sierra, Profesor de Dibujo. » José Joaquin Gómez y Ramírez, Taquígrafo. » Francisco Almela y Vinet, Fotógrafo.

SECCIÓN DE LITERA TURA

Sr. D. José M.* de Asensio y Toledo. » Gonzalo Segovia y Ardizone. » Manuel Gómez Imas. » José Lamarque de Novoa. » Manuel Cano y Cueto. » Eloy García Valero.

SECCIÓN DE PROPAGANDA

Sr. D. Rafael Laffite y Castro.

» Federico Piñal y Alba.

» Francisco Alvarez A randa.

j> Pedro Rodríguez de la Borbolla.

» Manuel Sierra y Duran.

» Pedro Paul y Arozarena.

» Roberto González Nandin. (i)

Á más de estos y otros recursos de la Sociedad, cuya enumeración seria prolija, abrigamos la espe- ranza de que los ilustrados labradores sevillanos han de prestarnos también su generoso auxilio; para ello nos atrevemos á rogarles encarecidamente que se sir- van contestar al interrogatorio que hallarán en la cuarta plana de la cubierta de este número, interroga- torio que adicionaremos y modificaremos con sumo gusto, atendiendo á las indicaciones y consejos razo- nables que se nos dirijan.

Antonio Machado y Alvarez.

(1) a otros socios no menos competentes podríamos invitar, si no nos detuviera el temor de distraerles de las machías y graves ocupacio- nes que sobre ellos pesan.

filología vulgar

Antes de entrar ti tratar del saber vulgar, ó sea del Literatura española popiilar, convendrá investigar lo que es vulgo, y analizar esta palabra, para que no nos suceda que tomemos por vulgar lo que es meramente científico 6 artís- tico, mal aprendido 6 comprendido por el vulgo y vicios*- mente propagado.

Vulgo es palabra hebrea, compuesta de dos: ^ij=(/oi= gente y yi3=iv»í ó viil^^volver^revfAcer, inior á rasira; de suerte que wlgo es como decir genie ri!i'iie!ín¡ iJeseompuesta, inculia, Íncola, díceu los diccionarios, habitante del canijio, gente inculta, remllom, voluble (hól, iml, hdal), que no ka recibido educación ni instrucción alguna, que con facilidad se íi/eíre y renielre, y es traída como 6. rastra por los qne son más astutos ó menos incultos. Este es el vulgo; y claro está que en este vulgo hay, como en todas las clases sociales, más y menos en numero, en calidad y capacidad. Hay míZt/o ttilf/ar, perdóneseme el pleonasmo, y vulgo científico; vulgo eclesiástico, vulgo religioso y vulgo político; vulgo temeroso 6 temerario y vulgo atrevido; vulgo que no piensa. ^Tilgo sin sentido; insensatez esto, lo otro idiotismo; artístico el uno, el otro sin njício ni hmeficio; explicaremos estas palabras.

Llamóle yo vulgo migar al que lia aprendido, ni quiere, ni pudo aprender; y científico al que quiso aprender apa- rentó querer y no aprendió.

Vnlgo religioso es el que treo & puño cifratlo todo lo tiue le dicen, ya sea revelado por Dios y propuesto por la Iglesia, ya no; que cree que el ser religioso consiste en oir íw^h entera todos los ilomingos yjiístus de guardar.

Vulgo eciesiáslico llamaremos al que no aprende más que el LáiTaga ó su Tedogin pura, sin porqufr'ias de Lengua», Historia, Geografía ni Oi'onologfa, Matemáticas ó t'iencías exactas y natui'alea, ni Derecho público ecle.siástico ni civil. Patrología, Liturgia, ni Elocuencia, Canio Uregoriano, y demás que constituyen un Eclesiástico instruido.

Vulgo político es el qne, aunque ignoranle de todas las ciencias políticas y sociales, es osado pretendiente; acapa- rador de empleos; patriota de café; infanzón altanero; (icí '

1

15

de pueblo; el muñidor de elecciones; el concejal de oficio; el militar cobarde y poco instruido; el noble innoble; y el que no tiene oficio, ni cultiva arte ni ciencia alguna.

Vulgo temeroso puede decírsele al que el yulgo eclesiás- tico llama temeroso de Dios, sin reverenciarle; al medroso por preocupaciones ó fanatismo; al que sólo teme por su nombre ó por su peculio; al ladrón, al incestuoso, al embustero; al que no teme á Dios y teme endriagos, revelaciones ó cuentos.

Vulgo temerario llamo yo al que ni teme ni debe; al precipitado; al insolente; al impío; al ateo; al confiado en sus propias fuerzas; al maléfico; y al que ni daña ni sirve, que es lo que significa el no tetier oficio ni beneficio, nec officií yiec he- nefacit; que es como el guilleuserven, que ni hace mal ni hace ken, ó como agua de cerrajas ó caldo de verdolagas (1).

Éstas son las diversas clases de vulgo que admite la palabra; mas nosotros vamos sólo á explotar el recto y na- tural saber de los que, sin haber estudiado nada, sin saber acaso leer ni escribir, hablan, cantan, piensan, sienten y quie- ren del modo más racional, más moral, más justo y equitativo, más social, más religioso y humano.

Prosigamos nuestro estudio del lenguaje vulgar, que ciertamente es un arsenal inmenso, en donde se encuentra todo género de conocimientos; unas veces favoreciendo y al calor de la ciencia, y de los hombres científicos, otras corri- giéndole á éstos y á aquella lo que injusta é indebidamente dejaron ó perdieron por las vicisitudes de los tiempos y las alternativas filológicas. Prosigamos en el orden alfabético que nos propusimos.

(1) Llama el vulgo andaluz hombre «n oficio ni beneficio al pa- seante que, sin hacer daño á nadie, no toma oficio, ni estudia, ni se ocupa de nada que pueda proporcionarle una decente subsistencia. A este hombre le correspondía mejor el epíteto de vago; pero nuestro vulgo parece que ha rehuido de esta calificación, poco honrosa, y le dice hombre sin oficio ni beneficio, dando á entender con esto que ni tiene renta propia de que mantenerse, ni gana salario, jornal, obvención, honorario, ú otra cualquiera asignación, para sufragar el porte, manejo y género de vida que se le observa. Dícese, pues: este hombre ni daña ni sirve; nec officit, se diria en latin, nec benefacit; y como de estos dos verbos salen los nombres officium y benefi^cium, se los aplica en caste- llano diciendo ni tiene oficio ni beneficio^ ni hace mal, ni hace bien; es como el Guillen Serven.

Este es otro adagio ó dicho vulgar, cuya exactitud conviene desen- trañar. Ks en Farmacia el Guillen Serven un emplasto tónico ó esti- mulante, compuesto de resinas acres, astringentes, confeccionadas como el láudano, con azafrán y otras materias tónicas, que se aplica por modo de bizma á la cintura ú otras partes relajadas, para res-

16

ANTIPATÍA DEL YDLfiO A CIERTAS LETRAS LATINAS

Lo que más generalrneute advertimos en el habla vulgar andaluza es la supresión ó mal sonancia de la ^ y la abso- luta aversión á la / y rf de los latinos.

La s en fin de sílaba, ó se pierde enteramente, ó se convierte en 7*.' en principio de sílaba se hace c 6 se pronuncia indistin- tamente como s gorda ó como c perfecta.

La / latina la convirtieron los cultos en d; pero el vulgo andfiluz, por lo común, hace desaparecer la d y la ¿, ó las con- vierte en e.

Las terminaciones are, ere, iré de los verbos latinos, que los cultos españoles convirtieron en ar, er, ir, el vulgo las deja reducidas á á, c, í y aun las terminaciones oryur las reduce á ó y ú, como arníi en vez Aeamar jamare; lee en vez de leer y legere; nw¡, en vez de medir y mefiri; doló en vez de dolor español y dolor latino; nlbtc en vez de albiir.

La c antes de otra c ó letra consonante no se pronuncia por el vulgo, como ación por acción, lecion por lección, dicion por dicción, cocion por cocción, sucesimí por mccesion, ni la con- sonante que le antecede, principalmente siendo p, como canee- cion por concepción, esecion por escepcion.

tituirles BU natural y necesaria rigidez. No es, por consiguiente, esa sustancia inofensiva que supone el vulgo, á que puede compararse la persona que ni hace mal ni Jiace bien. ¿Seria tomado el símil de la infidelidad de algunos farmacéuticos (los más) que usan drogas malas é ineficaces para los medicamentos, ateniéndose al sonsonete solamente de que ni hace mal ni hace bien?

El agua de cerrajas no yo por qué la pone el vulgo como em- blema de lo que se desvanece fácilmente; pues, según un instruidí- simo botánico, químico y naturalista, amigo mió, á quien be con- sultado en este punto y el anterior, y según la descripción que da el diccionario de la voz cerraja, como planta, es hierba medicinal amarga, como la achicoria, que se cria en las huertas; y de consiguiente, no se alcanza, por qué el vulgo la tiene como cosa que fácilmente se desvanece: es vulgaridad que convendría profundizar.

No digo lo mismo del caldo de verdolaga^ que se toma comun- mente por insubstancial, y alimento ligerísimo: del vulgo y de esta idea que se tiene de tal caldo, es de donde se toma la locución: instibs- tancial como caldo de verdolaga.

17

Las partículas latinas di, dis, de, des, de que se compu- sieron tantos verbos, como dividgare, discrepare, designare^ deshonorare, etc., sufrieron la misma suerte que preposi- ción de, en odio á los latinos ó romanos y á sus romanlas y latinadas ó ladineinas. Nuestro vulgo, por más que oyó á los cultos decir: divulgar, discrepar, designar, deshonorar y des- hotirar, etc., no hubo forma, ni la hay, de decir más que ivul gar, iscrepar, esinar, eshonrar y cshonorar: váyasele al vulgo andaluz con vulgaridades, con divulgaciones, discrepancias, de- signaciones, ni deshonestidades ó dcsluynras; nuestro pueblo no entiende más que e ivulgá lo que sea e menesté, iscrepá en too e loh cultoh petidanteh, esiná ó señala al que lo haya e representa 6 defendc; en fin, un andaluz no entiende ni atiende, ni quiere que lejhablen rnali que e Dioh y e suh ei-eclioh endiviualeh, que no iscrepen mucho ni náa e lo que suh parelí (apaeh le eíidil- garon. Este es el lenguaje de nuestro vulgo andaluz.

Seguiremos por orden alfabético las palabras y locu- ciones vulgares que podamos, asignando á cada cual el orígen que nos parezca más verosímil, para que resalte más claro el saber y los conocimientos científicos, artísticos, naturales, físicos y morales 6 políticos, que el pueblo español alcanzó en tiempos remotos y que quiere conservar enmedio de su rudeza é ignorancia.

El vulgo andaluz parece que le tiene antipatía á la letra d: en principio de palabra cuando es originaiía del e, ex, ó de latinos, casi siempre la suprime. ¿Sería en odio á la na- ción romana que sojuzgó á España y le arrebató sus derechos, su libertad é independencia? Así lo creemos, cuando le oimos á nuestro vulgo decir efeto por defecto; escubrí por descuh'ir; espresiá por despreciar, etc. Pero ya introducida en el vulgo esta aféresis (corte de cabeza) parece que se le comunica al otro de que hay en castellano, preposición de genitivo; v. g.: 7/- hro e dar grasias; el presio e la fruta; hijo e mi pare; y á toda otra cualquiera d, como sucede en pare, mare, aentro. Olores, ureza en lugar de dureza, Dolores, adoitro, padre, madre, libro de dar gracias, precio de la fruta, hijo de mi padre.

Mas clara se ve aún esta antipatía vulgar en todas las palabras acabadas en ado, edo, ido, odo, ttdo, como enterao, humeo, pueo, oio, loo, too,peluo, etc., en vez de enterado, húmedo, puedo, oido, lodo, todo y x)eludo. En las más de aquellas palabras se conoce la aversión del vulgo español á todo lo que era latino ó romano: pues que todas ellas, ó eran participios pa- sivos en tus, ta, tum, ó palabras acabadas en tus, ó tum, como totus, lutum, hirsutus, etc.: lo más que consiguieron los roma-

18

* nos con los españoles más cultos, fué coiiTerlir 6 hacer que " conviitieran la / en d; mas el vulgo dijo: ¡ni / ni <l; aféresis com- pleta.'=¡s¡n cabeza.', ¡cabeza abajo.'; {palabras niievasi

Pero, al decapitar la palabra, dejaron la e en las origi- narias del fl, ex 6 de latinos; porque al haberla quitado tam- bién, habría desaparecido la relación que las preposiciones la- tinas consignaban: babrlase perdido el rumbo del de oriundo del hebreo ó caldeo y del de oriental (*i =di), originario J de n^l dayah=sfr suficiente, bastante ó relaliro.

E y O.

La vocal i latina es muy poco vulgar, 6 del agrado de( vulgo español. V. g.: de iste, este; de iikm, mesnio; de cent, lineN de a»Mi('i, OHit-jde anuwisli, amaste; de tihi, te, de robis, ros:insibt se; (le ilU, le; de Hi^lis, Sevilla; de Hisi¡a>iui, España; de p/cft^ pl^.

La í latina se convierte en e por el vulgo y por los cnltoj en los verbos promUln. K/diini/ln, etc, asi decimos jiromelí jtroítietes, promcA; ]troiiiií''iiii>s. primiiMs, pronifiett; en vez (' promUto, pmmittia, proinUtií. imimiUitmtn, promiltilis, prmmtlun^ soniflii, soiiieltss, somete, somefeniDH, mnieteis, someten; en vez d siihiHiOo, siibmilti^, siihniitíit, siibiiiimimi^, suhwUlíiis, submUfuni y en este verbo se ve además la conversión de la ti latina en « en mtiniítto ^someto, y suhmifiimus=smneíeMos.

La terminación nios. de la persona nosotros de los v«_ bos, originaria de la mus latina, justifícala espresion rnlgai MUS amamos, mas quentrnos, fnmsalimos, elc, y parece QUen huye del latín nos, á que siguieron los cultos diciendo n inas el vulgo mnsolrns.

La u latina y la tan comunes en verbos y nombres, h convierte el espaílol en o, principalmente el vulgo, v. g.; at^ire= oir; (iití/iVíw =fii(/íj; aiafustHs=agois/o: aHTa=()gre; aHnru&c^ oreja: aiisridiare^escucluir; aurum-^oro: aui=o; taurus-^ ntnwii.'f—iiioro; paucus })oco; rauciis —ronco; randua= piili-iin^lioao: fimdiis=/otulit; 3>ertiis=pec¡u>; luefus^^ auxpitium =kospicio; aulumfíus=-=ot(ifio; ]>aíij)eF=]iol/re; at» mun— amamos; posttuinwi^=¿HHÍemos y}H)enios, etc.

19

VESTIMOS BEL HABLA VDLfiAR EN EL LEKfiDAJE CULTO.

La d latina, perdida casi siempre en el habla vulgar, aparece también perdida en la locución culta, v. g.:

Caer y asirse, originarios de cadere y assidere.

Freír y reír, defrigere y ridere.

Prever yproveher, áeprcevidere y providere.

Poseer y sobreseer, de posidere y supersedere.

Peer y pesar, áe pederé y ponderare.

Raer y roer, de radere y rodere.

Traer y traidor, de tradere y traditar,

Oir, ver y creer, de audire, videre y credere.

Poder c\xlto,=posse latino, =2^er vulgar, originarios de poiens esse, yo pueo, tu pues, aquel puee, nosotros poenws, vosotros poeis, aquellos pueen, que los cultos reducen á puedo, puedes, puede, podetnos, podéis, pueden, ¿De dónde tomaron los cultos esa d? ¿De la s latina posum ó possumus y de la / poks ópotest? Por eso con razón nuestro vulgo la hizo desaparecer, diciendo: pueo ypoemosypoeis, en vez áe podemos y potestis.

jGin, asina, originarios del latino sic, hebreo ] 3 j^ ===^achen

-=profecti y sicut ó sicuti, tienen una explicación fácil muy oriental, para quien sepa lo que era la letra | =n en las len- guas del Oriente. Llamábase nun, y esta palabra era como decir aumento; y la usaban los hebreos, caldeos, asirlos, árabes y babilonios, al fin de palabra, para expresar todo aumento ideológico, así de substancias, como de accidentes, de relación como de acciones, de materia como de formas; siempre que nece- sitaban esforzar una idea, un concepto, una expresión. aquí el origen de nuestro vulgar asin 6 asina, para esforzar más la idea ó relación de semejanza, apartándose de la c, / y latinas; por eso no dice nuestro vulgo, ni aun los cultos, sic, ni sicut, ni mucho menos sicuH, sino si, así, y esforzando la semejanza asin, asina, asina me lo paguen á peso de oro: asin pudiera yo desiyo, etc.

Y ya que tocamos en la n aumentativa de nuestro vulgo, bueno es que se sepa que esta letra, sobre la cual pasaron como empíricamente los latinos, diciendo sólo de amat, amant, ó de amatur, amantur; de homo, homunculus, de leyere, legens, de

20

docerc, thcem, docmlos, etc. esta », decimos, empírica en todaí las lenguas y áim usada también empíricamente por el vulgo castellano, tiene nna razo» de ser flloliigica, ideológica y sim- bi'ilica que no podrá desconocer quieu la trate orientalmente. Li-lra de uHuu'-ntoA». l&im iiun fué signo aumentativo en nom- bres hebreos, en verbos, en partículas; y así lo reconoce nuestro vulgo, formando ton ella aumentatirm en nombres, en vei'bos y en partículas, que no admiten los cultos; v. g.: ihcen en vez de diz, pnrtinn en vez de parliilor, campar de snixi, de ynchas, ijachou, de ladrar, lailron, de empuje, empujón, de catna, cituiastron, de puerta, pnrltm y después porUmazo. de ¡iol¡/ar, hnlffazfm, de cIkuto, eharran, de muclu), mancho, de }mic¡io paridu), de nina, niño, de >■«/«. rujian, de mlm; fálientc y calentar, lifirñr, fermento y fermentar, de pulir. pitUmenio y pitlwim- lar, de querer, vohintá; de scrcre, latiu, semen y seinettlera, (te en- cina, encinon, de clmparro, fhnparrotí, de madera, maeramen, de ííe/, íí(/«T>o y todos los nombres patronímicos acubados en am, ftltmentativos il toda luz; y los acabados en nns latino, como de pntiT, ¡Milirniis, frnternui^, paieitio, /ralertw; interno, cjiemo, cierno, y otros inminierables, unos pasados por la lengua la- tina y otros nti, como cprítííMP», botiímm, ej-áme», orinen, etc. Todos nos han conservado la cualidad aumentativa de la n hebrea ti oriental; todas las lenguas llamadas cultas y aun nuestros cultos siguen en esto A nuestro vulgo. ¿Cómo pnes despreciar sus vulgaridades? ¿Cómo no estudiar ese rulgo, esa í/eute tan Iraitla y llcrnda, ese pueblo siempre arrastrado por la ignorancia y los ignorantes, por la malicia y los ma- lignos, por la preocupación y los que viven de ella? ¿No había de llegar un día en que se hiciera justicia á la verdad, á la sincei'idnd. á la naturalidad y á la naturaleza? Prosigamos, prosigamos nuestro estudio; nuestro empeño; ÍnvestÍ*iieraos nuestros orígenes; respetémoslos, que por ellos y por los ves- tigios de las pasadas civilizaciones es por donde hemos de llegar á conocer nuestra historia, nuestra dignidad y nuestro valer.

AmoMo M. GarcIa BLAsct

21

SUPERSTICIONES POPULARES ANDALUZAS

I.

Entre todas las manifestaciones del saber popular, que pudiéramos estudiar para llegar al conocimiento de lo que piensa y cree el pueblo sobre hechos conci*etos de la vida y del concepto que se ha formado sobre la existencia de mitos, representaciones ideológicas y cuanto pueda influir en el co- nocimiento la oriental fantasía de los andaluces, aparece como una dcf las más importantes y provechosas, para el estudio completo y razonado del carácter y condición peculiar de la raza, la que se realiza en boca del pueblo mismo, objeto hoy de una atención general, referente á la manera de juzgar los hechos, comparativamente unas veces y sin experiencia las más, con arreglo alas, extrañas explicaciones ó tradición no interrumpida, con que se da cuenta de aquéllas. Esto consti- tuye de antemano en el proceso intelectual una base inque- brantable á la ignorancia, un estrecho círculo de hierro que aprisiona cerebros vírgenes, fenómeno muy común aun en las clases ilustradas, y que pone fuertes barreras al desenvolvi- miento natural de las ideas y á la constante evolución del pensamiento, con una serie de prejuicios, ó si se quiere, de relaciones impuestas, que engendran falsos conocimientos, en forma de creencias absurdas en unos, preocupaciones en otros, creaciones, fantásticas en éstos y supersticiones en aquéllos; efectos producidos por lasóla causa de una enfermedad inte- lectual, que aniquila y destruye lo más noble que tiene el hombre, si no llega á tiempo la medicina salvadora: el pre- dominio de la razón.

La superstición, debido en parte á su carácter popular y sus condiciones de predominio y autoridad sobre el pueblo que la conserva, la cree ó la refiere, pasto abundante para las inteligencias poco cultivadas, que se someten al yugo de lo maravilloso, lo fantástico y lo sobrenatural, conceptos que desechamos como verdaderamente reales y que, concretán- donos á este punto de vista, aceptamos en cuanto tienen su lugar y representación en las manifestaciones de los saberes

22 ~

populares; la superstición, repetimos, aparece, ora n ora relacionada, con todo el saber del pueblo y principalmei con el saber antiguo ó tradicional; es decir: allí donde 1 encuentre una manifestación natui-al y geniiina del puebiS expresada bajo cualquiera forma, sea en copla, refrán, cnei ' dicho, juego, tradición, costumbre, &.a, allí se abriga la supei. lición (1). Esta sola consideración, que, desarrollada y eat| diada por personas competentes, creemos serfa de un va] ~ iuestimable, basta para demostrai' la importancia del estudift*" razonado y científico de la& supersticiones populares, una de tantas ramas del Folk-Lore, cuya significación gramatical y concepto científico aiin son poco conocidos por el vulgo y por cierta clase de personas, que, sin verdadera actividad ni in- dependencia de pensamiento, continúan estacionadas en cl mismo grado de inteligencia que poseían cuando comenzaron á ejercer sus facultades libremente y con propia conciencia.

La superstición es común y general entre el pueblo: esta afirmación se comprueba fácilmente por todos los que ensayen una atenta observación, unida con cierta experienda, para oir, uno y otro dia, de labios del pueblo mismo, todo cnanto éste sabe y ba aprendido; advirtiendo que si la aten- ción es escasa, fácilmente se escaparáe datos preciosos para lo que anteriormente hemos dicho; y ocurrirá muya menudo l<lim no podremos descubrir inmediatamente la relación exU- Virate entre una copla, un refrán y un cuento, por ejemplo, donde haya un mismo fondo supersticioso y procedan de un mismo origen, porque en la evolución que ha \enido experi- Ftnentando y sufriendo por razas y civilizaciones, lasuperstí- fcion originaria ha modificado su estructura, de tal uianera. ftpie la forma que afecten aquéllos respectivamente aparece \ distinta de la primitiva y que cada expresión se nos presenta como producto de una superstición diferente, de fxp1ica4:¡(m y resultado distinto de los de las otras expresiones á que nos hemos referido. Al decir esto no pretendemos sentar la afir- nmcion de que las supersticiones todas han dado origen li otras manifestaciones del saber del pueblo, pues opinamos, aunque no sea más que por rigurosa lógica, que estas últimas, espe- cialmente tas que son parto de pura fantasía, también han sido el origen de otras supersticiones. Además, el pueblo so-

(1) Sobreeatn idee non hizo ñjar In atención mii.-stroi]nerido amigo el Sr. MNcliHitu y .ílvnreí, (|iie non prviicnlti, li la ven, ftlguncw (MirioM* RJempIfiB, nao tria «{laretriendo auceiiivnDien[« «a el trnscana de MW trnbiijo.

23

metido á sos snpersticiones, que vive con ellas, se educa con ellas y las trasmite de padres á hijos, no es la única clase social que las tiene; todas las clases las conservan, aunque de distinta manera. El hombre ignorante somete su inteli- gencia á la superstición en la mayor parte de los casos y su- cesos de la vida; el ilustrado, exento, por supuesto, de exclu- sivismos é intolerancias, de fanatismo é irreflexión, pues si tal no fuese habría de ser el supersticioso más temible, con- serva y reñere las mismas supersticiones que el primero; pero con la notable diferencia de que no somete su inteli- gencia á ellas, ó lo que es igual, expresado vulgarmente, no las cree, y, tan sólo una inveterada costumbre es la causa de que las repita, usándolas como lo haria con cualquiera otra imagen representativa que expresase su pensamiento.

La superstición aparece mezclada con lo sobrenatural y fantástico, de lo que podemos deducir el valor del dominio que tiene sobre el pueblo. Y así como el mito es producto de la imaginación relacionada con la ignorancia, como elegan- temente ha dicho el ilustre Gubernatis (1), también la su- perstición es producto de una crasa ignorancia y una ar- diente imaginación. ¿De dónde y cómo se forman los mitos? «¿De dónde? contesta nuestro querido maestro y amigo don Manuel Sales y Ferré (2). De la misma fuente de donde han salido la magia, la brujería, la adivinación, la interpreta- ción de los sueños, las superticiones, el espiritismo y esas mil aberraciones del espíritu humano de que nos habla la historía. De la fantasía extraviada por el sentimiento y no gobernada por la razón.» Un hecho puramente natural cu- ya causa es completamente desconocida, realizado ante la recogida contemplación de un hombre ignorante; un fenó- meno físico ó moral cualquiera, que observamos 6 experi- mentamos, cuya causa ignoremos, sin hallar medios para averiguarla, engendra un mito, una superstición referente siempre al agente oculto que lo produce. Y en verdad que no puede presentarse un comodín más fácil y sencillo á una in- teligencia poco cultivada ó enfermiza, como esa manera es- pecial de explicarse las cosaU: detrás de un hecho sin expli- cación satisfactoria debe haber una cosa rara que lo pro- duzca; esta idea, á todas luces absurda, origina el concepto

(1) Mithologie Zoologique.— París.— 1877.

(2) El Hombre primitivo y Uu Tradiciones orientales. La Ciencia y la Religión. Conferencias dadas en el Ateneo Hispalense. Adtninis- tración de la Biblioteca Científico-Literaria.— Sevilla.— 1881.

24

i lo sobrenatural, de lu maravilloso, de aquello que está ve- ido al conocimiento hiiniaiio; después se considera el becho li%omo una de las muchas mauifostaciones de aquel ser deseo- K'ido y poderoso, hasta donde desee su volunlad infinita, y se concluye por formar una grosera superstición, ó, lo que es igual, por negar las leyes que rigen el orden de la na- turaleza. Idea bastante aproximada de lo que pueda su- ceder en esto, creemos encoutrarla en la obserracioa atentA de lo que experimenta y ejecuta un nifio de corta edad, Bsas- t4Índole con el (Ij.

No pocas veces sucede que una supej-sticion cualquiera, pMpeeialmeute la que pueda referirse d hechos loniunes y gene- úfales que puedeu ser observados fácilmente por tudos, se presenta con tal imperio y predominio sobre el pueblo y tanto se repite por él, que llega a la categoi-la de creencia indu- dable, produciendo en el individuo supersticioso una preocu- pación ó monomanía constante acerca del objeto á que las supersticiones se refieren y obligándole á observar, cual otro ejcperímentalista, hasta convencerse de la mayor ó menor eficacia y verdad de las mismas.

Y no deberemos olvidar, según nuestro desauton'üado parecer, que la superstición existe por la i>ereza é indolencia del pueblo, que le da valor é importancia por aquello de que se dice y se cuenta como cierto de unos en nti-os, sin to- e el trabajo de criticar ni examinar el contenido de la 'Superstición, que admite la miís trivial aseveración al lado ' i\ más notable absurdo, y que disiiensa vaAs favorable Aco- ida y más elevada iuterpretaciou á la que recoge con mayor misterio y aparato más complicado. íío creemos, sin em- bargo, que las supersticiones se sucedan unas it otras síu in- terrupción y que constantemente se estén formando por el pueblo andaluz, cuya fantasía exhuberante y privil^iada imaginación son proverbiales; pues es, en su mayor parte, algo frivolo y jioco suiíersíicioso: y al mismo tiempo opiaa- raos que de cuantas supersticiones hemos podido recoger no hay ni una que deje de contar un largo é importante abolen- go, y no decimos también curiosísimo, aunque lo pi'esuniimos, porque supondría exacto conocimiento de él, que es precisa-

(1) NuLibre con que ne lieaigiiH en Amlalui'ia. un ser malo y ti»t- forme casi lieiupre, que ncechu cncundidü el momcnlo de Ileranw i loi DínoB, y con cayo nombro lao niudres y nodriíaa logran adormirlo» y nenltur hub llantoe; costumbre, tn verdud, nuda rHcionol b) cOy venicmU).

25

mente el gran paso que hay que dar y para el cual se nece- sitan muchos grados de ilustración y talento. Sí, ¡qué cu- rioso, repetimos, qué útilísimo sería el conocimiento completo de la historia de las supersticiones, sorprendiéndolas en el momento de su formación, estudiando cuantos elementos fue- ron precisos para originarlas, siguiéndolas en su camino y tramitaciones por razas, pueblos y países, observando las modificaciones y trasformaciones que hayan experimentado, verlas generalizadas entre el pueblo que las acoge y les presta en sus manifestaciones intelectuales y, sin abandonarlas aún, recogerlas y ordenarlas bajo un plan metódico y razo- nado, que sería el coronamiento de tan gran obra, debido pura y exclusivamente al desarrollo de la nueva ciencia lla- mada Fole-LoreI

Y este estudio lo consideramos importantísimo, volve- mos á repetir, aun á costa de hacer este asunto indigesto, pues abriría extensos horizontes á la ciencia y suministraría datos numerosos para formar, con ayuda de otros, una base firme al conocimiento histórico, al psicológico y quizás al antropológico de una raza ó de un pueblo. A mayor abunda- miento, el historiador, el naturalista, el científico, encontra- rían abundantes materiales para sus investigaciones, concre- tándose cada uno á la serie ó clase que de ellos le pertene- ciera. Esto nos sugiere una idea que estimamos oportuna para un método de clasificación accidental, que se organizase mientras se formaba otra verdaderamente científica. Aparte de otros métodos que se originasen por los distintos objetivos que pudieran encontrarse en las supersticiones, tal vez se po- drían clasificar agrupándolas separadamente, con arreglo á las distintas materias ó ramas científicas á que se refiriesen, al- gunos de cuyos grupos, por ejemplo, los formados con las relativas á la medicina y astronomía, pueden constituir desde luego, por solos, clases distintas y bien deslin- dadas de las demás, para su diferencia y su estudio particu- lar (1).

(1) Apuntamos con reserva este parecer, á falta de otro alguno, y advertimos á nuestros lectores, que no le damos más valor que el que pueda tener una simple tesis sobre un estudio que ahora comienza y sobre el cual nada han dicho todavía los hombres más eminentes en este género de trabajos, indicando con su silencio lo difícil del asunto y lo temerario que sería el tratarlo por quien careciese de extensos co- nocimientos.

u,

Al apuntar algunas oljMervaciones sobre la coleccío (le supersticiones populares andaluzas que nos proi)onetiiog í foiiimr, debeiuos dar principio declarando que la importante rolemon del Sr. Consiglieri Pedroso, cuyos vastos conocá- mieiitos y erudición en esta clase de estudios esUu suficiente- mente acreditados, nos ha servido de modelo, eu su forma y disposición, para hacer la presente.

La obra del ilustre profesor de Historia (1), subdíviiüda en cuadernos numerados, sujeta A un plan científico, en la (jne aparecen sucesivamente cuantos elementos contribuyen á U formación de la mitología, popular portuguesa, y obra que revela nu gi-an conocimiento en el estudio de la ciencia po- }«Iar, es una preciosa colección, un rico caudal de materiales, tn ti6\o para cada estudio particular, sino también para el wíDJBUto que se contiene en los estudios populares. Dada la Tarledad y riqueza de los elementos necesarios para la i-econs- meána de una mitología popular, variedad iKírfectamente fOntada en la manera misma de expresarse el pueblo, lógico ¡unce que sean varios los tratados, en los cuales se hayan de Mj Miir. que se ocupen de la recolección y anotación de ma- J0IIJ,- que tiendan al total conocimiento de aquélla. Así, jH- to cuadernos i\'. v y vm, se destinan por el autor para ^ifanMwr. en variado y rico conjunto, aunque ordenado jt ftirfl'"'" quinientas quince supersticiones populares por- ^i^^K. que hasta el dia ha dado A luz y cuyo utimero irií ^uiiitfr finc£s¡vaniente.

Btirt5i«ira parte, iremos publicando los materiales re- I i U sección une nos ocupa, A medida